La decisión de Lionel Messi de incorporarse a la MLS en 2023 respondió a una planificación que vinculaba directamente el crecimiento del fútbol estadounidense con la organización del Mundial de 2026. Cinco años antes del anuncio oficial de la sede norteamericana, las autoridades de la liga y los organizadores del torneo ya consideraban la presencia de una figura de proyección global como elemento central para consolidar mercados emergentes y garantizar asistencia masiva en las fases eliminatorias.
El contexto histórico muestra que la MLS había intentado atraer talento de alto nivel desde la década de 2000, pero los resultados fueron limitados hasta la llegada de Messi al Inter Miami. Su contrato no solo elevó los estándares salariales de la liga, sino que también estableció un precedente sobre cómo las franquicias pueden integrar beneficios a largo plazo mediante acuerdos de mercadotecnia con patrocinadores globales como Adidas y Apple TV.
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El peso de los récords en la trayectoria de Argentina
El camino de Argentina hacia las semifinales del Mundial 2026 ilustra cómo la experiencia acumulada de Messi se convierte en factor diferenciador. En el encuentro de cuartos de final contra Suiza en Kansas City, su asistencia al primer gol y la participación de Rodrigo De Paul en el mediocampo permitieron superar la resistencia del rival en la prórroga. Ese partido marcó además el registro número 32 de Messi en Copas del Mundo y lo situó como el primer jugador en alcanzar diez asistencias en la historia del torneo.
Estos hitos no surgen de forma aislada. La estructura de ingresos de Messi, que combinó 70 millones de dólares por actividades dentro y fuera del campo durante el último año, refleja una diversificación que incluye campañas publicitarias compartidas con figuras como Bad Bunny y Timothée Chalamet para Adidas, así como colaboraciones con Michelob Ultra y Christian Pulisic. La venta de figuras inflables de diez pies de altura por parte de Lowe’s a 99 dólares evidencia cómo la imagen del jugador se traduce en productos concretos que amplían el alcance comercial del torneo.
Reconfiguración del mercado norteamericano
La ausencia de una selección estadounidense en fases avanzadas ha sido compensada por el atractivo de Messi para públicos de todo el continente y de España. Este fenómeno genera un flujo de visitantes que beneficia directamente a las ciudades sede y a la infraestructura hotelera y de transporte. Al mismo tiempo, la MLS experimenta un incremento en la venta de boletos y mercancía que se proyecta hacia el periodo posterior al Mundial.
El término “messidependencia”, ya incorporado en diccionarios futbolísticos, señala un riesgo estructural: la concentración de resultados y atención mediática en un solo deportista. Sin embargo, el modelo también ofrece oportunidades para el desarrollo de talento local, ya que la presencia de Messi eleva el nivel de exigencia en los entrenamientos y la preparación táctica de equipos rivales.
Proyección económica y cadenas de valor
Los 28,3 millones de dólares anuales garantizados por el Inter Miami representan solo una fracción de los ingresos totales de Messi, que alcanzaron 140 millones de dólares en el último ejercicio según Forbes. Los acuerdos de reparto de ingresos entre la MLS y sus socios comerciales incrementan el valor real del contrato y establecen un marco para futuras negociaciones con jugadores de élite. Esta dinámica influye en la política salarial de otras ligas y en la forma en que los clubes negocian derechos de imagen y participaciones en plataformas de transmisión.
A largo plazo, la estrategia de posicionar a Messi como eje del Mundial de Norteamérica puede acelerar la profesionalización del fútbol base en Estados Unidos. Programas de formación que antes carecían de visibilidad ahora reciben mayor inversión, mientras que las federaciones locales estudian mecanismos para retener talento sin depender exclusivamente de estrellas importadas.
Implicaciones sociales y culturales
La atracción de aficionados latinoamericanos y españoles hacia los estadios estadounidenses modifica la composición demográfica de los eventos deportivos y fomenta intercambios culturales que trascienden el terreno de juego. Las narrativas mediáticas en torno a Messi refuerzan la idea de que el deporte puede actuar como puente entre comunidades, aunque también plantean preguntas sobre la sostenibilidad de un modelo centrado en figuras individuales cuando estas se retiran.
El equilibrio entre los beneficios inmediatos de la presencia de Messi y la necesidad de construir instituciones sólidas define el debate actual en la MLS y en las organizaciones del Mundial 2026. Las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán si el impulso actual se traduce en un crecimiento estructural del fútbol norteamericano o si permanece ligado a la trayectoria de un solo deportista.
