La intervención de Nicolás Albertoni en la Cena Anual por la Libertad Económica 2026 organizada por la APEDE coloca a Panamá frente a una disyuntiva concreta: seguir dependiendo de su posición geográfica o construir una red de conexiones que le permita capturar valor en un comercio mundial fragmentado por tensiones geopolíticas.
La advertencia central de Albertoni
El exvicecanciller uruguayo sostiene que el concepto tradicional de hub ya no basta. Panamá debe desarrollar capacidad de lectura anticipada de las nuevas cadenas de valor y salir activamente a buscar oportunidades en bloques como Mercosur y el CPTPP. Esta afirmación se apoya en la observación de que las decisiones de inversión están cada vez más condicionadas por factores geopolíticos, tecnológicos y regulatorios que superan la mera eficiencia logística.
El argumento de Albertoni cobra fuerza al contrastar la evolución del comercio mundial: de un modelo basado en riesgos calculables a otro dominado por incertidumbre estructural. Panamá, según el académico, reúne condiciones para actuar como puente entre Centroamérica, Sudamérica, Norteamérica, Europa y Asia, pero solo si integra sus capacidades logísticas, financieras, aéreas y diplomáticas en una estrategia coherente de largo plazo.
Tres condiciones reales para consolidar liderazgo
La primera condición radica en la diversificación de alianzas más allá del Canal. El segundo requisito exige fortalecer la diplomacia económica para atraer inversiones de mayor calidad, no solo volúmenes de tránsito. La tercera condición, menos visible, consiste en desarrollar talento y marcos regulatorios que permitan que decisiones estratégicas se tomen dentro del país y no solo se canalicen a través de él.
Estas tres condiciones no son equivalentes en dificultad. La primera depende principalmente de política exterior; la segunda requiere coordinación entre sector público y privado; la tercera implica reformas internas que enfrentan resistencias de grupos que se benefician del statu quo logístico.

Perspectivas enfrentadas entre actores clave
Los empresarios agrupados en la APEDE ven en la conferencia de Albertoni una oportunidad para presionar por una agenda más ambiciosa de apertura. La presidenta Giulia De Sanctis enfatiza que la geopolítica y la economía ya no pueden analizarse por separado y que Panamá debe prepararse para aprovechar el nuevo escenario. Esta postura coincide con el interés de atraer capitales que busquen estabilidad fuera de los grandes bloques en disputa.
Por otro lado, sectores vinculados al transporte marítimo y a la zona libre temen que una estrategia excesivamente orientada a tratados de amplio alcance diluya las ventajas comparativas actuales. Para estos actores, cualquier esfuerzo por integrarse con Mercosur podría exigir concesiones regulatorias que erosionen la competitividad del centro logístico sin garantizar retornos inmediatos.
El gobierno panameño enfrenta la tarea de equilibrar ambas visiones. Una adhesión apresurada al CPTPP podría generar beneficios en acceso a mercados asiáticos, pero también obliga a revisar estándares laborales y ambientales que generan debate interno. La relación con Mercosur, por su parte, tropieza con la asimetría de tamaño y con la necesidad de definir qué productos panameños realmente compiten en ese espacio.
Riesgos de una estrategia fragmentada
El principal riesgo radica en que Panamá avance en la firma de acuerdos sin desarrollar la capacidad institucional para implementarlos. La experiencia de otros países intermedios muestra que los tratados generan beneficios desiguales cuando no van acompañados de reformas internas en educación, logística de valor agregado y simplificación regulatoria.
Otro riesgo proviene de la volatilidad geopolítica misma. Si las tensiones entre grandes potencias se intensifican, Panamá podría verse presionado a tomar posiciones que afecten su tradicional neutralidad comercial. La falta de una doctrina clara sobre cómo manejar estas presiones podría convertir la ventaja de ser puente en una vulnerabilidad.
Proyecciones realistas hacia 2030
Si Panamá logra articular una estrategia coherente, es razonable esperar que el país capture una porción mayor de servicios de alto valor vinculados al comercio, como arbitraje de datos, financiamiento de cadenas de suministro y resolución de disputas comerciales. Sin embargo, este escenario requiere mantener la estabilidad política y avanzar en indicadores de gobernanza que hoy presentan rezagos frente a competidores regionales.
En caso contrario, Panamá podría quedar atrapado entre un rol logístico cada vez más automatizado y una incapacidad para atraer las inversiones que realmente transformen su matriz productiva. La diferencia entre ambos caminos dependerá menos de la geografía y más de la consistencia con la que se aplique la lectura que Albertoni propone para la cena de julio.
