Iznájar afronta el inicio de sus fiestas patronales con una agenda municipal marcada por una prioridad de fondo: convertir la calidad de vida cotidiana en una herramienta contra la pérdida de población. El alcalde, Lope Ruiz, resume esa estrategia en tres condiciones inseparables para que los jóvenes puedan quedarse o regresar: empleo, vivienda y buenos servicios. La formulación trasciende el diagnóstico habitual de la despoblación rural, porque vincula la permanencia de la población a cuestiones muy concretas: agua fiable, electricidad estable, conectividad digital, carreteras transitables y oportunidades residenciales.
El balance del último año combina avances de gestión y dificultades estructurales. Los temporales del invierno dejaron daños relevantes en caminos, carreteras e infraestructuras municipales, en un término amplio y disperso que incluye 19 aldeas. A ello se sumaron incidencias en el abastecimiento de agua, el suministro eléctrico y las telecomunicaciones. El Ayuntamiento defiende haber mantenido la prestación de servicios, las inversiones y la atención a familias, asociaciones y actividad económica, pero reconoce que parte de los problemas supera su capacidad directa y exige respuesta de otras administraciones y empresas gestoras.

Un municipio extenso con costes de servicio elevados
La dispersión territorial condiciona cada decisión presupuestaria. Mantener limpieza, alumbrado, recogida de residuos, abastecimiento, caminos y programación cultural en numerosos núcleos eleva costes y complejidad operativa frente a un municipio concentrado en un solo casco urbano. Ruiz sostiene que la igualdad entre vecinos no puede limitarse a la existencia de una infraestructura, sino que debe traducirse en acceso efectivo a servicios, convivencia y participación comunitaria. Esa premisa explica que el consistorio mantenga actividades festivas y culturales en las aldeas junto a las actuaciones sobre redes, espacios vecinales e instalaciones.
La dificultad aparece en los tiempos de respuesta. Tras episodios meteorológicos adversos, la reparación de decenas de caminos obliga a priorizar intervenciones y a repartir recursos limitados. El reto municipal consiste en evitar que esa lógica de urgencias cronifique desigualdades territoriales. La conservación preventiva de vías rurales, depósitos, alumbrado y redes de distribución resulta menos visible que una gran obra, pero tiene un impacto directo sobre la actividad agraria, el acceso a los servicios y la percepción de seguridad de quienes viven fuera del núcleo principal.
El embalse mejora, pero la red sigue bajo presión
La recuperación del embalse supone un alivio significativo para la comarca. A finales de agosto, su nivel rondaba el 77% de capacidad tras años de sequía y registros preocupantes. El dato refuerza las expectativas para el abastecimiento, el regadío y el turismo, tres ámbitos especialmente vinculados al agua en Iznájar. Sin embargo, la disponibilidad del recurso en el embalse no resuelve por sí sola el problema del suministro doméstico: la calidad del servicio depende también de tuberías, depósitos, mantenimiento y capacidad de respuesta ante averías.
El alcalde sitúa en ese punto una de las principales reclamaciones a EMPROACSA, empresa provincial responsable del abastecimiento. Los cortes recurrentes, las deficiencias de mantenimiento y los retrasos en reparaciones alimentan una inquietud vecinal que no se reduce con una mejora coyuntural de las reservas. La petición municipal se centra en mantenimiento preventivo, limpieza adecuada de depósitos, renovación de redes y atención más ágil. La diferencia es relevante: mientras el agua embalsada ofrece margen ante una nueva sequía, una red frágil puede generar incidencias incluso en un periodo de abundancia.
Turismo sí, pero con una economía más diversificada
Iznájar ha consolidado una posición destacada como destino turístico de la Subbética, con efectos sobre el empleo, la hostelería y la actividad empresarial. El Ayuntamiento, no obstante, plantea que la dependencia de un único sector limitaría la estabilidad económica del municipio. La agricultura y, en particular, el olivar tradicional, ocupan un lugar central en esa reflexión por su peso territorial y laboral, aunque afrontan costes de producción elevados, escasez de mano de obra e incertidumbre sobre precios y rentabilidad.
La respuesta propuesta combina apoyo a autónomos y pequeñas empresas, transformación y comercialización de productos locales, energías renovables y teletrabajo. Estas líneas comparten una condición previa: una conectividad digital fiable y un suministro eléctrico sin microcortes. Sin esos servicios, el teletrabajo pierde viabilidad, una empresa asume más costes operativos y las aldeas quedan en desventaja para atraer residentes. La política demográfica, por tanto, no se juega únicamente en incentivos directos, sino en la normalidad de las infraestructuras que permiten construir un proyecto vital y profesional.
Vivienda y planificación para facilitar el arraigo
La demanda de vivienda entre jóvenes emerge como una de las cuestiones más sensibles. Ruiz plantea movilizar suelo, promover vivienda pública y de alquiler y avanzar en la revisión del PBOM, el instrumento de planificación que debe ordenar el crecimiento del casco urbano y de las aldeas. La planificación urbanística puede ser decisiva si logra habilitar oferta asequible sin deteriorar el paisaje, el patrimonio ni la estructura de los núcleos rurales. Pero sus resultados dependerán de la coordinación entre suelo disponible, financiación, ejecución y una demanda capaz de sostener los proyectos.
Junto con la vivienda, el Ayuntamiento mantiene como objetivos la mejora de carreteras, caminos, electricidad, conectividad y atención pública, además de la defensa de proyectos como el nuevo centro de salud. El mensaje político es claro: los vecinos no demandan grandes declaraciones, sino que el agua llegue, la luz no falle, las vías sean seguras y sus hijos tengan opciones reales. En un entorno rural, esos servicios no son complementos; son la base que permite que el empleo, la vivienda y el arraigo tengan continuidad.
La Feria como reencuentro y escaparate local
En este contexto, la Feria y Fiestas Patronales de septiembre, programadas del 4 al 8 de septiembre, adquieren un valor que va más allá del calendario festivo. El programa combinará música en directo, verbenas, carreras de cintas, cucañas, propuestas infantiles y actos ligados a la Virgen de la Piedad. La intención municipal es reforzar una celebración participativa, con actividad en la calle, el recinto ferial, el Paseo de la Constitución y la Caseta Municipal, antes que construir una oferta basada exclusivamente en grandes nombres.
El operativo previsto reunirá a Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil y servicios municipales para reforzar vigilancia, tráfico, señalización, limpieza y recogida de residuos. La feria funciona también como un momento de retorno para quienes viven fuera y como presentación del municipio ante visitantes. Por eso, la convivencia, la movilidad y la atención rápida a incidencias son parte de una misma imagen pública. Iznájar celebra sus tradiciones con la vista puesta en un desafío permanente: hacer que regresar unos días pueda convertirse, para más personas, en la posibilidad de quedarse.
