El dato de inflación de junio en Argentina, que se ubicó en 1,9%, marcó el primer registro mensual por debajo del 2% en diez meses y coincidió con una tercera jornada consecutiva de baja del dólar mayorista. Este doble movimiento generó un entorno favorable para los activos locales, con alzas en los ADR de empresas de servicios públicos y un tono neutro en los bonos soberanos. El BCRA, por su parte, compró más de 500 millones de dólares en una sola sesión, el mayor volumen registrado durante la gestión de Santiago Bausili.
La divergencia interna del índice de precios
El 1,9% general oculta variaciones muy distintas entre rubros. Mientras bienes aumentaron apenas 1,4% mensual y alimentos y bebidas lo hicieron al 1,3%, los servicios avanzaron cerca del 3% en promedio durante el último año. Esta brecha confirma que la desaceleración no es uniforme y que los hogares con mayor peso en consumo masivo perciben un alivio más rápido que aquellos con mayor gasto en servicios regulados o estacionales.
La inflación núcleo, que excluye componentes volátiles, bajó a 1,6%, por debajo de las expectativas de los analistas. Este resultado sugiere que la presión de demanda se está moderando de forma más consistente de lo que indicaban los pronósticos previos, aun cuando los precios estacionales subieron 3,4% y los regulados 2,3%.

El BCRA amplía su margen de maniobra cambiaria
La compra de 532 millones de dólares permitió que las reservas brutas subieran a 48.687 millones. Al mismo tiempo, el dólar mayorista cerró a 1.471,50 pesos, dejando un espacio de 352 pesos hasta el techo de la banda de flotación. Ese margen del 24% es el más amplio desde mediados de junio y reduce la necesidad de intervenciones defensivas en el corto plazo.
Los contratos de futuros reflejaron esta calma: todas las posiciones cerraron con bajas de entre 0,5% y 0,9%, y el volumen operado superó los 1.248 millones de dólares. La oferta de divisas volvió a imponerse en la última media hora de la rueda, obligando a los compradores a ceder niveles de soporte sucesivos.
El dato de Estados Unidos y su efecto regional
La deflación mensual de 0,4% en Estados Unidos, la más pronunciada desde abril de 2020, se atribuyó principalmente a la caída en el precio de los combustibles tras el cese de hostilidades entre ese país e Irán. El IPC interanual estadounidense quedó en 3,5% y el subyacente en 2,6%, cifras que disiparon temores de un endurecimiento agresivo de la Reserva Federal.
Wall Street respondió con subidas de hasta 1,1%, impulsadas por acciones tecnológicas. Los ADR argentinos siguieron esa tendencia, con Telecom, Transportadora de Gas del Sur y Edenor liderando las alzas. El precio del Brent, en tanto, avanzó 2,5% hasta 85,37 dólares por barril.
Perspectivas de inversores y consumidores
Los analistas de MM Investments destacan que la distancia entre los rubros que suben 4,2% y los que lo hacen al 0,4% define quién percibe alivio real. Los fondos que administran carteras en pesos ven en la desaceleración núcleo una señal para aumentar exposición a activos locales de mayor duración. Los consumidores de menores ingresos, en cambio, siguen enfrentando incrementos superiores al promedio en transporte y servicios, lo que limita el efecto redistributivo de la baja general.
Balanz advierte que los precios estacionales y regulados seguirán ejerciendo presión al alza en los próximos meses, mientras que Adcap señala que el traslado a precios de la volatilidad cambiaria de junio fue limitado. Esta combinación sugiere que la trayectoria descendente de la inflación podría continuar, siempre que no se produzcan saltos abruptos en el tipo de cambio.
Riesgos que persisten pese al alivio
El riesgo país subió cuatro puntos hasta 410 puntos básicos, impulsado por la caída en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. Cualquier reversión en las expectativas de recortes de tasas en Estados Unidos podría endurecer las condiciones financieras globales y afectar el apetito por activos emergentes.
Además, la amplitud de la banda cambiaria otorga libertad, pero también exige disciplina fiscal y monetaria para evitar que la demanda de dólares se reactive. Si la desaceleración de la inflación núcleo se interrumpe, el BCRA podría verse obligado a intervenir con mayor frecuencia, reduciendo el margen que hoy parece holgado.
El comportamiento de los precios de servicios vinculados a salarios seguirá siendo clave. Mientras los bienes muestran una desinflación más clara, la inercia en servicios puede mantener el índice general por encima de las metas implícitas del gobierno durante varios trimestres. Los inversores que anticipan esta dinámica ya ajustan sus carteras hacia instrumentos indexados a inflación o dólar linked con vencimientos intermedios.
