Moody’s prevé continuidad del ajuste argentino tras 2027

La agencia de calificación Moody’s considera que la Argentina mantendrá el rumbo de ajuste fiscal y estabilización macroeconómica más allá de las elecciones presidenciales de 2027, incluso si Javier Milei no obtiene un segundo mandato. En su informe más reciente, la calificadora sostuvo que las reformas impulsadas por el Gobierno dejaron de ser una respuesta coyuntural a la crisis para convertirse en un proceso con efectos potencialmente duraderos sobre el perfil crediticio soberano.

La evaluación se conoce cuando todavía falta más de un año para los comicios y no están definidas la mayoría de las candidaturas. Moody’s advirtió que los riesgos políticos continúan siendo relevantes, pero señaló que la probabilidad de una reversión abrupta de las políticas disminuyó de manera significativa frente a ciclos electorales anteriores. Según el escenario planteado por la agencia, un eventual gobierno opositor podría desacelerar o modificar selectivamente el ajuste, aunque sería menos probable un abandono completo del programa económico.

De la emergencia a un marco de estabilización

El diagnóstico de Moody’s se apoya en tres elementos principales. El primero es la continuidad de la disciplina fiscal y la desregulación. El segundo, la transformación de las cuentas externas, que comienzan a ser consideradas una fuente de fortaleza estructural y no únicamente un factor de vulnerabilidad. El tercero es la consolidación de las medidas oficiales, que, a juicio de la agencia, aumenta las posibilidades de que sobrevivan al actual período de gobierno.

La calificadora destacó que el ancla del programa de La Libertad Avanza es la política de déficit cero, sostenida mediante superávits fiscales. Ese enfoque representa un cambio respecto de etapas anteriores, caracterizadas por desequilibrios fiscales, financiamiento monetario y una elevada dependencia del endeudamiento externo. Moody’s también mencionó la eliminación del financiamiento monetario del Tesoro, la normalización de la política monetaria y los cambios aplicados al régimen cambiario.

Para Moody’s, la combinación de estas medidas contribuyó a reducir la volatilidad macroeconómica, mejorar la confianza y favorecer la recuperación de la actividad privada. La agencia consideró además que el esquema ayudó a evitar el resurgimiento de desequilibrios cambiarios y externos similares a los que precedieron a la crisis de 2023. Sin embargo, el informe no elimina los riesgos asociados a la sostenibilidad política y social del ajuste, especialmente en los sectores que todavía soportan una contracción de la demanda.

Una economía con sectores a distintas velocidades

El organismo observó un giro progresivo desde la compresión de la demanda hacia reformas orientadas a la oferta. El objetivo declarado de ese cambio es elevar la productividad, estimular la inversión privada y ampliar la capacidad exportadora. Entre las medidas señaladas figura la reforma laboral, presentada por el Gobierno como una herramienta para reducir costos de contratación y promover la formalización, aunque sus efectos dependerán de su implementación y de la respuesta del mercado de trabajo.

La reorientación productiva se concentra en actividades con mayor potencial exportador, como los hidrocarburos, la minería, la producción agropecuaria y determinados servicios. Moody’s advirtió, no obstante, que esa transformación genera costos de ajuste para las ramas intensivas en mano de obra. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos reflejan esa diferencia: las industrias vinculadas con la actividad primaria muestran mayor dinamismo, mientras la industria manufacturera, el comercio y la construcción atraviesan caídas o períodos de estancamiento.

En ese contexto, la agencia proyectó una expansión del Producto Bruto Interno del 3,4% en 2026 y del 3,5% en 2027. Sus estimaciones superan las recopiladas por el Banco Central en el Relevamiento de Expectativas de Mercado, que anticipan un crecimiento real del 2,7% para este año. La distancia entre ambas previsiones refleja la incertidumbre sobre la velocidad de la recuperación, la evolución de los ingresos reales y la capacidad de la inversión para compensar la debilidad de algunos sectores internos.

Más exportaciones y menor dependencia financiera

Moody’s también destacó que la Argentina avanza hacia un equilibrio fiscal y externo al mismo tiempo que amplía su capacidad exportadora. La agencia interpretó ese proceso como una diferencia sustancial respecto de anteriores programas de estabilización, que dependían en gran medida de la llegada de financiamiento externo. La mejora, sin embargo, permanece expuesta a la evolución de los precios internacionales, las condiciones financieras globales y la capacidad del país para sostener un flujo creciente de divisas.

Durante 2026, Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch Ratings elevaron la calificación crediticia argentina. En términos prácticos, esa mejora amplía el universo de fondos habilitados para adquirir bonos soberanos. La noticia contribuyó inicialmente a reducir el riesgo país hasta los 403 puntos básicos, pero el deterioro de las condiciones externas y algunos factores locales revirtieron parte de esa baja. El indicador elaborado por JP Morgan se ubicó posteriormente en 532 puntos básicos.

Dentro de la estrategia de atracción de capital, Moody’s asignó un papel central al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, conocido como RIGI. Según el informe, los proyectos presentados bajo ese régimen alcanzan aproximadamente 142.000 millones de dólares, principalmente en sectores como hidrocarburos y minería. El Gobierno negocia además en el Congreso nuevas iniciativas, entre ellas una ampliación denominada “Súper RIGI”, destinada a incorporar industrias vinculadas con tecnologías y actividades de futuro.

La agencia señaló como otra señal favorable las compras de divisas realizadas por el Banco Central, que superaron los 13.000 millones de dólares y contribuyeron a llevar las reservas brutas por encima de los 50.000 millones. Moody’s afirmó que esas adquisiciones no generaron presiones significativas sobre el tipo de cambio ni sobre las condiciones financieras, lo que interpretó como evidencia de una mayor solidez de los flujos de moneda extranjera. El desafío para el próximo ciclo político será convertir esos avances en resultados sostenibles sin profundizar los costos sociales del ajuste ni comprometer la recuperación de los sectores rezagados.

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