La industria maquiladora de Tijuana atraviesa un momento de ajuste que refleja tensiones más amplias en el comercio norteamericano. Según datos de la Asociación de Recursos Humanos de la Industria en Tijuana (Arhitac), el cierre de 2026 se proyecta con una creación de entre 5 mil y 6 mil empleos menos que en 2025, cuando se alcanzaron cerca de 25 mil nuevas plazas. Esta moderación no implica recortes masivos, sino una desaceleración en la apertura de posiciones nuevas, mientras las empresas mantienen el personal existente mediante la rotación natural.
Orígenes y evolución de las maquiladoras tijuanenses
El programa de maquiladoras surgió en 1965 como respuesta a la cancelación del Programa Bracero. Desde entonces, Tijuana se consolidó como uno de los principales polos manufactureros de México gracias a su proximidad con California y a la disponibilidad de mano de obra joven. Durante las décadas de 1990 y 2000, la firma del TLCAN impulsó una expansión acelerada: empresas de electrónica, dispositivos médicos y autopartes establecieron operaciones que integraban cadenas de suministro transfronterizas. Esta integración generó empleos de forma sostenida, pero también ató el ritmo de contratación al comportamiento de la economía estadounidense y a la estabilidad de los marcos regulatorios.
En los últimos quince años, la región experimentó altibajos vinculados a crisis externas. La recesión de 2008-2009 provocó la pérdida temporal de decenas de miles de puestos; la renegociación del acuerdo comercial en 2018-2020 generó incertidumbre similar a la actual. Cada episodio demostró que las decisiones de inversión de las corporaciones estadounidenses y asiáticas responden con rapidez a señales de inestabilidad en aranceles, tipo de cambio y reglas de origen.

Causas estructurales de la desaceleración actual
El presidente de Arhitac, Fernando Becerra, señaló que las empresas mantienen una postura conservadora ante la indefinición de los tratados de libre comercio, la volatilidad cambiaria y posibles modificaciones arancelarias. Esta cautela se traduce en menor apertura de nuevas líneas de producción y en aplazamiento de expansiones planeadas. La proyección de 20 mil empleos para 2026, frente a los 25 mil del año anterior, surge directamente de esta lógica: las firmas prefieren esperar definiciones antes de comprometer capital en contrataciones adicionales.
El fenómeno no es aislado. La apreciación o depreciación del peso afecta directamente los costos laborales medidos en dólares, principal moneda de exportación. Cuando el tipo de cambio se vuelve impredecible, las matrices extranjeras retrasan decisiones de contratación para evitar riesgos de margen. Al mismo tiempo, la posible revisión de reglas de origen o de contenido regional eleva la incertidumbre sobre qué productos mantendrán acceso preferencial al mercado estadounidense.
Impacto en la economía local y cadenas de suministro
Una reducción de entre 5 mil y 6 mil empleos nuevos representa una menor inyección de ingresos salariales en la economía tijuanense. Cada puesto maquilador genera, en promedio, un efecto multiplicador estimado entre 1.8 y 2.2 empleos indirectos en sectores como transporte, alimentación, vivienda y servicios. La desaceleración actual podría traducirse, por tanto, en un freno moderado al consumo local y en menor dinamismo del mercado inmobiliario de renta para trabajadores.
En términos de cadenas de suministro, las empresas que ya operan en Tijuana continúan cubriendo vacantes por rotación, lo que mantiene estable la producción existente. Sin embargo, la ausencia de crecimiento limita la capacidad de absorber nuevos proveedores locales. Proveedores de empaques, logística y componentes que dependían de la expansión de las maquiladoras enfrentan ahora un mercado más estrecho, lo que puede acelerar procesos de consolidación entre ellos.
Transformación del perfil de demanda laboral
A pesar de la menor creación de puestos, la encuesta de Arhitac detectó alrededor de 350 vacantes indirectas en perfiles técnicos, de liderazgo y gerenciales. Esta tendencia confirma que la industria sigue requiriendo personal calificado para elevar productividad y automatizar procesos. La demanda persistente de técnicos en mantenimiento de maquinaria, ingenieros de calidad y supervisores de producción indica un desplazamiento hacia puestos de mayor valor agregado.
Este cambio tiene implicaciones de largo plazo. Las generaciones más jóvenes que ingresan al mercado laboral enfrentan mayores barreras de entrada si carecen de formación técnica. Al mismo tiempo, las empresas que logran contratar estos perfiles especializados pueden mejorar su competitividad y reducir dependencia de volumen de mano de obra no calificada. El resultado probable es una polarización gradual del empleo maquilador: menor cantidad de posiciones de ensamble básico y mayor proporción de roles técnicos.
Consecuencias regionales y sociales a mediano plazo
Históricamente, la industria maquiladora ha funcionado como imán de migración interna desde estados del sur de México. Una desaceleración sostenida podría moderar estos flujos, alterando la dinámica demográfica de colonias populares en Tijuana y reduciendo la presión sobre servicios públicos como educación y salud. Sin embargo, también podría aumentar la competencia por los puestos existentes, elevando los requisitos de contratación y dejando fuera a trabajadores con menor escolaridad.
En el plano social, la estabilidad de los empleos actuales mitiga el riesgo de desempleo abierto, pero la menor creación de nuevas plazas reduce las oportunidades de ascenso y de formalización para jóvenes que ingresan al mercado. Organizaciones comunitarias ya observan un incremento en solicitudes de capacitación técnica, lo que sugiere que la fuerza laboral está respondiendo activamente a las señales del mercado.
Perspectivas de adaptación y riesgos futuros
El sector maquilador de Tijuana ha demostrado capacidad de adaptación en ciclos anteriores. La actual contención en la generación de empleo puede interpretarse como una fase de consolidación previa a una eventual recuperación una vez que se aclaren las reglas comerciales. No obstante, si la incertidumbre se prolonga más allá de 2027, las empresas podrían acelerar inversiones en automatización para compensar la falta de expansión de planta, reduciendo aún más la necesidad de mano de obra no calificada.
La combinación de menor crecimiento de empleo y mayor demanda de perfiles especializados apunta hacia una industria más eficiente pero también más exigente. Las autoridades locales y las instituciones educativas enfrentan el reto de alinear programas de formación con estas nuevas necesidades para evitar un desajuste estructural entre oferta y demanda laboral en los próximos años.
