El 27 de junio se conmemoró el Día Mundial de las MiPymes, fecha establecida por la ONU para destacar su contribución. En México representan más del 99 % de los negocios y generan cerca del 70 % del empleo formal, según datos del Inegi.

Un análisis de Xepelin con transacciones de más de 17 mil empresas revela que una de cada diez Pymes aún no recupera sus ventas en 2026, mientras que al cierre de abril registraban una caída del 5.1 %. La diferencia entre las que resisten y las que sufren ya no depende del tamaño, sino de la capacidad para controlar el flujo de efectivo y diversificar canales.
Liquidez y cobranza
La volatilidad internacional y la cautela del consumo obligan a revisar semanalmente el flujo de efectivo, no solo las ventas. Reducir tiempos de cobranza y mantener reservas para imprevistos se han convertido en condiciones de supervivencia, más que en simples buenas prácticas.
Digitalización silenciosa
Entre 2018 y 2023 se duplicó el uso de transferencias electrónicas (de 8.8 % a 16.7 %). Miles de negocios pasaron de depender exclusivamente del efectivo a cobrar por QR, SPEI y WhatsApp. Esta transición mejora la trazabilidad y reduce riesgos operativos sin requerir grandes inversiones.
Seguros y continuidad
Solo el 17 % de las Pymes cuenta con algún seguro, según la AMIS. Los incidentes más costosos provienen de fenómenos hidrometeorológicos e incendios. Identificar activos críticos y diseñar un plan de contingencia ya no es opcional cuando un solo local o inventario sostiene toda la operación.
Las empresas que prosperan comparten una misma lógica: control estricto de finanzas, canales diversificados y atención al talento. Estas acciones, más que el tamaño, determinan quiénes atraviesan la desaceleración con menor daño.
