En mayo de 2026 Pemex alcanzó el 78.2% de las importaciones mexicanas de gasolina y diésel, un salto de casi 30 puntos desde el 48.4% de enero. Este cambio reduce drásticamente el espacio de los importadores privados y concentra el riesgo en un solo operador estatal en un momento de tensiones internacionales.
¿Por qué las estaciones prefieren a Pemex?
Las condiciones que ofrece la empresa estatal resultan difíciles de igualar. Pemex combina producción propia, compras internacionales y una red de almacenamiento y distribución ya establecida. Además, la política federal de contención de precios le permite vender a costos de mayoreo más bajos que los importadores privados, que enfrentan márgenes ajustados y mayor incertidumbre logística. El acuerdo renovado en marzo para mantener la gasolina regular por debajo de 24 pesos por litro y la estrategia posterior para el diésel cerca de 27 pesos reforzaron esta ventaja.
La reducción del espacio privado
Las empresas particulares importaron apenas 152 mil barriles diarios en mayo, el volumen más bajo desde mayo de 2020. Compañías como Valero, ExxonMobil, Shell, Chevron, Trafigura y Glencore mantienen presencia, pero su participación cayó al 21.8%. Esta contracción coincide con las interrupciones en el estrecho de Ormuz derivadas del conflicto entre Estados Unidos e Irán, que elevaron costos y obligaron a replantear rutas.

La concentración no ha generado desabasto generalizado hasta ahora, según datos de la Secretaría de Energía. Sin embargo, Alejandro Montufar de PetroIntelligence advierte que Pemex atiende a más clientes con precios atractivos y que la capacidad logística no crece al mismo ritmo, lo que genera retrasos puntuales en algunas terminales.
Dependencia y fragilidad del sistema
Un mercado con un solo proveedor dominante reduce las alternativas ante interrupciones en puertos, fallas en centros de distribución o aumentos repentinos de demanda. Marcial Díaz Ibarra de QUA Energy resume el riesgo: un sistema que depende de un solo operador es un sistema frágil. La experiencia de noviembre de 2019, cuando Pemex alcanzó el 78.5% de participación, muestra que este nivel no es nuevo, pero sí resulta más delicado en el contexto actual de volatilidad global.
Control de precios versus competencia
La Secretaría de Hacienda ha publicado listados de estaciones que no se adherido al acuerdo de estabilización del diésel y mantienen precios superiores. Esta vigilancia pública busca proteger a transportistas y consumidores finales, pero también presiona a los importadores privados que operan con costos más altos. A largo plazo, la menor competencia puede limitar opciones de pago, programas de recompensas y variedades de combustible con características diferenciadas.
Alex Theissen de la Asociación Nacional de Transporte Privado señala que buena parte del combustible distribuido por Pemex es importado y cumple estándares internacionales. El verdadero riesgo radica en la posible relajación de controles de trazabilidad cuando el mercado se concentra. Terceros podrían aprovechar fallas de supervisión para introducir producto irregular, un escenario que no depende solo de Pemex sino de la capacidad de las autoridades para mantener vigilancia efectiva.
Escenarios futuros para el abasto
Si las empresas privadas reducen operaciones de forma permanente, México contará con menos fuentes de suministro y una cadena de distribución más expuesta a problemas operativos de Pemex. La volatilidad internacional provocada por el conflicto en Medio Oriente podría prolongarse, elevando costos y complicando la reposición de inventarios. En ese escenario, los retrasos puntuales observados en mayo podrían convertirse en cuellos de botella recurrentes.
Por otro lado, el gobierno mantiene incentivos fiscales y acuerdos voluntarios para estabilizar precios. Esta combinación de control estatal y presión sobre precios finales puede sostener la participación de Pemex en el corto plazo, pero dificulta el retorno de competidores privados que requieren márgenes razonables para justificar infraestructura nueva.
El automovilista debe revisar el precio visible antes de cargar, verificar que la bomba marque ceros y cotejar litros e importe en el comprobante. Una gasolinera privada puede conservar su marca comercial mientras vende producto suministrado por Pemex, por lo que la concentración no siempre se traduce en cambios visibles para el consumidor final.
La concentración registrada en mayo puede ser temporal por la volatilidad internacional. Sin embargo, si se consolida, el país enfrentará un dilema estructural: mantener precios accesibles a costa de reducir la resiliencia del sistema o abrir espacio a la inversión privada para diversificar riesgos. Los datos de la Sener advierten que sus cifras pueden recibir actualizaciones retroactivas, por lo que la evolución de estos porcentajes en los próximos meses será clave para medir la profundidad del cambio.
