Inversión en paz: impactos y riesgos a una década del acuerdo

La ejecución de 127,85 billones de pesos en la implementación del Acuerdo de Paz entre 2017 y 2025 marca un punto de inflexión en la política fiscal colombiana. Esta suma, calculada en pesos constantes de 2025, representa casi dos tercios del costo proyectado para los primeros quince años del pacto. El esfuerzo presupuestario ha permitido avances concretos en la desmovilización de combatientes y la instalación de mecanismos de justicia transicional, pero también genera interrogantes sobre la capacidad del Estado para traducir esos recursos en transformaciones territoriales duraderas.

Estabilización de la desmovilización y efectos en la seguridad

La entrega de armamento verificada por la ONU y la conformación del partido Comunes han reducido de manera notable la presencia de estructuras armadas en varias regiones. Esta reducción ha liberado recursos policiales y militares que antes se destinaban al control de zonas de confrontación directa. En términos fiscales, la menor intensidad del conflicto permite reasignar partidas presupuestales hacia programas sociales en lugar de operaciones de contención. Sin embargo, la aparición de disidencias que ocupan los espacios dejados por las Farc-EP introduce un riesgo de fragmentación: estas nuevas estructuras operan con menor jerarquía y mayor dispersión, lo que complica tanto el seguimiento presupuestal como la verificación de compromisos de no repetición.

Reforma rural y tensiones sobre la propiedad de la tierra

La Reforma Rural Integral concentra una porción significativa de los recursos invertidos. La titulación de predios y los proyectos productivos para comunidades campesinas han avanzado en municipios priorizados, generando incrementos medibles en el acceso a crédito formal y en la formalización de predios. Estos cambios pueden elevar el valor catastral de las zonas intervenidas y ampliar la base tributaria local a mediano plazo. No obstante, la lentitud en la entrega efectiva de tierras mantiene un foco de tensión. Cuando los plazos se extienden, los beneficiarios potenciales enfrentan deterioro de expectativas y, en algunos casos, retorno a economías ilícitas como única opción de subsistencia inmediata.

Inversión en paz: impactos y riesgos a una década del acuerdo

Presión sobre la transparencia y riesgo de captura de rentas

El volumen de recursos canalizados hacia municipios históricamente afectados por el conflicto multiplica las oportunidades de malversación. Las regalías destinadas a proyectos de paz se concentran en entidades territoriales con escasa capacidad de control interno. La Contraloría ha identificado alertas tempranas de sobrecostos en obras de infraestructura rural y en programas de sustitución de cultivos. Si estos patrones se consolidan, el efecto no se limita a la pérdida contable: erosiona la confianza de la ciudadanía en el proceso y puede alimentar narrativas de fracaso que debilitan el apoyo político necesario para mantener la continuidad presupuestal en los años venideros.

Reintegración económica y efectos en el mercado laboral rural

Los proyectos productivos dirigidos a excombatientes han generado empleos directos e indirectos en regiones donde las tasas de formalidad eran mínimas. Esta creación de ocupación reduce la presión sobre sistemas de asistencia social y puede contribuir a una menor incidencia de reincidencia armada. Al mismo tiempo, la competencia por recursos limitados entre excombatientes y comunidades receptoras genera fricciones locales. Cuando los proyectos no alcanzan la escala esperada, surge un excedente de mano de obra calificada en actividades que el mercado local no absorbe, lo que incrementa el riesgo de migración interna o de retorno a economías informales de alto riesgo.

Sostenibilidad fiscal y dependencia de apropiaciones futuras

La proyección de alcanzar 138,1 billones de pesos con la inclusión del presupuesto de 2026 sitúa la inversión en el 65 % del costo estimado para quince años. Esta trayectoria presupuestal exige mantener niveles de recaudo y disciplina fiscal que podrían verse afectados por ciclos económicos adversos o por cambios de gobierno. Una reducción abrupta de apropiaciones posteriores a 2026 dejaría proyectos a medio camino, generando costos hundidos y expectativas incumplidas. La experiencia de otros procesos de paz latinoamericanos muestra que la interrupción del flujo financiero suele coincidir con incrementos en la violencia residual.

Impacto en la justicia transicional y legitimidad institucional

El avance de la Jurisdicción Especial para la Paz en la toma de versiones fortalece el derecho a la verdad de las víctimas y crea precedentes jurisprudenciales que pueden influir en la reparación colectiva. Esta dimensión simbólica refuerza la legitimidad del Estado ante organismos internacionales de derechos humanos. Sin embargo, la percepción de que los recursos invertidos no se traducen en resultados tangibles para las víctimas puede erosionar esa misma legitimidad. Cuando los plazos de implementación se perciben como excesivamente largos, aumenta el riesgo de que sectores sociales desmovilizados cuestionen la utilidad de participar en mecanismos institucionales.

El informe de la Contraloría ofrece una base cuantitativa para evaluar estos equilibrios, pero la calidad de la información sobre resultados territoriales sigue siendo un factor determinante. La entrega del documento detallado en los próximos días permitirá identificar con mayor precisión qué proyectos presentan mayores desviaciones entre presupuesto ejecutado y bienes entregados. Esa distinción resulta indispensable para ajustar la asignación de recursos sin comprometer la continuidad del proceso.

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