Los ataques rusos dañan la economía ucraniana

Los ataques rusos contra la logística civil de Ucrania están pasando de ser una presión táctica a convertirse en un golpe directo a la economía del país. En Kiev, los supermercados vuelven a registrar estantes vacíos tras una serie de bombardeos que ha afectado a almacenes, centros de distribución y rutas de exportación. La ofensiva, que se intensificó en julio, ha dañado a empresas de consumo, transporte y comercio exterior justo cuando Ucrania dependía de esas redes para sostener su actividad interna y financiar el esfuerzo de guerra.

El 19 de julio un misil balístico ruso alcanzó un almacén que abastecía a Goodwine, una tienda de lujo. Dos semanas después, ataques contra dos centros de distribución de Silpo provocaron la muerte de seis trabajadores. Nova Poshta, el principal servicio postal privado del país, también ha sido atacado repetidamente. Dmytro Krymsky, cofundador de Goodwine, calcula que en tres semanas las empresas ucranianas han perdido alrededor de 500 millones de dólares. La magnitud del daño sugiere que Moscú está afinando una estrategia que ya no busca solo interrumpir el consumo, sino encarecer y ralentizar toda la cadena de abastecimiento.

La guerra aérea cambia el equilibrio

La campaña rusa se apoya en un cambio reciente en el aire. La producción de misiles balísticos en Rusia va en aumento mientras Ucrania dispone de menos interceptores y solo puede proteger unos pocos objetivos de máxima prioridad. En julio, Moscú lanzó un récord de 198 misiles balísticos e hipersónicos, sobre todo contra la región de Kiev. Esa capacidad de saturación reduce el margen defensivo ucraniano y explica por qué infraestructuras que antes parecían asumibles ahora quedan expuestas. También responde, en parte, a los ataques con drones ucranianos sobre territorio ruso, que han golpeado plantas de defensa, depósitos petroleros y centros logísticos como los de Wildberries.

Ambos bandos exageran con frecuencia el alcance de sus daños, pero la tendencia es clara: la guerra ha girado hacia campañas de largo alcance contra la base económica del adversario. Ucrania apunta sobre todo a refinerías y rutas de suministro militares en Rusia; Moscú, a la industria de defensa, la energía y la logística civil ucraniana. Esa asimetría importa porque Rusia puede permitirse una campaña de desgaste más extensa, mientras Ucrania depende de sistemas de interceptación limitados y de un apoyo occidental que no siempre llega al ritmo necesario.

El frente marítimo se vuelve crítico

La mayor preocupación para Kiev está en el mar Negro. Los puertos de Odesa fueron esenciales desde el inicio de la guerra y, tras el acuerdo de cereales mediado por Turquía y el corredor protegido abierto en 2023, lograron mantener vivo parte del comercio. Durante los tres años siguientes se movieron 210 millones de toneladas pese a los ataques sobre infraestructura portuaria. Pero a mediados de julio Rusia dio un paso más y empezó a atacar buques civiles. El 19 de julio, misiles de crucero hundieron un carguero de propiedad turca cuando salía de Chornomorsk; murieron diez personas. Desde entonces, cualquier barco que entra o sale de Odesa corre riesgo directo.

El bloqueo pesa sobre una cosecha que aún necesita transportar 50 millones de toneladas. Las rutas alternativas tampoco ofrecen alivio suficiente. El Danubio, que en 2022 compensó parte de las pérdidas, hoy está limitado por el bajo nivel del agua y por nuevos ataques rusos. Dmytro Barinov, de Ukrport, resume el problema con una comparación contundente: un barco de 100.000 toneladas equivale a 5.000 camiones, 5.000 conductores y 5.000 trámites fronterizos. El coste logístico de sustituir el mar por carretera o río es tan alto que paraliza la ventaja exportadora de Ucrania.

Presión económica y horizonte incierto

Las consecuencias ya alcanzan más allá del comercio. Dragon Capital estima que el bloqueo marítimo restará alrededor de 0,6% del PIB este año. Si la cosecha actual no puede venderse, los agricultores podrían reducir o incluso omitir la siembra de invierno, lo que elevaría las pérdidas en agricultura a entre 10.000 y 12.000 millones de dólares, cerca del 5% del PIB oficial. El efecto no sería solo contable: amenazaría la seguridad alimentaria, los ingresos rurales y la posición de Ucrania en mercados de África y Oriente Medio donde su grano sigue siendo estratégico.

La presión llega en un momento delicado en el campo de batalla. Rusia avanza lentamente en algunas zonas del este, pero con más de 1.000 bajas diarias; Ucrania responde con contraataques locales sin grandes rupturas. Con el frente estancado, la guerra se decide cada vez más en el aire y sobre las rutas comerciales. Sin una fuente fiable de interceptores balísticos, Ucrania corre el riesgo de ver debilitadas a la vez su economía y su capacidad militar. En Kiev ya se habla menos de ofensivas y más de resistencia prolongada: la consigna que empieza a imponerse no es avanzar, sino llegar a la primavera con la estructura económica aún en pie.

Artículos relacionados

Últimos artículos