Incertidumbre del T-MEC frena el nearshoring

La revisión programada del T-MEC para 2026 ha generado un clima de espera que afecta directamente las decisiones de inversión en México. Sin definiciones claras sobre la continuidad del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, las empresas han optado por posponer proyectos de expansión en el país. Esta dinámica, señalada por el economista jefe de Citi para México Julio Ruiz, impide que el nearshoring se convierta en un motor inmediato de crecimiento y mantiene en suspenso el potencial de relocalización de cadenas productivas.

Orígenes del tratado y su cláusula de revisión

El T-MEC surgió en 2020 como sucesor del TLCAN, incorporando nuevas reglas sobre contenido regional, propiedad intelectual y trabajo. Su diseño incluyó una revisión obligatoria a los seis años, lo que coloca el proceso de negociación en el centro de la agenda económica mexicana para 2026. Desde su entrada en vigor, México incrementó su participación en las importaciones estadounidenses del 14.6 por ciento en 2024 al 15.3 por ciento a finales de 2025, mientras China y Canadá cedían terreno. Este avance se explica por el cumplimiento de las reglas de origen, que permiten que más del 85 por ciento de exportaciones mexicanas en sectores como computadoras y equipo de cómputo ingresen libres de aranceles al mercado estadounidense.

La estructura actual del tratado otorga a México un trato preferencial que muchas empresas han aprovechado para aumentar sus envíos. Sin embargo, la proximidad de la revisión introduce variables que alteran los cálculos de riesgo de las corporaciones globales.

La pausa en las decisiones de relocalización

Empresas que evaluaban trasladar líneas de producción desde Asia hacia México han detenido esos procesos ante la falta de certidumbre sobre la duración y las condiciones del T-MEC. El escenario base de Citi proyecta un crecimiento de solo 1.2 por ciento para la economía mexicana en 2026, cifra que incorpora la expectativa de un repunte de inversión hacia el cierre del año si las negociaciones avanzan con claridad. Cuando la revisión se prolonga más allá de ese horizonte, la incertidumbre persiste y reduce la probabilidad de que la inversión supere el umbral necesario para impulsar el consumo interno.

El sector manufacturero es el primero en sentir este efecto. Fabricantes de componentes electrónicos y automotrices, que dependen de contratos de largo plazo con clientes estadounidenses, prefieren mantener capacidad instalada en ubicaciones actuales antes que comprometer recursos en instalaciones mexicanas sin garantía de acceso preferencial sostenido.

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Efectos en cadenas de suministro y empleo regional

La interrupción de proyectos de nearshoring afecta especialmente a los estados del norte y centro del país, donde parques industriales habían registrado incrementos en ocupación durante 2024 y 2025. La ausencia de nuevas inversiones limita la creación de empleos formales en manufacturas de alta especialización y reduce el efecto multiplicador sobre proveedores locales de servicios logísticos y mantenimiento. En el caso de la industria de equipo de cómputo, el mayor uso del tratado elevó la proporción de exportaciones amparadas por sus reglas, pero esa tendencia puede estabilizarse o revertirse si las empresas perciben riesgo de aranceles futuros.

La lógica de las cadenas globales de valor muestra que las decisiones de localización responden a horizontes de planeación de al menos una década. Cuando el marco institucional que sustenta esas decisiones queda sujeto a renegociación sin fecha definida, las firmas optan por diversificar hacia otros destinos o por ampliar capacidad en sitios ya establecidos, lo que frena el flujo de capital hacia México.

Consecuencias macroeconómicas y de política industrial

Un crecimiento por debajo del 2 por ciento en caso de demora prolongada limitaría la capacidad del gobierno para financiar programas de infraestructura y capacitación que complementen el nearshoring. El Plan México, que busca atraer proyectos industriales, enfrenta un entorno donde la certidumbre del T-MEC actúa como condición previa para que los incentivos fiscales y regulatorios surtan efecto. Sin esa base, los 20 proyectos de parques industriales mencionados recientemente avanzan con lentitud y pierden capacidad de generar encadenamientos productivos profundos.

La experiencia de otros periodos de incertidumbre comercial, como la renegociación del TLCAN entre 2017 y 2019, demuestra que las empresas reducen gastos de capital hasta que se restablece la previsibilidad. Esa misma dinámica se repite ahora, con el agregado de que la competencia por atraer inversión se ha intensificado a nivel global.

Escenarios de extensión y riesgos de estancamiento

Si las partes acuerdan una prórroga de 16 años, el sector manufacturero podría responder con ampliaciones de capacidad orientadas a aprovechar la estabilidad del marco comercial. Esa reacción elevaría la demanda de maquinaria, equipo y mano de obra calificada, con efectos positivos sobre la inversión fija y el consumo privado a partir de 2027. En cambio, una negociación que se extienda varios años mantendría el crecimiento por debajo de las expectativas y erosionaría la ventaja que México ha construido frente a China en ciertos rubros de exportación.

La trayectoria futura dependerá de la velocidad con que se resuelvan los puntos sensibles del tratado, como reglas de origen automotrices y mecanismos de solución de controversias. Mientras tanto, las decisiones de inversión continúan condicionadas por la evolución de esas conversaciones.

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