Ucrania formalizó el 11 de julio de 2026 la creación de un mando especializado en operaciones de impacto de largo alcance. El presidente Volodymyr Zelenskyy firmó el decreto que separa esta estructura del resto de las fuerzas armadas para concentrar ataques contra infraestructura energética y logística rusa. La medida responde directamente a la necesidad de reducir los ingresos que Moscú obtiene de sus exportaciones de hidrocarburos y de dificultar el suministro de combustible a las tropas rusas.
El decreto de Zelenskyy y sus objetivos inmediatos
El nuevo mando tiene mandato explícito para planificar y ejecutar acciones que alcancen territorio ruso profundo. Hasta ahora las operaciones de drones de largo alcance estaban distribuidas entre distintas unidades; la centralización busca mejorar la coordinación y la asignación de recursos limitados. Los primeros blancos confirmados el mismo día del anuncio fueron la refinería Ilsky en Krasnodar y el complejo de Ust-Luga en Leningrado, además de terminales en Rostov.
Según datos del Estado Mayor ucraniano, en los cinco días previos se dañaron casi cincuenta embarcaciones en el mar de Azov. Dos fuentes del sector cerealero confirmaron que Rusia suspendió temporalmente el tráfico marítimo por el canal que une el Don con Azov, ruta clave para las exportaciones de trigo ruso.

Impacto real en la producción de combustibles rusa
Los cálculos de Reuters basados en fuentes industriales indican que la producción de gasolina rusa cayó al 65 % de su capacidad nominal. Moscú respondió prohibiendo las exportaciones de diésel para proteger el mercado interno, medida que afecta especialmente a Crimea, donde la escasez ya era visible. Esta restricción genera un efecto dominó: las refinerías operan por debajo de su potencial y el Kremlin debe priorizar el consumo militar y doméstico sobre los ingresos por exportación.
Una estrategia que trasciende el frente militar
El primer elemento distintivo de esta campaña es su carácter económico sostenido. Al golpear refinerías y depósitos, Ucrania no busca solo destruir activos militares, sino erosionar la principal fuente de divisas del Kremlin en tiempo de guerra. El segundo rasgo es la selectividad: los blancos elegidos son instalaciones que procesan crudo para exportación, no simples depósitos tácticos. Esta elección amplifica el costo político interno para Moscú, que debe explicar a su población las colas de combustible y las restricciones de exportación.
Perspectivas de los actores involucrados
Desde Kiev, el mando de largo alcance representa una forma de compensar la inferioridad en artillería y aviación mediante el uso intensivo de drones de bajo costo. Para Rusia, los ataques obligan a redistribuir sistemas de defensa antiaérea desde el frente hacia el interior, debilitando la cobertura sobre las tropas en Ucrania. Los países europeos que dependen de gas y productos petrolíferos rusos observan con atención si la reducción de la oferta eleva precios antes del próximo invierno. Turquía, principal ruta alternativa de exportación rusa, evalúa si el aumento de tráfico por el Bósforo genera riesgos logísticos adicionales.
Riesgos de escalada y limitaciones operativas
Analistas militares coinciden en que aún es temprano para medir el efecto estratégico de la campaña. Ucrania sigue sufriendo ataques con misiles rusos y padece escasez de sistemas de defensa antiaérea. Un riesgo evidente es la respuesta rusa contra infraestructura energética ucraniana, que podría intensificarse si Moscú considera que sus exportaciones están en juego. Otro límite es la capacidad de producción y lanzamiento de drones de largo alcance; sin un aumento sostenido de suministros occidentales, el ritmo de operaciones podría estabilizarse o incluso declinar.
Escenarios probables para los próximos meses
Si la prohibición de exportar diésel se mantiene, Rusia podría verse obligada a importar combustible para mantener la actividad agrícola y el transporte interno, un escenario que hasta hace pocos meses resultaba impensable. Por otro lado, si las defensas rusas logran derribar un porcentaje mayor de drones, el impacto económico se reducirá y Ucrania tendrá que ajustar su estrategia hacia blancos más dispersos pero de menor valor agregado. La variable decisiva seguirá siendo la capacidad de ambos bandos para sostener la producción y el empleo de sistemas no tripulados de largo alcance.
