El conflicto entre Atresmedia y Mediaset por la prueba final de ‘Pasapalabra’ gira en torno a cuatro anclajes concretos que marcan el ritmo del litigio. El primero es la sentencia del Tribunal Supremo de mayo de 2025 que prohibió la emisión de ‘El Rosco’ y obligó al pago de una indemnización ya consignada. El segundo es la obtención de una licencia suiza por parte de Atresmedia para desarrollar ‘Alaz’. El tercero radica en las diferencias técnicas que la cadena enumera entre ambas pruebas. El cuarto consiste en la acusación cruzada de intento de monopolizar mecánicas básicas de concursos.
La sentencia del Supremo como punto de partida
La resolución judicial estableció que ‘El Rosco’ constituye una obra protegida cuya titularidad corresponde a la productora holandesa MC&F. Atresmedia cumplió la orden de cesar su emisión y abonó la compensación exigida. Este cumplimiento reduce el margen de maniobra para argumentar continuidad, pero abre la puerta a defender que ‘Alaz’ nace de una fuente distinta. La decisión del alto tribunal no cerró el debate sobre qué elementos de un concurso pueden considerarse genéricos y cuáles merecen protección exclusiva.
Licencia suiza como escudo jurídico
Atresmedia sostiene que ‘Alaz’ deriva de un formato preexistente propiedad de RSI, productora suiza ajena al pleito. Esta licencia introduce un tercer actor que complica la narrativa de copia directa. Desde el punto de vista de la cadena, el origen independiente legitima el nuevo desarrollo y aleja cualquier reclamación de similitud sustancial. Sin embargo, Mediaset y MC&F cuestionan si la adaptación suiza realmente aporta originalidad o solo sirve como cobertura formal para replicar mecánicas ya conocidas en España.

La introducción de la licencia suiza también revela una tendencia creciente en el sector audiovisual europeo: la búsqueda de formatos en mercados secundarios para eludir litigios locales. Productoras británicas y holandesas han dominado históricamente la exportación de concursos, pero el caso actual muestra cómo cadenas españolas exploran rutas alternativas en Suiza o Escandinavia para renovar pruebas finales sin depender de derechos ya controvertidos.
Diferencias técnicas y elementos genéricos
Atresmedia enumera cambios concretos: ausencia de la rueda gráfica, disposición de concursantes en cabinas, tiempos de respuesta modificados, opción de pedir pista y posibilidad de elegir el orden de las preguntas. Estos ajustes, según la cadena, convierten ‘Alaz’ en un desarrollo novedoso. La crítica de Mediaset se centra en que tales variaciones no alteran la esencia del juego de abecedario disputado por dos participantes. La discusión trasciende lo técnico y toca un principio más amplio: hasta qué punto modificaciones superficiales protegen un formato frente a reclamaciones de propiedad intelectual.
Un primer análisis original apunta a que este litigio podría acelerar la profesionalización de equipos jurídicos internos en las cadenas. ITV Studios ya ha demostrado que defender derechos de formato genera ingresos millonarios, como lo prueba la indemnización de 75 millones de euros abonada por Mediaset. Atresmedia e ITV confían en la solidez de ‘Alaz’ precisamente porque han invertido en documentación previa y licencias cruzadas. Esta estrategia eleva los costes de producción pero reduce el riesgo de interrupciones judiciales de última hora.
Perspectivas enfrentadas de los actores
Desde el lado de Atresmedia y ITV, el objetivo es preservar la identidad de ‘Pasapalabra’ más allá de una sola prueba. El concurso lleva dos décadas consolidando elementos como el duelo por el bote o la participación de famosos, que consideran característicos del programa y no apropiables en exclusiva. Mediaset y MC&F, por su parte, defienden que ‘El Rosco’ constituye el núcleo diferenciador del formato y que cualquier intento de replicarlo erosiona sus derechos adquiridos. La Oficina de Propiedad Intelectual de la UE deberá resolver la reclamación de la marca ‘Pasapalabra’, lo que añade otra capa de incertidumbre sobre el uso futuro del nombre.
Una segunda perspectiva relevante concierne a los productores independientes. Empresas como RSI, al licenciar su formato, se convierten en actores indirectos que pueden beneficiarse de la visibilidad española sin asumir los costes del litigio. Esta dinámica incentiva la creación de formatos en países con menor tradición de exportación televisiva, diversificando el origen de las mecánicas que luego se adaptan en grandes mercados.
Riesgos de fragmentación y costes crecientes
El principal riesgo radica en la prolongación indefinida de disputas judiciales que retrasan lanzamientos y encarecen la preproducción. Si cada modificación de una prueba final requiere asesoría legal exhaustiva, las cadenas podrían optar por formatos más conservadores o directamente importados de mercados donde los derechos estén menos cuestionados. Esta tendencia podría reducir la innovación local y favorecer la homogeneización de contenidos europeos bajo licencias seguras pero menos arriesgadas.
Además, la audiencia podría percibir los cambios constantes en ‘Pasapalabra’ como una pérdida de identidad. El programa ha mantenido su estructura durante más de veinte años; cualquier alteración visible en la prueba final genera debate en redes y entre espectadores fieles. Las cadenas deben equilibrar la defensa jurídica con la necesidad de mantener la fidelidad del público que sigue el concurso por su ritmo reconocible.
Una tercera línea de análisis sugiere que el caso podría sentar precedente para otros formatos basados en mecánicas simples como abecedarios o asociaciones de palabras. Si los tribunales aceptan que elementos genéricos no son monopolizables, las productoras intensificarán el registro de combinaciones específicas de reglas, tiempos y gráficos. Este movimiento elevará la barrera de entrada para nuevos concursantes y consolidará el poder de quienes ya poseen catálogos protegidos.
En el horizonte inmediato, Telecinco prepara su propia versión con ‘El Rosco’ como elemento central, mientras Antena 3 apuesta por la continuidad de ‘Pasapalabra’ bajo el nuevo nombre de prueba. El resultado dependerá tanto de las resoluciones judiciales pendientes como de la capacidad de cada grupo para comunicar al público las razones de sus decisiones. La industria observa atentamente porque el desenlace determinará si los formatos de concurso seguirán evolucionando mediante adaptaciones creativas o quedarán congelados por el peso de litigios previos.
