La retirada del plan para captar 4.200 millones de dólares mediante la venta de una participación comercial del Mundial ha desencadenado la mayor crisis interna de la FIFA en años. Gianni Infantino abandonó el proyecto el viernes, después de tres días de enfrentamientos, pero el retroceso no evitó el daño político: varios dirigentes y confederaciones cuestionan ahora su liderazgo.
Una ruptura que trasciende el proyecto
El secretario general, Mattias Grafström, lamentó ante el personal una “triste y reprochable serie de acontecimientos” y pidió actuar conforme a los estatutos, en un mensaje que evitó mencionar directamente al presidente. Arsène Wenger afirmó que no fue consultado y respaldó la retirada en nombre de una FIFA independiente, transparente e íntegra. Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores de Infantino, dimitió tras oponerse al plan.

La oposición también se ha vuelto pública. El presidente de la Federación Jordana, Ali bin Hussein, acusó a la FIFA de chantaje, mientras Alemania retiró su respaldo y Países Bajos anunció que no votará por Infantino. Cinco federaciones europeas ya se han apartado formalmente de su reelección, prevista para el Congreso de marzo en Marruecos. UEFA y CONCACAF declararon haber perdido la confianza en su conducción; la AFC calificó de “totalmente inaceptable” la falta de consultas.
El conflicto amenaza con reorganizar los equilibrios regionales de la FIFA. Aunque federaciones de Marruecos, Catar, Kuwait, Líbano y Sri Lanka mantienen su apoyo, las confederaciones africanas aún no fijan posición. Infantino construyó su poder desde 2016 mediante ayudas y promesas a asociaciones con menos recursos, incluida una posible distribución de entre 20 y 40 millones de dólares por país si prosperaba la operación. Ese mecanismo puede seguir protegiéndolo, pero la fractura con Europa y Norteamérica reduce su margen de maniobra.
Su prioridad inmediata es impedir un Congreso Extraordinario, que puede convocarse con la solicitud formal de al menos 43 asociaciones. Después tendrá siete meses para recomponer alianzas antes del cierre de candidaturas, el 18 de noviembre. La crisis ya no gira solo en torno a una operación financiera fallida: pone en duda el modelo de poder con el que Infantino pretende permanecer al frente de la FIFA hasta 2031.
