La iniciativa presentada por el legislador Luis Humberto Fernández de Morena ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión propone modificar el artículo 50 de la Ley Federal del Trabajo para añadir una compensación especial de dos meses de salario cuando la terminación laboral derive directamente de la sustitución de funciones por sistemas de inteligencia artificial, automatización o tecnologías equivalentes. Esta medida se suma a la indemnización constitucional de tres meses ya prevista, alcanzando un total de cinco meses de remuneración integrada, más los montos correspondientes según el tipo de contrato y la antigüedad del trabajador.
El texto expone que la pérdida del empleo en estos casos no obedece a causas imputables al trabajador, sino a decisiones empresariales orientadas a mejorar la eficiencia mediante nuevas tecnologías. La propuesta busca establecer un marco de transición justa sin obstaculizar la innovación ni imponer cargas desproporcionadas a las empresas.
Impacto en sectores productivos y perfiles junior
El sector servicios y las áreas administrativas de manufactura y finanzas serían los primeros afectados por esta regulación. Datos del informe de IDC y Deel indican que el 64 % de las empresas mexicanas anticipa una reducción de vacantes para puestos iniciales en los próximos tres años debido al uso de IA. Esta tendencia coincide con el aumento de vacantes especializadas en inteligencia artificial, que se duplicaron en el último año según el Barómetro de PwC, aunque aún representan menos del 1 % de la demanda total de empleo.

Las pequeñas y medianas empresas enfrentan un dilema particular: la indemnización adicional eleva el costo de adoptar herramientas de automatización, lo que podría retrasar su competitividad frente a grandes corporativos con mayor capacidad de absorber estos gastos. Al mismo tiempo, los trabajadores con contratos por tiempo determinado verían incrementados sus pagos finales, ya que la compensación por IA se añade a las fórmulas ya existentes de medio salario por año o 20 días por año adicional.
Tres tensiones estructurales que la norma no resuelve
La primera tensión radica en la definición misma de “sustitución directa”. En la práctica, muchas funciones no desaparecen por completo, sino que se transforman en tareas de supervisión de sistemas de IA. Determinar si un despido obedece a esta causa requerirá pruebas técnicas que los tribunales laborales mexicanos aún no están equipados para evaluar con rapidez, generando un probable aumento en la litigiosidad y en los tiempos de resolución de conflictos.
La segunda tensión surge entre la protección al empleo existente y la creación de nuevos puestos. El Foro Económico Mundial proyecta que la IA generará más empleos de los que eliminará a largo plazo, pero la indemnización de cinco meses podría desincentivar la contratación inicial de perfiles junior, reforzando la tendencia ya observada en Nueva Zelanda, Canadá e Israel donde más del 70 % de las empresas planea cubrir funciones iniciales con IA.
La tercera tensión involucra la distribución regional del empleo. Estados con mayor densidad de manufactura y servicios financieros, como Nuevo León, Ciudad de México y Jalisco, concentrarán la mayor parte de los casos de sustitución tecnológica. Esto podría ampliar las brechas de ingresos entre regiones si las empresas optan por relocalizar procesos hacia entidades con menor sindicalización o menor fiscalización.
Perspectivas de los actores involucrados
Los sindicatos han recibido la iniciativa con cautela positiva, pues representa un reconocimiento explícito de que la tecnología puede desplazar mano de obra sin culpa del trabajador. Sin embargo, advierten que la compensación económica no sustituye la necesidad de programas obligatorios de reconversión laboral financiados por las empresas que adoptan la IA.
Las cámaras empresariales, por su parte, han señalado que el pago adicional encarece la adopción tecnológica en un momento en que México busca atraer inversión nearshoring. Argumentan que la norma podría incentivar a compañías a mantener procesos manuales más tiempo del conveniente o a trasladar operaciones a jurisdicciones con marcos más flexibles.
Los trabajadores de menor calificación perciben la medida como una red de seguridad temporal, pero expresan preocupación por la dificultad de reinsertarse en un mercado que demanda cada vez más competencias en manejo de herramientas de IA. Los perfiles intermedios, en cambio, ven una oportunidad para negociar paquetes de salida más favorables o para exigir capacitación interna antes de cualquier sustitución.
Riesgos de implementación y tendencias futuras
Uno de los riesgos más inmediatos es la elusión mediante la externalización de tareas a proveedores extranjeros que operan con IA, lo que desplazaría el problema fuera del alcance de la Ley Federal del Trabajo. Otro riesgo consiste en la posible reducción de contrataciones formales a favor de esquemas de freelance o plataformas digitales, donde la relación laboral resulta más difícil de acreditar.
Hacia adelante, es probable que la discusión evolucione hacia la creación de un fondo de transición tecnológica alimentado por contribuciones proporcionales de las empresas que implementen sistemas de IA por encima de cierto umbral de ahorro de costos laborales. Países europeos ya exploran modelos similares que combinan indemnizaciones con inversión obligatoria en formación. En México, la efectividad de la norma dependerá de la capacidad de la Secretaría del Trabajo para emitir lineamientos claros sobre qué constituye sustitución directa y de la agilidad de los tribunales para resolver disputas técnicas.
La iniciativa marca un primer intento institucional por equilibrar la protección laboral con el avance tecnológico, pero su éxito dependerá de que se complemente con políticas activas de reconversión de habilidades y de que no se convierta en un obstáculo silencioso para la adopción de tecnologías que podrían elevar la productividad general de la economía mexicana.
