México ocupa el cuarto puesto entre los países de la OCDE con mayor incremento de los salarios reales entre principios de 2021 y el primer trimestre de 2026, según el informe anual de Perspectivas del Empleo publicado por la organización. Los salarios ajustados por inflación crecieron 15,1 % en ese periodo, solo detrás de Turquía, Hungría y Polonia, y muy por encima del promedio OCDE de 4,9 %.
El resultado refleja principalmente los incrementos sucesivos del salario mínimo, que impulsaron el poder adquisitivo de los trabajadores de menores ingresos. En el último año hasta marzo de 2026 la mejora fue de 3,9 %, frente al 1,7 % registrado en el conjunto de la organización, lo que confirma que la tendencia positiva se mantiene.

El peso del salario mínimo
Desde enero de 2021 el salario mínimo real ha aumentado 68 %. Esa evolución permitió que en 2024 representara ya el 73,7 % del salario mediano, una proporción elevada en comparación con otros miembros de la OCDE. El ajuste sostenido ha elevado el piso de ingresos de millones de trabajadores, aunque también plantea interrogantes sobre su sostenibilidad en sectores de baja productividad.
Productividad y jornada laboral
El informe destaca que México registró un crecimiento medio de la productividad laboral del 1,45 % anual entre 2019 y 2023, y del 1,96 % entre 2023 y 2024. Estas tasas superan con claridad el 0,62 % observado en el promedio de la OCDE durante el último periodo. Al mismo tiempo, el número de horas trabajadas descendió a ritmos anuales de 0,21 % y 0,52 % respectivamente, lo que indica una mejora de la eficiencia sin aumento de la jornada.
Aun así, el volumen de horas trabajadas en México sigue siendo superior al de la mayoría de los países de la organización. Esta combinación de mayor productividad y menor tiempo de trabajo sugiere que las ganancias de eficiencia se están distribuyendo de forma más equilibrada entre capital y trabajo.
Mercado laboral estable pero dual
La tasa de desempleo se mantuvo en 2,7 % en mayo de 2026, la segunda más baja de la OCDE después de Japón. Sin embargo, el empleo informal continúa representando más de la mitad del total de ocupados, lo que limita el alcance de las mejoras salariales a una porción significativa de la fuerza laboral.
La regulación de la protección al empleo en el sector formal es relativamente estricta y se ha endurecido para los contratos temporales. México ocupa el tercer lugar en restricciones regulatorias sobre este tipo de contratación, después de Turquía y España, debido a las reformas que prohíben el uso de agencias de trabajo temporal.
Cláusulas de no competencia
Las cláusulas de no competencia, aunque inconstitucionales, siguen aplicándose en la práctica. Entre el 23 % y el 39 % de los trabajadores del sector privado están sujetos a ellas, frente al rango de 20-30 % que se observa en promedio en la OCDE. Los datos provienen de encuestas a empresas y muestran una tendencia creciente que podría reducir la movilidad laboral y la capacidad de los trabajadores para crear nuevas empresas competidoras.
El informe de la OCDE subraya que estas prácticas, aunque extendidas, generan fricciones en un mercado que ya presenta una marcada dualidad entre empleos formales protegidos e informales sin acceso a las mismas protecciones. La combinación de avances salariales y restricciones estructurales configura un escenario en el que el aumento del poder adquisitivo convive con desafíos de inclusión y movilidad que el país deberá abordar en los próximos años.
