Los termos reutilizables acumulan residuos de café, té y otros líquidos que, combinados con humedad, generan un entorno propicio para bacterias y hongos. Expertos destacan que el acero inoxidable no impide esta proliferación si no se desmontan tapas, sellos y válvulas durante la limpieza. Un lavado superficial deja zonas ocultas intactas, elevando el riesgo de contaminación en cada uso.

La rutina eficaz consiste en desarmar todas las piezas, lavar con agua tibia y jabón mediante un cepillo de cerdas suaves, y aplicar una solución de bicarbonato para eliminar manchas persistentes. El secado completo, con el termo boca abajo y destapado, resulta decisivo: la humedad retenida favorece el moho más que cualquier otro factor. Realizar este proceso tras cada uso y una limpieza profunda semanal reduce olores, preserva sabores y extiende la vida útil del recipiente sin complicaciones adicionales.
Riesgos por descuido
La omisión del secado o el almacenamiento cerrado con humedad interna multiplica la formación de microorganismos. Mantener esta disciplina diaria protege la higiene de las bebidas y evita problemas de salud derivados de la ingesta repetida de líquidos contaminados.
