La recaudación peruana crece, pero revela nuevas fragilidades

La recaudación tributaria del Gobierno Central alcanzó los S/ 16.177 millones en julio, descontadas las devoluciones, y creció 20,4% frente al mismo mes de 2025. El dato confirma una racha positiva que ya se extiende por 26 meses y coloca los ingresos acumulados entre enero y julio en S/ 120.609 millones, 14% más que en el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, detrás de la cifra expansiva hay una combinación que merece una lectura menos complaciente: una economía que acelera, importaciones que aumentan con fuerza, precios mineros favorables, mayores pagos de grandes empresas y una administración tributaria más activa.

El resultado mejora el margen fiscal del Ejecutivo, pero no elimina sus vulnerabilidades. Buena parte del avance depende de sectores sensibles al ciclo internacional y de contribuyentes de gran tamaño, mientras que los medianos y pequeños registraron una caída en sus tributos internos. La pregunta central, por ello, no es solamente cuánto recaudó el Estado en julio, sino qué tan sostenible es la base que está produciendo ese crecimiento y qué ocurrirá cuando cambien los precios de los minerales, el ritmo de las importaciones o las condiciones financieras.

Tres motores explican el salto de julio

El primer motor fue la actividad económica. La Sunat estimó que el Producto Bruto Interno de junio habría aumentado 3,6%, mientras que la demanda interna avanzó 6,9%. Este último indicador es especialmente importante para entender el comportamiento del IGV interno, que recaudó S/ 5.099 millones y creció 7,4%. El incremento sugiere una mayor circulación de bienes y servicios, aunque no permite concluir por sí solo que todos los hogares estén recuperando su capacidad de compra: el consumo puede estar concentrado en determinados segmentos y también puede reflejar una mayor formalización o fiscalización de operaciones ya existentes.

El segundo factor fue externo. Las importaciones valorizadas en dólares CIF crecieron 30,8% en julio y empujaron el IGV aplicado a las compras del exterior hasta S/ 4.281 millones, un aumento interanual de 30,6%. Los tributos aduaneros, en conjunto, llegaron a S/ 4.746 millones, 25,2% más que un año antes. Este canal transmite rápidamente el dinamismo comercial hacia las arcas públicas, pero también introduce una dependencia: cuando las importaciones se desaceleran, la recaudación vinculada a ellas puede retroceder incluso si el consumo interno conserva cierta resistencia.

El tercer motor fue la minería. Los mayores precios internacionales del cobre y el oro elevaron los ingresos de las empresas productoras, comercializadoras y exportadoras, con efecto directo en el Impuesto a la Renta. La apreciación del sol también tuvo una incidencia ambivalente. El tipo de cambio cayó 4,4% frente a julio de 2025, lo que redujo la base imponible expresada en moneda nacional para algunas operaciones de comercio exterior y para los ingresos declarados por exportadores, pero al mismo tiempo abarató determinadas importaciones. El resultado final revela que el volumen importado y los precios de los minerales pesaron más que ese efecto cambiario adverso.

El Impuesto a la Renta ofrece la señal más significativa

El Impuesto a la Renta produjo S/ 6.451 millones en julio, 24,1% más que un año antes. El avance no se limitó a un solo grupo. Los pagos a cuenta de tercera categoría del Régimen General y del Régimen MYPE Tributario aumentaron 32,1%, mientras que la regularización creció 46,6%. También subieron los pagos de primera categoría, segunda categoría, sujetos no domiciliados, quinta categoría y cuarta categoría, con variaciones de 28%, 35,6%, 11,3%, 4% y 3,6%, respectivamente.

La composición de este incremento contiene una primera conclusión: el Estado está capturando una mejora más intensa en las rentas empresariales que en las rentas del trabajo. El crecimiento de la quinta categoría, asociada principalmente a trabajadores dependientes, fue moderado frente al de los pagos corporativos. La diferencia puede reflejar mayores utilidades empresariales, la recuperación de sectores exportadores y el efecto de los precios mineros, pero también evidencia que la mejora no se distribuye de forma homogénea entre hogares y empresas.

La regularización, con un aumento de 46,6%, es otro dato relevante. Estos pagos suelen recoger la liquidación de obligaciones correspondientes al ejercicio anterior y pueden estar influidos por resultados empresariales excepcionales. Por esa razón, no sería prudente convertir el salto de julio en una proyección automática para todo el año. Si los precios del cobre y el oro permanecen elevados, la recaudación podrá sostenerse; si corrigen, el efecto sobre las utilidades y las regularizaciones podría ser considerable.

Una recaudación cada vez más concentrada

Los tributos internos sumaron S/ 13.728 millones en julio, 14,4% más que en el mismo mes de 2025. Pero la distribución por tamaño de contribuyente muestra una divergencia clara. Los Principales Contribuyentes aportaron S/ 11.107 millones y crecieron 19,1%, mientras que los Medianos y Pequeños Contribuyentes recaudaron S/ 2.621 millones, con una caída de 2,1%. No se trata de una diferencia menor: los grandes contribuyentes explicaron la mayor parte del dinamismo interno y reforzaron la concentración de los ingresos en un número reducido de empresas y sectores.

Este patrón tiene una lectura positiva y otra de riesgo. Desde la perspectiva de la Sunat, controlar a grandes contribuyentes puede generar resultados rápidos y significativos, especialmente cuando se dispone de información financiera, aduanera y sectorial para detectar inconsistencias. Para el Tesoro, además, una estructura de recaudación concentrada facilita la obtención de ingresos en el corto plazo. Pero una base demasiado dependiente de grandes compañías puede ser más volátil y menos representativa de la salud general de la economía.

Para las pequeñas y medianas empresas, la caída de 2,1% puede significar varias cosas: menor rentabilidad, dificultades de liquidez, tránsito hacia la informalidad o una capacidad limitada para absorber los costos de cumplimiento. También puede revelar que la recuperación de la demanda interna no está llegando con la misma intensidad a los negocios de menor escala. Si la respuesta institucional se limita a intensificar sanciones, existe el riesgo de que empresas frágiles reduzcan operaciones formales o acumulen deudas, en lugar de mejorar de manera permanente su cumplimiento.

Más control, pero también una discusión sobre la calidad

La Sunat informó que durante julio el 97,2% de las declaraciones controladas se presentó dentro del plazo y que la morosidad al vencimiento fue de 9%. Además, el porcentaje de omisos bajó de 3,3% a 0,9% tras acciones sobre obligaciones vencidas. La recuperación de deuda aportó S/ 909 millones y los pagos inducidos por fiscalización y fraccionamientos superaron los S/ 315 millones. Estas cifras muestran que la gestión tributaria tiene un efecto medible y que la recaudación no depende únicamente del crecimiento espontáneo de la economía.

La cuestión pendiente es cuánto de este resultado corresponde a ingresos permanentes y cuánto a acciones extraordinarias de cobranza. La recuperación de una deuda atrasada mejora la caja pública, pero no equivale a ampliar estructuralmente la base tributaria. Para evaluar la eficacia de la administración, será necesario observar si los contribuyentes que regularizaron sus obligaciones continúan declarando y pagando en los siguientes meses. La reducción de omisos es valiosa, pero debe convertirse en una relación estable con el sistema fiscal, no solo en una respuesta puntual ante una notificación.

Las devoluciones de impuestos alcanzaron S/ 2.296 millones y disminuyeron 2,6% interanual. Una menor devolución ayuda a explicar la mejora de los ingresos netos, pero no necesariamente implica una mayor eficiencia productiva. En el caso de los exportadores, las devoluciones vinculadas al IGV forman parte del diseño del impuesto y permiten evitar que los bienes vendidos al exterior carguen tributos internos. Si la administración ralentiza indebidamente estos procesos para mejorar el resultado mensual, podría trasladar costos financieros a empresas exportadoras y afectar su competitividad.

El IGV confirma el dinamismo, no garantiza bienestar

El IGV total creció 16,9% y llegó a S/ 9.380 millones. La diferencia entre el componente interno, que aumentó 7,4%, y el importado, que avanzó 30,6%, es una de las claves del informe. El Estado está recaudando más por el movimiento de mercancías que ingresan al país que por el consumo doméstico registrado dentro del territorio. Esta brecha permite afirmar que julio fue un buen mes para la actividad comercial, pero obliga a matizar cualquier interpretación sobre la fortaleza de la demanda de los hogares.

Las empresas importadoras pueden beneficiarse de una mayor disponibilidad de insumos, maquinaria y bienes de consumo, pero también enfrentan mayores desembolsos tributarios y necesidades de capital de trabajo. En sectores con márgenes reducidos, el IGV puede trasladarse a precios o comprimir rentabilidades mientras se recupera mediante el crédito fiscal. Para los consumidores, el impacto dependerá de la capacidad de las empresas para absorber los costos y de la intensidad de la competencia. Un aumento de la recaudación por importaciones no es necesariamente equivalente a una mejora del poder adquisitivo.

El Impuesto Selectivo al Consumo ofrece un contraste adicional. Su recaudación creció 5,3%, hasta S/ 932 millones, pero el componente interno aumentó 11,3% y el aplicado a importaciones cayó 5,1%. En combustibles, el ISC disminuyó 7,7%. El comportamiento puede estar relacionado con menores pagos por combustibles importados y con cambios en la composición del consumo. También recuerda que los impuestos selectivos cumplen una doble función: recaudar y modificar conductas. La caída en un rubro no puede interpretarse automáticamente como debilidad fiscal si responde a una reducción del consumo gravado, aunque sí afecta los ingresos disponibles para el presupuesto.

Minerales, importaciones y deuda: el escenario que viene

La trayectoria de los próximos meses dependerá de tres variables. La primera es el mercado internacional de minerales. Un cobre y un oro fuertes seguirán favoreciendo el Impuesto a la Renta, pero una desaceleración de China, un fortalecimiento del dólar o un aumento de la oferta mundial podrían reducir los márgenes de las empresas mineras. La segunda es la demanda interna. Para que el IGV interno acelere, el crecimiento debe traducirse en empleo formal, ingresos sostenibles y consumo más extendido, no solamente en operaciones concentradas en segmentos de mayores ingresos. La tercera es el comercio exterior: un aumento de importaciones sostiene la recaudación, pero también puede ampliar el déficit comercial si no está acompañado por exportaciones competitivas.

El Gobierno dispone ahora de un mejor escenario para ordenar sus cuentas, pagar obligaciones y financiar servicios públicos. La tentación será utilizar el incremento de julio como base para elevar compromisos permanentes. Esa estrategia sería riesgosa. Los ingresos asociados a precios mineros, regularizaciones o pagos extraordinarios pueden revertirse, mientras que el gasto en salarios, transferencias y programas sociales tiende a ser rígido. Una gestión fiscal prudente debería separar el ingreso estructural del ingreso transitorio y evitar que una bonanza mensual se convierta en una expansión permanente del gasto.

Para la Sunat, el desafío consiste en sostener el control sin deteriorar la confianza ni castigar desproporcionadamente a los contribuyentes con menor capacidad administrativa. La digitalización, el cruce de información y la cobranza focalizada pueden elevar el cumplimiento con menor costo que las intervenciones indiscriminadas. En las pequeñas empresas, facilitar declaraciones, pagos fraccionados razonables y asistencia técnica puede ser más eficaz que acumular multas incobrables. La recaudación de julio muestra que el control funciona; el siguiente paso será demostrar que también puede ampliar la formalidad y reducir la concentración.

El crecimiento de 20,4% es, por tanto, una noticia fiscal favorable, pero no una garantía de fortaleza estructural. El avance del Impuesto a la Renta refleja mejores resultados empresariales y precios mineros; el del IGV importado, un comercio exterior más activo; y la recuperación de deuda, una administración con mayor capacidad de intervención. Al mismo tiempo, la caída de los medianos y pequeños contribuyentes y la dependencia de factores externos exponen los límites del dato. La verdadera prueba llegará cuando los minerales dejen de sorprender al alza, las importaciones moderen su ritmo y el Estado tenga que recaudar más desde una economía interna amplia, formal y menos concentrada.

Artículos relacionados

Últimos artículos