La IA recupera al casamentero

Internet transformó la búsqueda de pareja al desmontar las redes sociales tradicionales que durante décadas funcionaron como filtro. El sociólogo Michael J. Rosenfeld, de Stanford, documentó que amigos, familia, escuela y trabajo perdieron peso como vías de encuentro en Estados Unidos, mientras las conexiones entre desconocidos ganaron terreno. En 2017, cerca del 39% de las parejas heterosexuales afirmaba haberse conocido en línea, convirtiendo a internet en el principal espacio para iniciar una relación.

Del catálogo a la selección

La siguiente etapa no consiste en abandonar las aplicaciones, sino en cuestionar su modelo de elección infinita. El swipe masivo amplió el acceso a posibles parejas, pero también elevó la fatiga, redujo la atención y debilitó la calidad de las conversaciones. La competencia empieza a desplazarse: ya no importa solo acumular perfiles, sino identificar coincidencias con mayor probabilidad de convertirse en encuentros reales.

Tinder refleja esa tensión. En marzo de 2026, sus usuarios activos mensuales caían 7% interanual, aunque fue su menor descenso en 31 meses. La empresa busca corregir el desgaste con nuevas inscripciones, mejores conversaciones, eventos presenciales y herramientas como Chemistry, que usa inteligencia artificial y datos autorizados para proponer menos perfiles, pero potencialmente más compatibles. También recurre al registro facial para reforzar la autenticidad.

El ajuste alcanza a todo el sector. Bumble eliminó la obligación de que las mujeres inicien la conversación, una señal de que sus reglas fundacionales ya no respondían por completo al comportamiento de los usuarios. Grindr, en cambio, reportó ingresos de US$130 millones en el primer trimestre de 2026, 38% más que un año antes, y unos 15 millones de usuarios activos mensuales, apoyado en una estrategia de plataforma social más amplia.

La paradoja es clara: la tecnología eliminó al intermediario humano y luego produjo un mercado saturado de opciones. Ahora la IA intenta restaurar una función antigua con otra escala: actuar como casamentero, no para mostrar más personas, sino para reducir el ruido y priorizar conexiones que valga la pena conocer.

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