La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, hablaron este jueves 20 de agosto sobre la situación comercial de América del Norte y el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La conversación se produjo mientras Ottawa mantiene negociaciones con Washington para reducir aranceles estadounidenses aplicados a vehículos, acero y aluminio canadienses.
La Oficina del Primer Ministro de Canadá informó que ambos mandatarios revisaron los acontecimientos recientes que afectan el comercio regional. Según el comunicado canadiense, Sheinbaum y Carney coincidieron en la necesidad de renovar el acuerdo comercial cuanto antes para ofrecer mayor certeza a empresas, trabajadores e inversionistas de los tres países.
La llamada no implica un acuerdo trilateral inmediato ni una modificación ya aprobada del T-MEC. Sin embargo, confirma que México y Canadá buscan mantener coordinación política ante una revisión marcada por presiones sectoriales, nuevas exigencias estadounidenses y negociaciones paralelas entre Washington y cada uno de sus socios regionales.
Ottawa negocia alivios aún no definitivos
Reuters reportó que representantes de Canadá y Estados Unidos continuaban reunidos en Washington para resolver diferencias sobre un posible paquete de alivios arancelarios. Entre las propuestas discutidas figura una reducción de 25% a 15% en el gravamen estadounidense sobre vehículos fabricados en Canadá, así como una baja de 50% a 25% para determinados envíos de acero y aluminio.

También se analizan cuotas o condiciones específicas para algunos productos y mecanismos para evitar una nueva ronda de aranceles que podría afectar cerca de 20 mil millones de dólares en exportaciones canadienses. Las cifras, no obstante, corresponden a propuestas en negociación. Ni la Casa Blanca ni el gobierno canadiense habían anunciado un acuerdo definitivo al momento de la conversación entre Sheinbaum y Carney.
La distinción es relevante para México. Presentar las reducciones como una decisión cerrada alteraría la lectura de las negociaciones regionales, cuando todavía faltan definiciones sobre productos cubiertos, reglas de cumplimiento y posibles contraprestaciones. El resultado final determinará si Canadá obtiene una excepción amplia o un alivio limitado a sectores y volúmenes determinados.
Un referente para las demandas mexicanas
Los sectores en discusión son especialmente sensibles para México. Aunque numerosas exportaciones mexicanas ingresan a Estados Unidos bajo condiciones preferenciales cuando cumplen las reglas de origen del T-MEC, los automóviles, el acero y el aluminio siguen siendo focos de fricción por medidas específicas adoptadas por Washington.
En junio, Bloomberg informó que funcionarios mexicanos estimaban que el arancel promedio aplicado a ciertas exportaciones de vehículos rondaba 19%, una carga superior a la enfrentada por algunos competidores asiáticos. La industria siderúrgica mexicana también ha pedido que el gobierno negocie una disminución de los gravámenes estadounidenses sobre metales.
Si Canadá logra condiciones más favorables, México tendría un parámetro concreto para reclamar un trato comparable. No se trata de una equivalencia automática: cada negociación puede incluir compromisos distintos en materia de inversión, origen de componentes, cuotas o control de importaciones. Pero una reducción para Ottawa aumentaría la presión política y empresarial para que México evite una desventaja frente a su otro socio norteamericano.
China entra en la discusión regional
Otro punto de tensión es el origen de los metales importados desde fuera de América del Norte. Bloomberg reportó en julio que la administración estadounidense pidió a México considerar aranceles similares a los establecidos bajo la Sección 232 para acero y aluminio procedentes de terceros países, con atención particular a China.
Washington busca limitar posibles esquemas de triangulación comercial y reforzar la protección para metales producidos en Estados Unidos, Canadá y México. Para el gobierno mexicano, el desafío consiste en atender las preocupaciones estadounidenses sin elevar costos para industrias que dependen de insumos importados ni comprometer relaciones comerciales con otros proveedores. Las tasas, productos alcanzados y condiciones de un posible esquema mexicano siguen en discusión.
El tratado sigue vigente hasta 2036
La incertidumbre sobre el T-MEC responde en parte al mecanismo de revisión de 2026. Estados Unidos decidió no confirmar una extensión automática del pacto por otros 16 años, pero esa decisión no cancela el acuerdo. Al no haber consenso entre los tres gobiernos para prolongarlo, se activan revisiones anuales y el tratado puede mantenerse vigente hasta 2036.
Por ello, cuando México y Canadá hablan de renovar o extender el acuerdo, buscan reducir la incertidumbre que generan las revisiones periódicas. Un horizonte comercial más claro es relevante para industrias con cadenas de suministro integradas, como la automotriz, donde una pieza puede cruzar varias veces las fronteras antes de incorporarse a un vehículo terminado.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, señaló en julio que Washington aspira a alcanzar acuerdos provisionales separados con México y Canadá antes de concluir 2026, mientras los asuntos más complejos podrían prolongarse durante 2027. La llamada entre Sheinbaum y Carney muestra que ambos gobiernos intentan preservar una posición coordinada, aunque deberán negociar con Estados Unidos intereses nacionales propios y condiciones que aún no han sido definidas.
