México ha avanzado en el salario mínimo mediante incrementos de doble dígito, alineándose con el compromiso del T-MEC de mejorar condiciones laborales básicas. Esta política busca que el ingreso mínimo alcance para 2.5 canastas básicas en 2030, un logro que facilita las revisiones del tratado sin fricciones inmediatas.
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Sin embargo, los salarios contractuales y la exigencia de que entre 40% y 45% del contenido automotriz provenga de trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora revelan rezagos. El promedio en la industria automotriz ronda los 5-6 dólares la hora, y solo los puestos gerenciales o de investigación cumplen el umbral. Esta brecha expone la diferencia entre ajustes decretados y la negociación sindical real.
La próxima reunión bilateral del 20 de julio pondrá a prueba estos puntos. Estados Unidos podría presionar por compromisos más específicos en empresas exportadoras, mientras México plantea 13 inquietudes comerciales. El avance en el salario mínimo ofrece margen de maniobra, pero la falta de movimiento en libertad sindical y condiciones contractuales podría generar fricciones si no se traduce en mejoras sostenidas en las plantas.
