El robo sistemático de brocales de alcantarilla en Cajeme ha agotado el inventario de Oomapasc y obliga al organismo a coordinar sanciones con Seguridad Pública y chatarreros. El director José Luis Pablos confirmó que el material sustraído se comercializa como chatarra, lo que genera reposiciones constantes y debilita el sistema de drenaje municipal.

La decisión de regresar al fierro fundido tras el fracaso de los brocales de poliuretano revela un problema estructural: los materiales más ligeros no resisten el tráfico vehicular y terminan fracturados. Esta experiencia demuestra que cualquier solución debe equilibrar resistencia mecánica con disuasión al robo, algo que el organismo busca ahora mediante controles en los puntos de compra de chatarra.
Acciones y requisición inmediata
Oomapasc ya solicitó 150 nuevos brocales de fierro para reponer los faltantes. La medida responde a que el inventario previo se agotó por mantenimientos y emergencias. La efectividad dependerá de que las sanciones a chatarreros que adquieran piezas robadas se apliquen de forma consistente, pues sin esa cadena de castigo el ciclo de sustracción continuará.
Implicaciones para el drenaje urbano
Cada brocal faltante incrementa el riesgo de obstrucciones y colapsos en la red de alcantarillado durante lluvias intensas. La estrategia actual combina reposición física con vigilancia comercial, lo que podría reducir pérdidas si se mantiene la coordinación interinstitucional y se evita repetir errores de material como ocurrió con el poliuretano.
