Montilla refuerza el comercio local con la Noche de Compras

La edición de este viernes de la Noche de Compras en Montilla no surge de manera aislada. Forma parte de una estrategia municipal sostenida desde hace varios años para contrarrestar el declive del comercio minorista tradicional en municipios medianos andaluces. Montilla, con una población cercana a los 23.000 habitantes y una economía históricamente anclada en la denominación de origen Montilla-Moriles, ha experimentado en la última década una pérdida progresiva de establecimientos en el centro urbano frente al auge del comercio electrónico y las grandes superficies periféricas.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística reflejan que entre 2015 y 2024 el número de licencias comerciales activas en el casco antiguo montillano descendió un 18 %. Esta tendencia coincide con la que se observa en otras localidades vinícolas de la provincia de Córdoba, donde la combinación de envejecimiento poblacional y migración de jóvenes hacia Córdoba capital ha reducido la base de consumidores habituales.

Contexto económico previo a la iniciativa

La Asociación de Empresarios de Montilla (Ademo) identificó ya en 2019 la necesidad de crear eventos que devolvieran tráfico peatonal al centro. La pandemia aceleró ese diagnóstico: muchos comercios cerraron temporalmente y, al reabrir, constataron una caída media del 25 % en ventas respecto a 2019. El Ayuntamiento respondió con un plan de dinamización que incluye tanto la Noche de Compras como campañas de bonos al consumo y mejoras en la accesibilidad peatonal. Los 800 bonos activados esta edición representan una inversión pública de aproximadamente 40.000 euros que se canaliza directamente hacia los establecimientos adheridos.

La decisión de mantener la actividad dentro de los locales, en lugar de trasladarla a la calle, responde a una reflexión sobre el modelo de eventos anteriores. En ediciones pasadas, la ocupación excesiva de aceras generaba quejas vecinales por ruido y suciedad. El nuevo enfoque busca embellecer interiores y escaparates, reforzando la identidad de cada negocio y reduciendo costes de montaje para los comerciantes más pequeños.

Impacto inmediato en el tejido empresarial

El efecto más directo se mide en facturación. Experiencias similares realizadas en 2024 en otras localidades cordobesas, como Cabra y Lucena, mostraron incrementos de ventas entre el 35 % y el 48 % durante la jornada del evento. Aunque aún no existen cifras oficiales para Montilla, la presencia de bodegas y cooperativas en la calle Blas Infante sugiere un componente enológico que puede atraer visitantes de fuera del municipio, ampliando el radio de influencia más allá del comercio local habitual.

Además, la fórmula de bonos reduce el riesgo para el comerciante: el Ayuntamiento adelanta el importe y garantiza el cobro, lo que incentiva la adhesión de negocios que de otro modo dudarían en abrir hasta tarde. Este mecanismo ha demostrado en otras ciudades españolas, como en el programa “Bonos Consumo” de Castilla-La Mancha, una tasa de conversión superior al 90 %.

Repercusiones sociales y culturales a medio plazo

Más allá del balance económico, el evento contribuye a frenar la despoblación del centro urbano durante las horas nocturnas. Cuando el tráfico se corta entre la Puerta de Aguilar y la Plaza de la Rosa, se genera un espacio de encuentro que favorece el contacto intergeneracional. Estudios del Observatorio de las Ciudades del Vino han demostrado que este tipo de activaciones culturales reducen la percepción de inseguridad en un 22 % entre los residentes mayores de 65 años.

La inclusión de actuaciones de K-Pop y circo callejero, junto con la promoción vinícola, busca atraer a públicos diversos. Esta mezcla de lenguajes culturales puede ayudar a que los jóvenes locales identifiquen el centro como un lugar de ocio propio, en lugar de desplazarse exclusivamente a Córdoba o Málaga los fines de semana.

Efectos sobre el modelo de ciudad y sostenibilidad

A largo plazo, la repetición anual de la Noche de Compras consolida un relato de ciudad que prioriza el comercio de proximidad frente al modelo de centro comercial periférico. Esta orientación tiene implicaciones urbanísticas: favorece la rehabilitación de locales vacíos y reduce la presión sobre nuevas zonas comerciales en las afueras, limitando así el consumo de suelo y los desplazamientos en vehículo privado.

Desde el punto de vista medioambiental, cada evento que concentra consumo en el casco histórico disminuye la huella de carbono asociada al transporte de mercancías y al desplazamiento de compradores. Si Montilla logra estabilizar una programación de cuatro o cinco ediciones anuales, el ahorro estimado en emisiones podría equipararse al que generan iniciativas de movilidad sostenible de mayor coste presupuestario.

Lecciones para otras localidades

El caso de Montilla ofrece un patrón replicable para municipios de tamaño similar que enfrentan el mismo dilema entre comercio tradicional y plataformas digitales. La clave no reside únicamente en la apertura extraordinaria de tiendas, sino en la combinación de incentivos económicos directos (bonos), cuidado estético de los espacios interiores y programación cultural que dote de identidad propia al evento. Cuando estas tres variables se alinean, la probabilidad de que el impacto trascienda la jornada concreta y se traduzca en fidelización de clientela aumenta significativamente, según los resultados observados en programas análogos desarrollados en la Ribera del Duero y en la Denominación de Origen Jerez.

En definitiva, la Noche de Compras de Montilla representa una respuesta local a desafíos estructurales del comercio minorista español. Su éxito dependerá de la capacidad de medir resultados más allá de la facturación de una noche y de mantener la coherencia entre la estrategia comercial y la conservación del tejido urbano histórico.

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