La revisión del T-MEC trasciende los aranceles

La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ya rebasa la discusión sobre los impuestos a las importaciones. Una carta firmada por 168 de los 218 republicanos de la Cámara de Representantes, incluidos 23 de los 26 integrantes del comité encargado del acuerdo, plantea cuatro prioridades para la primera fase del proceso: garantizar el acceso de productos estadounidenses a los mercados mexicano y canadiense, eliminar barreras no arancelarias, enfrentar las prácticas comerciales de China y alinear los aranceles de los socios con los de Estados Unidos.

Washington amplía la presión

El respaldo legislativo permite al representante comercial Jamieson Greer negociar sin un plazo definido, pero también deja claro que el Capitolio pretende participar más directamente. Aunque el Congreso ha permitido a Donald Trump actuar en materia arancelaria, la política comercial sigue siendo una atribución legislativa. La exigencia de mejorar la comunicación con los legisladores anticipa una revisión con objetivos políticos y regulatorios, no sólo aduaneros.

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Para México, el punto más delicado son las barreras no arancelarias que Washington considera prioritarias. Resolverlas podría exigir reformas legales aprobadas por el Congreso y respaldadas por la presidenta Claudia Sheinbaum. Tras meses de avances limitados, Estados Unidos elevó la negociación al nivel presidencial: Sheinbaum ya recibió dos veces a Greer y se prevé otra reunión antes de finalizar el año.

La presión sobre China implica un riesgo adicional. En el primer semestre, los productos chinos representaron 17% de las importaciones mexicanas, frente a 7.2% de las estadounidenses, pese a la reducción registrada tras los aranceles impuestos por México. Aplicar medidas idénticas tendría, por tanto, un costo proporcionalmente mayor para la economía mexicana. El país también enfrenta el riesgo de quedar reducido a proveedor de bienes e insumos de bajo valor agregado para Estados Unidos, lo que podría profundizar su dependencia y limitar su desarrollo industrial.

El discurso oficial mexicano, concentrado en obtener un trato arancelario preferencial, resulta insuficiente ante esta agenda. La revisión definirá reglas de acceso, legislación interna, relación con China y el margen de autonomía comercial de México. Reducirla a una negociación de tarifas ocultaría las decisiones que determinarán la estructura económica de la región durante los próximos años.

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