Le Blé, la cadena de panaderías y cafeterías que buscó trasladar a Buenos Aires el concepto de las boulangeries francesas, solicitó la apertura de su concurso preventivo ante la Justicia. La sociedad que opera la marca, Be Larch S.A., declaró 76 acreedores y una deuda total de $1.566,8 millones, en un proceso que expone el deterioro financiero de una empresa que llegó a administrar una red de 39 locales entre propios y franquiciados.
La presentación judicial ubica el inicio de la cesación de pagos el 10 de abril de este año. Según describió la compañía, en esa fecha no pudo cubrir la cámara compensadora bancaria y comenzaron a rechazarse los cheques emitidos. Los registros de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA) consignan 175 cheques rechazados por falta de fondos, por un monto acumulado de $204.957.453.
Una operación reducida a su mínima escala
El ajuste de la estructura ya se reflejó en la red comercial y en el empleo. Le Blé cerró la mitad de sus locales y actualmente mantiene alrededor de 20 sucursales, aunque la mayoría funciona bajo el formato de franquicia. La empresa explota de manera directa un único establecimiento, ubicado en Tres de Febrero 1059, en la Ciudad de Buenos Aires, donde también operan su sede social y la administración central.
La plantilla de trabajadores directos pasó de 49 personas en noviembre de 2025 a 15 en la actualidad. El expediente incluye varios juicios laborales por despido entre los acreedores privilegiados, con créditos reclamados de $112,5 millones, $76,1 millones, $66,6 millones y $57,9 millones, además de otras demandas de menor monto. La compañía argumentó que preservar las fuentes de trabajo existentes constituye una de las razones centrales para recurrir al concurso.

El peso de la deuda y los principales acreedores
Entre los acreedores informados en el expediente figuran Banco Galicia, por $196 millones; Lodiser, por $182,8 millones; la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), por $163,1 millones; Banco Ciudad, por $134,2 millones; Banco Nación, por $125 millones; Café Expreso, por $119,6 millones, y Banco Macro, por $75 millones. La composición de la deuda combina obligaciones financieras, comerciales, fiscales y laborales, una estructura que refleja las distintas presiones acumuladas sobre la operación.
El concurso preventivo no implica por sí mismo la quiebra de la sociedad. Se trata de un mecanismo judicial destinado a ordenar la verificación de los créditos y permitir que la empresa negocie una propuesta con sus acreedores bajo supervisión de la Justicia. La viabilidad del proceso dependerá, entre otros factores, de la capacidad de Be Larch para sostener los locales que permanecen activos, generar recursos y alcanzar un acuerdo que reúna las mayorías exigidas por la legislación.
Expansión, contracción y una estructura sobredimensionada
En su presentación, Be Larch señaló que el deterioro se aceleró durante 2024 y 2025. La compañía perdió unidades comerciales relevantes, sufrió la salida de franquiciados con altos niveles de facturación y enfrentó una contracción del consumo en los segmentos de gastronomía, panadería y cafetería. A esa menor actividad se sumaron el incremento de los costos operativos, laborales y fiscales, además de las dificultades para acceder al crédito.
La explicación empresarial apunta a un descalce entre el tamaño que había alcanzado el negocio y la escala que pudo sostener después. La operación había sido diseñada para una etapa de expansión que no se consolidó; cuando los ingresos se redujeron, parte de la estructura quedó sobredimensionada. El cierre de locales y la reducción del personal aparecen así como medidas de emergencia para adaptar los costos a una red comercial más pequeña, aunque también limitan la capacidad de la marca para recuperar volumen en el corto plazo.
De una boulangerie en Colegiales a la crisis actual
Le Blé nació en 2008 por iniciativa de Pablo “Paul” Petrelli y su esposa, Donatienne Fievet, un matrimonio argentino-belga que apostó por combinar panadería, cafetería y elaboración propia con una identidad inspirada en Francia. El primer local abrió en septiembre de ese año, en la esquina de Álvarez Thomas y Céspedes, en Colegiales, con una inversión inicial cercana a los USD 150.000.
Los fundadores provenían de la industria aerocomercial y habían desarrollado una trayectoria de más de dos décadas. Se conocieron mientras trabajaban en Chile para la aerolínea LAN. El emprendimiento creció durante la década siguiente: en 2018 la cadena tenía 22 sucursales, había desarrollado un centro de producción propio y encontró en las franquicias una vía para acelerar la expansión con menor inversión directa por cada apertura.
En su mejor momento, la marca llegó a informar 39 locales y evaluó desembarcar en Madrid, una operación que finalmente no se concretó. Para 2026, la empresa proyectaba sumar otras cinco sucursales en el Área Metropolitana de Buenos Aires, pero ninguna de esas aperturas se realizó. La distancia entre ese plan y la situación actual resume el cambio de ciclo que atraviesa la compañía: de priorizar el crecimiento territorial a concentrarse en preservar una operación reducida.
Consultada por Infobae, Be Larch indicó que no tenía comentarios para realizar en el marco de su proceso judicial. La continuidad de la marca dependerá ahora de la evolución del concurso, de la relación con sus franquiciados y acreedores y de la posibilidad de reorganizar una estructura que durante años estuvo vinculada a una estrategia de expansión que perdió impulso.
