Más de una década después de su muerte, el nombre de Marcos Kitano Matsunaga volvió a captar atención internacional por su vínculo con Yoki y con uno de los crímenes más mediáticos de Brasil. El empresario fue asesinado el 19 de mayo de 2012, a los 41 años, en São Paulo. El caso involucró a su entonces esposa, Elize Matsunaga, y quedó conocido como el “caso Yoki”.
El heredero de una marca nacional
Nacido en São Paulo el 1 de octubre de 1970, Marcos pertenecía a una familia de inmigrantes japoneses que construyó una posición destacada en la industria alimentaria brasileña. Estudió Administración de Empresas y ocupó cargos directivos en el grupo familiar, relacionado con la producción de harinas, granos, condimentos, cereales y palomitas de maíz.
Yoki se consolidó como una de las marcas más reconocidas del país desde la expansión iniciada por la familia Matsunaga en la década de 1960. Su relevancia empresarial quedó confirmada en mayo de 2012, cuando la familia vendió la compañía a la estadounidense General Mills. La operación convirtió a Yoki en un activo estratégico para una multinacional y elevó el valor público del patrimonio familiar.

Una fortuna que no debe confundirse
Las estimaciones difundidas tras la venta situaron la fortuna de la familia Matsunaga en unos 2.000 millones de reales, equivalentes entonces a aproximadamente 360-400 millones de dólares. Sin embargo, esa cifra no representaba exclusivamente la riqueza de Marcos. Las investigaciones indicaron que él poseía cerca del 1% de las acciones de Yoki, mientras que las principales participaciones estaban en manos de su madre y una tía.
Su patrimonio personal incluía alrededor de 2 millones de reales en efectivo, propiedades de lujo, automóviles deportivos, vinos exclusivos y una extensa colección de armas. Ese estilo de vida, sumado a la venta de Yoki y al proceso judicial posterior, explica por qué su figura quedó asociada simultáneamente al éxito empresarial de una familia influyente y a un crimen que aún despierta interés. La dimensión económica del caso, no obstante, debe separarse de la responsabilidad individual y de la fortuna total del grupo familiar.
