El presidente Santiago Peña presentó el 1 de julio de 2026 su tercer informe de gestión ante el Congreso, destacando que Paraguay atraviesa el mejor momento económico de su historia. Según sus palabras, el país registró crecimientos superiores al 4 % durante tres años consecutivos, con tasas de 4,2 % en 2024, 6,6 % en 2025 y una proyección de 4,2 % para 2026. Peña atribuyó estos resultados a la solidez democrática y a la estabilidad política mantenida por el Partido Colorado durante seis décadas, con una breve interrupción entre 2008 y 2012. El mandatario también subrayó que el riesgo país se ubica en 99 puntos básicos, que la inversión extranjera ha aumentado y que, según el Banco Mundial, Paraguay es la economía sudamericana que más creció entre 1960 y 2024, con un 1520 %.

Estos datos reflejan una recuperación sostenida tras la crisis pandémica y una posición destacada frente al promedio regional. Sin embargo, el crecimiento se concentra en sectores tradicionales como la soja, la carne bovina y la generación hidroeléctrica, lo que plantea interrogantes sobre su diversificación real. La clase media ha mostrado expansión, pero persisten brechas regionales entre el eje Asunción-Ciudad del Este y las zonas rurales del Chaco y el norte del país.
Impacto sectorial y en grupos de interés
El dinamismo económico beneficia directamente al sector agroexportador, que capta la mayor parte de la inversión extranjera. Empresas de logística y transporte fluvial experimentan mayor demanda por el incremento de exportaciones hacia Brasil y Argentina. En cambio, las pequeñas y medianas industrias manufactureras enfrentan competencia de importaciones y dificultades para acceder a financiamiento en condiciones competitivas. Los trabajadores formales ven mejoras salariales moderadas, mientras que el empleo informal sigue representando más del 60 % de la fuerza laboral, según estimaciones del Banco Central del Paraguay.
Los organismos multilaterales observan con atención la trayectoria fiscal. Un riesgo país de 99 puntos básicos facilita el acceso a mercados de deuda, pero también expone al país a variaciones abruptas si se deteriora la percepción de gobernabilidad. Los inversores institucionales valoran la predictibilidad del marco regulatorio, aunque advierten sobre la concentración de poder político en un solo partido.
Estabilidad como ventaja y límite estructural
La continuidad del Partido Colorado proporciona un entorno normativo predecible que reduce la incertidumbre para proyectos de largo plazo, especialmente en energía y agroindustria. Esta estabilidad explica en parte por qué Paraguay triplicó el promedio regional de crecimiento en los últimos años. No obstante, la misma hegemonía genera riesgos de captura regulatoria y menor renovación de élites. La ausencia de alternancia competitiva puede limitar la capacidad de respuesta ante demandas sociales emergentes, como las relacionadas con el acceso al agua o la redistribución de ingresos fiscales provenientes de las binacionales.
Un análisis comparativo con Uruguay y Chile muestra que ambos países lograron diversificar sus economías tras periodos de alternancia democrática más frecuentes. Paraguay, en cambio, mantiene una matriz exportadora altamente dependiente de commodities, lo que amplifica la vulnerabilidad ante choques externos como sequías prolongadas o caídas de precios internacionales.
Perspectivas contrapuestas y riesgos latentes
Desde el oficialismo se sostiene que la solidez institucional ha permitido atraer capitales que antes evitaban la región. La oposición y organizaciones de la sociedad civil argumentan que el crecimiento no se traduce en mejoras sustanciales en educación y salud pública, sectores que reciben porcentajes del PIB inferiores a los promedios de América del Sur. Organismos como el FMI han señalado la necesidad de ampliar la base tributaria y mejorar la calidad del gasto público para sostener el ritmo de expansión.
Entre los riesgos identificados destacan la posible reversión de los precios de la soja y la carne, la exposición a eventos climáticos extremos y la presión fiscal derivada de compromisos de infraestructura. Además, el aumento de la clase media genera expectativas de mayor provisión de servicios públicos que el Estado paraguayo aún no ha logrado satisfacer de manera uniforme.
Trayectoria probable y condiciones de sostenibilidad
Si se mantiene la disciplina fiscal y se avanza en reformas que eleven la productividad agrícola y energética, Paraguay podría consolidar una tasa media anual cercana al 4 % durante la próxima década. La integración con el Mercosur y la eventual conclusión de obras de conectividad con puertos brasileños y argentinos representarían catalizadores adicionales. Sin embargo, la falta de diversificación industrial y la persistencia de brechas educativas podrían frenar el salto hacia economías de mayor valor agregado.
La trayectoria futura dependerá de la capacidad del gobierno para equilibrar la atracción de inversión extranjera con una distribución más equitativa de sus beneficios. La experiencia de otros países sudamericanos indica que los periodos de bonanza prolongados sin reformas estructurales tienden a generar ciclos de auge y ajuste más pronunciados.
