La organización del Mundial de Fútbol 2026 en México, Estados Unidos y Canadá representa el regreso de una sede compartida tras las ediciones de 1970 y 1986. La Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México reportó una derrama superior a 22 mil 678 millones de pesos y la generación de cerca de 80 mil empleos temporales durante el evento. Estas cifras surgen de un proceso de preparación que incluyó mejoras en transporte y espacios públicos iniciadas años antes de la candidatura oficial.
La trayectoria de México como anfitrión
México ya había albergado dos mundiales en el siglo pasado. La edición de 1970 introdujo el formato de 16 equipos y consolidó al Estadio Azteca como referencia internacional. En 1986, el país enfrentó una crisis económica pero logró movilizar recursos para renovar infraestructura vial y hotelera. La experiencia acumulada sirvió de base para la candidatura de 2026, presentada junto con socios norteamericanos y aprobada por la FIFA en 2018. La continuidad de políticas de movilidad y seguridad permitió que la capital pudiera absorber el flujo de más de 1.1 millones de visitantes sin colapsos operativos mayores.
El esquema de última milla implementado durante el torneo, que integró RTP, Metro y Tren Ligero, replicó modelos probados en eventos previos como los Juegos Olímpicos de 1968 y la Copa del Mundo de 1986. Esta coordinación redujo tiempos de traslado hacia el Estadio Ciudad de México y evitó congestiones críticas en avenidas principales.

Efectos sectoriales observados
Los sectores de hospedaje, restaurantes y comercio minorista registraron el mayor incremento de actividad. El gasto promedio de 22 mil 500 pesos por visitante superó estimaciones iniciales y benefició directamente a cadenas hoteleras y pequeños negocios de artesanías en zonas como el Centro Histórico y Polanco. Los 80 mil empleos temporales se concentraron en atención al cliente, logística de transporte y operación de puntos de venta, muchos de ellos ocupados por jóvenes y trabajadores informales que transitaron temporalmente al sector formal.
La recuperación de áreas verdes y la mejora de iluminación en corredores peatonales cercanos a sedes de partidos generaron un efecto secundario: el incremento del flujo nocturno en barrios antes poco visitados. Este cambio, documentado por cámaras de comercio locales, sugiere que las intervenciones urbanas realizadas para el evento pueden mantener utilidad más allá de los meses de competencia.
Reconfiguración del espacio público
El retiro temporal de vendedores ambulantes en zonas de alta afluencia turística permitió evaluar el impacto de la reorganización del comercio informal. Aunque la medida generó tensiones con organizaciones de comerciantes, también evidenció la posibilidad de reubicar actividades en espacios regulados. La experiencia de otras ciudades que han albergado eventos masivos, como Río de Janeiro en 2014 y 2016, muestra que estos reacomodos rara vez son permanentes sin políticas de acompañamiento posteriores.
La imagen de la capital como sede capaz de gestionar eventos de escala global se fortaleció entre organismos internacionales. El presidente de CANACO CDMX destacó que los resultados consolidan una narrativa de preparación institucional. Esta percepción puede traducirse en futuras candidaturas para congresos, ferias y torneos regionales que requieren infraestructura similar.
Perspectivas de mediano plazo
La derrama económica reportada se concentra en el corto plazo, pero los empleos temporales plantean el desafío de su reconversión. Experiencias en ciudades como Barcelona tras los Juegos de 1992 indican que una parte de la fuerza laboral capacitada durante el evento logra insertarse en sectores permanentes de servicios y logística cuando existe continuidad de proyectos. La Ciudad de México cuenta con una base hotelera y de transporte que podría absorber parte de esa capacidad si se mantiene la promoción de turismo deportivo y de negocios.
El gasto promedio de los visitantes también revela un perfil de turista con mayor poder adquisitivo que el visitante promedio anual de la capital. Esta diferencia sugiere la conveniencia de diseñar paquetes específicos que combinen partidos con recorridos culturales y gastronómicos, extendiendo la estancia y el consumo más allá de los días de competencia.
Riesgos y condiciones para la sostenibilidad
El éxito parcial de la organización no elimina riesgos de sobrecarga en servicios básicos durante picos de demanda. El Metro y el Tren Ligero operaron al límite en horarios de partidos, situación que podría repetirse si no se amplía la flota o se mejoran los protocolos de mantenimiento. Además, la recuperación de espacios públicos requiere presupuesto continuo para evitar que las mejoras se deterioren en los meses siguientes al evento.
La consolidación de la imagen internacional de la capital depende también de la percepción de seguridad y orden que los visitantes transmitan. Reportes de medios extranjeros durante el torneo influyen en decisiones de futuras visitas corporativas o de ocio. Por ello, las autoridades locales enfrentan la tarea de traducir los logros operativos en estrategias de comunicación que refuercen la confianza de inversionistas y organismos multilaterales.
La experiencia de 2026 demuestra que la capital puede absorber grandes afluencias cuando existe coordinación entre gobierno, sector privado y organismos de transporte. Sin embargo, la conversión de resultados coyunturales en beneficios estructurales exige políticas que trasciendan el calendario futbolístico y se mantengan en los años siguientes.
