El sistema sanitario de la Cisjordania ocupada se acerca al colapso por la falta de fondos, medicamentos y personal, según un informe difundido este jueves por la ONG Médicos por los Derechos Humanos Israel (PHRI). La organización atribuye la crisis a la retención israelí de ingresos fiscales palestinos por al menos 2.500 millones de dólares.
El deterioro ya afecta a la atención básica: 447 de los 590 centros dependientes del Ministerio de Salud palestino han reducido drásticamente su actividad y muchos abren apenas uno o dos días por semana. Desde 2025, el 63 % de los centros de atención primaria funciona de manera parcial, frente a los seis días semanales de apertura que mantenían antes del 7 de octubre de 2023.

Una crisis financiera con impacto sanitario
La Autoridad Palestina depende de los aranceles e impuestos recaudados por Israel para financiar sus servicios públicos. Sin esas transferencias, acumuladas desde el año pasado, no puede pagar regularmente a sus funcionarios ni garantizar el suministro de medicinas, hospitales y farmacias públicas.
La falta de salarios llevó a los médicos palestinos a iniciar una huelga indefinida en mayo. Aunque la Asociación Médica Palestina anunció un levantamiento gradual un mes después, PHRI afirma que el personal continúa trabajando con capacidad reducida, mientras persisten los impagos y la escasez de fármacos. El efecto combinado ha limitado también las urgencias y los cuidados críticos.
La retención fiscal se produce al mismo tiempo que aumentan las incursiones militares israelíes y las restricciones de movimiento en Cisjordania. Para más de tres millones de palestinos, estas medidas encarecen o impiden el acceso a centros médicos, especialmente porque la entrada en Israel y Jerusalén Este requiere permisos especiales.
PHRI sostiene que el problema dejó de ser una disputa administrativa y se convirtió en un factor directo de riesgo para la población civil. La reducción sostenida de servicios revela que la presión financiera no solo paraliza la gestión de la Autoridad Palestina: transforma la atención sanitaria cotidiana en un servicio intermitente, con consecuencias previsibles sobre pacientes crónicos, emergencias y comunidades aisladas.
