Madrid, 13 ago (EFE).- El Instituto Nacional de Estadística (INE) revisó una décima al alza la inflación de julio, hasta situarla en el 3,6 %, según el dato definitivo publicado este miércoles. La tasa supone cuatro décimas más que en junio y confirma que el repunte de los precios energéticos siguió marcando el comportamiento del índice en plena temporada estival.
El organismo atribuye la revisión, en lo esencial, al mayor encarecimiento de los combustibles y lubricantes para vehículos y de la electricidad. Ambos componentes tienen un peso determinante en la evolución mensual del IPC y, por su sensibilidad a los mercados energéticos, suelen introducir cambios rápidos en la lectura de la inflación general. El ajuste de julio corrige levemente al alza el avance adelantado hace dos semanas, pero no altera la tendencia de fondo: los precios continúan por encima del nivel observado a comienzos de año y mantienen presión sobre el poder adquisitivo de los hogares.

En cambio, la inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos no elaborados por ser los componentes más volátiles, se mantuvo sin cambios respecto al avance preliminar y quedó en el 3 %. Esta tasa supone una décima más que en junio y ofrece una señal distinta a la del índice general: la moderación es más lenta en los precios menos expuestos a oscilaciones bruscas, lo que apunta a una resistencia todavía apreciable en la cesta de consumo más estable.
El comportamiento de los alimentos confirma esa lectura, aunque con matices. Sus precios subieron un 1,6 % interanual en julio, tres décimas menos que en junio y en su nivel más bajo desde 2021. El alivio, sin embargo, no es uniforme. El INE destaca el fuerte encarecimiento de los huevos, con una subida del 13,4 %, y de la carne de vacuno, que avanzó un 9,9 %. Son productos de consumo habitual cuyo encarecimiento tiene un impacto directo en el gasto cotidiano y en la percepción social de la inflación, incluso cuando el conjunto de la alimentación modera su ritmo.
La fotografía que deja el dato definitivo de julio es, por tanto, la de una desinflación irregular. La energía vuelve a empujar al alza el índice general, mientras la inflación subyacente se mantiene en un nivel todavía elevado y la alimentación ofrece una mejoría parcial, pero no homogénea. Esa combinación explica que el descenso de la inflación siga siendo más vulnerable a shocks externos que a una relajación sostenida de la demanda interna, un elemento que seguirá condicionando la evolución de los precios en los próximos meses.
