La incertidumbre del T-MEC presiona a empresas de Texas

MONTERREY.— La incertidumbre sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ya tiene efectos concretos en empresas de Texas, un estado cuya actividad industrial y comercial depende estrechamente de sus dos principales socios norteamericanos. Aunque el proceso de revisión y las posibles medidas arancelarias siguen sujetos a negociaciones, fabricantes y proveedores han comenzado a aplazar inversiones, evaluar ajustes de costos y reconsiderar proyectos de expansión.

La relevancia económica de México y Canadá explica la preocupación empresarial. De acuerdo con datos citados por The Texas Tribune, el comercio bilateral entre Texas y México sumó 281 mil 200 millones de dólares en 2024. Ese mismo año, el intercambio entre Texas y Canadá alcanzó 69 mil 200 millones de dólares. En conjunto, ambas relaciones comerciales representaron alrededor del 12% de la economía estatal.

Una relación comercial difícil de sustituir

México es el principal socio comercial de Texas y Canadá ocupa el segundo lugar. Las exportaciones texanas hacia ambos mercados están concentradas en productos derivados del petróleo y el gas natural, pero la dependencia no se limita al sector energético. La industria manufacturera, especialmente la automotriz y la aeronáutica, utiliza componentes y materias primas que cruzan varias veces las fronteras antes de convertirse en un producto terminado.

Ese modelo regional se desarrolló primero bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, conocido como TLCAN, y posteriormente bajo el T-MEC. El acuerdo redujo barreras arancelarias y estableció reglas comunes para las cadenas de suministro. Su continuidad permite a las empresas calcular costos, planificar entregas y comprometer inversiones con mayor certidumbre. Cualquier modificación sustancial puede alterar esas decisiones incluso antes de que entre en vigor.

El problema central para los fabricantes no es únicamente el nivel de un eventual arancel, sino la posibilidad de que cambien las reglas de origen, los requisitos aduaneros o las condiciones de acceso a los mercados. En sectores con márgenes estrechos, una variación relativamente pequeña puede trasladarse al precio final, reducir la demanda o hacer menos rentable producir en la región.

Air Tractor expone el riesgo en la aviación

Air Tractor Inc., fabricante de aeronaves agrícolas y de extinción de incendios con sede en Olney, al norte de Texas, es uno de los casos que ilustran el alcance de la incertidumbre. La compañía vende sus aviones en Estados Unidos y en más de 50 países, pero depende de motores fabricados por Pratt & Whitney Canada.

Jim Hirsch, presidente y director ejecutivo de Air Tractor, afirmó que el T-MEC y, anteriormente, el TLCAN han facilitado la relación con su proveedor canadiense. Según explicó, los motores podrían quedar sujetos a un arancel de 25% si se reimponen gravámenes a las importaciones aeronáuticas procedentes de Canadá. Debido a que el motor representa aproximadamente la mitad del valor de cada avión, el impacto no sería marginal.

Hirsch calculó que la cancelación del acuerdo y el regreso de ese arancel obligarían a la empresa a incrementar cerca de 12% el precio de sus aeronaves. En su evaluación, el ajuste podría exigir recortes drásticos de personal y de suministros. La advertencia muestra cómo una medida aplicada a un solo componente puede extenderse a toda la cadena: primero eleva el costo de producción, después encarece el producto y finalmente amenaza la capacidad de la empresa para competir.

Inversiones detenidas por falta de claridad

La incertidumbre también está afectando decisiones que todavía no se han materializado. Jerry Pacheco, presidente de la Asociación Industrial Fronteriza de Santa Teresa, en Nuevo México, señaló que durante el último año algunos proyectos previstos para la región fueron paralizados. Según su testimonio, empresas interesadas en instalarse han preferido esperar ante la indefinición sobre el futuro del T-MEC y la aplicación precipitada de aranceles.

Pacheco mencionó el caso de un fabricante taiwanés de componentes automotrices que adquirió 30 acres con la intención de construir un complejo destinado a suministrar piezas a Tesla. Sin embargo, el proyecto aún no se ha concretado. La compra del terreno demuestra que existió un compromiso inicial, mientras que la falta de avance refleja la cautela de los inversionistas frente a los costos y las reglas que podrían prevalecer durante la vida útil de una planta.

En este tipo de decisiones, el riesgo comercial pesa tanto como los incentivos fiscales, la disponibilidad de mano de obra o la proximidad con los clientes. Una fábrica de autopartes puede operar durante décadas y depender de insumos provenientes de varios países. Si la estructura arancelaria cambia con frecuencia, las empresas pueden optar por posponer la inversión, instalar capacidad en otro mercado o reducir el tamaño del proyecto.

El sector automotriz, bajo observación

La respuesta de los proveedores automotrices podría ofrecer una señal más precisa sobre el impacto de la incertidumbre que los anuncios individuales de grandes fabricantes. Toyota, por su escala y capacidad financiera, puede tener más margen para absorber costos, reorganizar proveedores o distribuir la producción entre distintas plantas. Los fabricantes de componentes, en cambio, suelen contar con menos alternativas y dependen de contratos específicos con ensambladoras.

Por esa razón, el caso del proveedor taiwanés vinculado con Tesla resulta relevante para medir el comportamiento de la industria. Si las empresas de autopartes comienzan a retrasar instalaciones o a limitar compromisos de largo plazo, el efecto puede extenderse a empleos, transporte, construcción industrial y demanda de servicios en ambos lados de la frontera.

La posición empresarial no implica necesariamente una defensa de todas las disposiciones del T-MEC. Las compañías pueden apoyar una revisión de reglas laborales, ambientales o de contenido regional y, al mismo tiempo, advertir que los cambios deben anunciarse con claridad y aplicarse de manera gradual. Para los fabricantes, la previsibilidad es una condición operativa: necesitan conocer sus costos antes de firmar contratos, importar equipos o contratar trabajadores.

Negociar sin romper las cadenas regionales

Para Texas, el desafío consiste en proteger sus intereses comerciales sin quedar al margen de una renegociación que involucra prioridades de los tres gobiernos. México y Canadá son mercados de exportación, fuentes de insumos y destinos de inversión para compañías texanas. La interrupción de esos vínculos no afectaría únicamente a las empresas que importan piezas, sino también a los proveedores de energía, logística, maquinaria y servicios profesionales que participan en la actividad transfronteriza.

Los datos de comercio bilateral muestran el tamaño de la relación, mientras que los casos de Air Tractor y del proyecto automotriz detenido muestran su dimensión empresarial. El debate sobre el T-MEC, por tanto, ya no se limita a declaraciones diplomáticas o a proyecciones macroeconómicas: está influyendo en precios, planes de contratación y decisiones de inversión. La rapidez con que los gobiernos definan las reglas y la estabilidad que logren ofrecer determinarán si las cadenas productivas norteamericanas mantienen su integración o comienzan a fragmentarse.

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