Lamarque Cano refuerza la base en el Valle del Mayo

Javier Lamarque Cano realizó asambleas en Huatabampo y Etchojoa para insistir en la necesidad de mantener cohesionadas las estructuras locales de la Cuarta Transformación. Los encuentros, celebrados el 13 de julio de 2026, reunieron a militantes, consejeros, representantes de partidos aliados y autoridades tradicionales de la etnia mayo. El mensaje central giró en torno a la organización territorial como condición indispensable para preservar el proyecto político iniciado hace más de dos décadas.

¿Por qué el Valle del Mayo sigue siendo determinante?

El sur de Sonora posee una trayectoria específica dentro de los movimientos de izquierda en el estado. Desde principios de los años 2000, las comunidades del Valle del Mayo participaron en procesos de organización que luego alimentaron la construcción nacional de Morena. Lamarque recordó ese origen al señalar que la fuerza actual del movimiento no surgió con el registro partidista, sino con el trabajo previo de grupos ciudadanos que mantuvieron contacto directo con la población rural.

Esa memoria histórica funciona como ancla para la estrategia actual. En lugar de limitarse a eventos de campaña, el aspirante a la coordinación estatal enfatizó la necesidad de reactivar comités en cada localidad. La continuidad del llamado “segundo piso” de la Transformación, encabezado por Claudia Sheinbaum, depende, según Lamarque, de que esas estructuras locales permanezcan activas y conectadas con las demandas concretas de los habitantes.

Lamarque Cano refuerza la base en el Valle del Mayo

El rol de las autoridades tradicionales mayo

La presencia de líderes de la etnia mayo en ambas asambleas añade una capa adicional al análisis. Estos actores representan formas de organización comunitaria que preceden al sistema de partidos. Su participación sugiere que el movimiento busca integrar estructuras indígenas existentes en lugar de reemplazarlas. Sin embargo, esa integración plantea preguntas sobre la autonomía de las comunidades frente a las prioridades nacionales del partido.

Desde la perspectiva de los liderazgos locales, la cercanía con el movimiento puede traducirse en mayor acceso a recursos y visibilidad. Al mismo tiempo, existe el riesgo de que las demandas específicas de la etnia mayo queden subordinadas a la agenda estatal si la unidad se interpreta como alineación total. Hasta ahora, Lamarque ha evitado pronunciamientos que generen fricción, pero el equilibrio entre lealtad y representación regional requerirá atención constante.

La organización territorial como variable crítica

Lamarque presentó la defensa de la Transformación como un ejercicio de mantenimiento de espacios de diálogo permanentes. Esta postura contrasta con enfoques que priorizan únicamente la movilización electoral. El aspirante sostuvo que la fortaleza real radica en el contacto cotidiano con la población, no en la capacidad de convocatoria esporádica.

Los datos disponibles sobre participación ciudadana en Sonora muestran que los municipios del Valle del Mayo registran niveles de organización comunitaria superiores al promedio estatal. Aprovechar esa base existente puede reducir costos de movilización, pero también expone al movimiento a divisiones internas si los liderazgos locales compiten por el control de los comités. La experiencia de otros estados indica que la ausencia de mecanismos claros de resolución de conflictos acelera la fragmentación una vez que desaparece la figura aglutinadora.

Perspectivas de distintos actores

Los militantes presentes en las asambleas expresaron apoyo a la idea de fortalecer la unidad, aunque algunos manifestaron preocupación por la falta de claridad sobre cómo se distribuirán las responsabilidades una vez definida la coordinación estatal. Los representantes de partidos aliados, por su parte, destacaron la importancia de mantener espacios compartidos sin que Morena absorba todas las decisiones.

Desde fuera del movimiento, observadores locales señalan que el recorrido de Lamarque coincide con un momento en que la oposición estatal busca reactivarse. La ausencia de un contrapeso organizado en el sur de Sonora podría facilitar la consolidación territorial, pero también reduce los incentivos para revisar errores o ajustar estrategias. Esa dinámica de baja competencia interna suele traducirse en menor capacidad de respuesta cuando surgen problemas concretos en las comunidades.

Riesgos de fragmentación y escenarios futuros

El énfasis en la unidad no elimina tensiones latentes. Uno de los riesgos identificados es que la presión por mantener la cohesión desplace el debate sobre temas locales prioritarios, como el acceso al agua en el Valle del Mayo o las condiciones de los productores agrícolas. Si los comités se convierten en espacios de ratificación más que de deliberación, la participación ciudadana podría disminuir con el tiempo.

Otro escenario posible es que el modelo de organización territorial impulsado por Lamarque se extienda a otras regiones del estado con menor tradición de izquierda. En ese caso, el éxito dependerá de la capacidad de adaptar el discurso a contextos distintos sin diluir el contenido. La experiencia de otros movimientos muestra que la reproducción mecánica de fórmulas exitosas en una región suele generar resultados desiguales cuando las condiciones sociales varían.

La continuidad del proyecto dependerá, en última instancia, de si la organización territorial logra traducirse en resultados tangibles para la población. Las asambleas de Huatabampo y Etchojoa representan un paso inicial, pero el verdadero indicador de efectividad aparecerá cuando las estructuras locales enfrenten demandas específicas sin la presencia del aspirante. En ese momento se medirá si el llamado a la unidad se mantiene como principio operativo o se reduce a una consigna.

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