La inflación en Estados Unidos volvió a ceder en julio y dejó a la Reserva Federal con menos presión inmediata para mover las tasas en septiembre. El IPC subió 3.4% interanual, en línea con lo previsto, mientras que la inflación subyacente bajó a 2.5%, su menor ritmo reciente. El dato refuerza la idea de que la política monetaria sigue siendo restrictiva, aunque no lo suficiente como para dar por cerrado el combate contra los precios.

El detalle importa más que el titular. La caída en tarifas hoteleras ayudó a moderar el índice, pero fue un factor poco confiable; al mismo tiempo, otras categorías siguieron encareciéndose y la tecnología mostró nuevas presiones. Por eso, aunque el mercado ya empezó a descontar que la Fed mantenga sin cambios el rango de 3.50%-3.75% en su reunión del 15 y 16 de septiembre, todavía no desaparece la opción de una subida. La discusión real es si el enfriamiento reciente alcanza para convencer al banco central de esperar, o si la inflación subyacente aún demasiado alta obliga a endurecer antes de fin de año.
