Migración: el mercado que las marcas omiten

La migración se ha convertido en una fuerza de consumo que supera la lectura habitual de fronteras y remesas. En 2024, 281 millones de personas vivían fuera de su país de nacimiento, según Naciones Unidas. Cada traslado activa necesidades inmediatas, desde conectividad, transporte y alojamiento hasta banca, educación, alimentos y entretenimiento. Para las marcas, no es un fenómeno periférico: es un momento de cambio acelerado en el que se redefinen hábitos, lealtades y decisiones de compra.

México concentra esa dinámica en dos direcciones. Sus 12.3 millones de emigrantes, de los cuales 97% reside en Estados Unidos, enviaron 64,745 millones de dólares en remesas en 2024, cerca de 4% del PIB nacional. Ese flujo se traduce principalmente en gasto cotidiano: alimentos, recargas, vivienda, salud, educación y bienes duraderos. La oportunidad no está solo en captar el dinero recibido, sino en reconocer que las familias migrantes mantienen vínculos de consumo transfronterizos y valoran marcas capaces de ofrecer confianza a ambos lados de la frontera.

Un mercado que también llega

El cambio más relevante es que México ya no solo expulsa población. INEGI registra 1.2 millones de extranjeros residentes y la OIM proyecta 1.9 millones para 2028. A ello se suma el paso de 1,393,683 personas extranjeras en condición irregular entre enero y mayo de 2024, un flujo del que una parte termina estableciéndose. Estadounidenses, colombianos, venezolanos, hondureños, chinos y cubanos conforman públicos distintos, con capacidades de gasto, expectativas y redes propias.

Los residentes estadounidenses ilustran la escala: 26,083 obtuvieron residencia en 2024, mientras estimaciones oficiales sitúan en alrededor de 1.6 millones a los estadounidenses que viven en México. Los cerca de 90 mil nómadas digitales identificados en ciudades como Ciudad de México, Mérida y Tulum aportan más de mil millones de dólares anuales. Sin embargo, reducir este mercado al turismo o la vivienda sería un error: su consumo recurrente alcanza telecomunicaciones, movilidad, supermercados, servicios financieros y salud.

La ventaja competitiva dependerá de entender la migración como una etapa de incorporación, no como una etiqueta demográfica. Quien acompañe la llegada, facilite la instalación y construya pertenencia local podrá ganar una relación duradera. México incluso envió 1,308 millones de dólares en remesas al exterior en 2024: la economía migrante ya opera como un circuito de ida y vuelta que la mercadotecnia todavía mide poco y atiende menos.

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