Diecinueve años después de su proclamación como maravilla del mundo moderno, Machu Picchu enfrenta fallas estructurales en gestión, venta de entradas y atención al visitante. Un informe de ATV revela que la ausencia de digitalización permite un mercado negro de boletos mediante bots y reservas ficticias, lo que impide a turistas extranjeros planificar con certeza y genera cancelaciones masivas.
Los datos confirman el deterioro: el interés global por Perú cayó 14 % en el último año según Apotur, y el sector aún no recupera los niveles prepandemia. La presidenta de la asociación advirtió que el país cerró 2025 con apenas 3,8 millones de visitantes, una cifra que refleja pérdida de atractivo en mercados clave.

Los conflictos por el control del transporte entre Aguas Calientes y la llaqta han provocado bloqueos recurrentes, mientras la infraestructura básica muestra signos de abandono. Cada turista que desiste representa una pérdida estimada entre 1 000 y 1 500 dólares para la economía local, afectando a miles de familias que dependen directa o indirectamente del santuario.
La combinación de ineficiencia administrativa y marketing negativo erosiona la confianza internacional. Sin una modernización urgente del sistema de reservas y un control estatal efectivo sobre el acceso, el principal emblema turístico del Perú seguirá perdiendo relevancia en lugar de consolidarse como motor de recuperación económica.
