Persistencia del alza petrolera en Centroamérica para 2026

El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha generado una alteración sostenida en los mercados energéticos globales que se proyecta hasta 2026, según el análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Los precios promedio del petróleo se mantendrán entre un 20 y un 25 por ciento por encima de los niveles registrados en 2025, un escenario que afecta de manera directa a las economías importadoras netas de hidrocarburos en Centroamérica y el Caribe.

Orígenes del choque geopolítico y su transmisión regional

El endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra Irán desde 2019 interrumpió flujos de crudo que antes equilibraban la oferta mundial. Esta reducción de volúmenes disponibles elevó las primas de riesgo en los contratos de futuros y desencadenó un encarecimiento estructural que persiste más allá de los picos iniciales. Los países centroamericanos y caribeños, carentes de producción propia significativa, absorbieron el incremento a través de contratos de importación indexados a referencias internacionales como el Brent y el WTI. La dependencia de buques tanqueros para el abastecimiento añade costos de flete y seguros marítimos que amplifican el efecto inicial del conflicto.

La transmisión del choque no se limita al precio del barril. El encarecimiento simultáneo de la gasolina, el diésel y el combustible de aviación, que se ubica entre un 64 y un 74 por ciento por encima de los valores previos al conflicto, modifica la estructura de costos de sectores estratégicos como el transporte de carga y el turismo aéreo.

Desigualdad de impactos entre exportadores e importadores netos

Trinidad y Tobago emerge como excepción dentro del panorama regional por su condición de exportador neto de hidrocarburos. Los ingresos fiscales derivados de la venta de gas natural licuado compensan parcialmente el alza interna de combustibles. En contraste, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Haití y República Dominicana enfrentan un deterioro estimado en torno a 0,9 puntos porcentuales del PIB conjunto. Las economías caribeñas sin producción de hidrocarburos registran una pérdida media de 0,5 por ciento del PIB, concentrada en sectores dependientes del turismo y del comercio de bienes perecederos.

Repercusiones en fertilizantes y cadenas alimentarias

El encarecimiento de la urea en un 82 por ciento afecta directamente los costos de producción agrícola en países que importan la mayor parte de sus insumos nitrogenados. En Guatemala y Honduras, donde el maíz y el frijol constituyen la base de la dieta, el aumento de los fertilizantes reduce los márgenes de los pequeños productores y eleva el riesgo de menor superficie cultivada en la próxima temporada. Esta dinámica alimenta presiones inflacionarias sobre productos básicos que ya enfrentan interrupciones logísticas por el alza del diésel. La CEPAL advierte que la combinación de energía cara y fertilizantes costosos puede derivar en desabastecimiento temporal y en una mayor dependencia de importaciones alimentarias, cuyo transporte internacional también se encarece.

Restricciones a la política monetaria y presión sobre la deuda

Los bancos centrales de la región enfrentan un margen reducido para bajar tasas de interés. El fortalecimiento del dólar incrementa el servicio de la deuda externa denominada en esa divisa, mientras que las primas de riesgo elevan el costo de refinanciamiento de bonos soberanos. En Haití y República Dominicana, donde los niveles de endeudamiento ya superan el 50 por ciento del PIB, cualquier incremento adicional en los costos de importación erosiona las reservas internacionales y complica la defensa de la estabilidad cambiaria. Las familias perciben esta presión a través de la pérdida de poder adquisitivo, especialmente en los quintiles de menores ingresos que destinan una proporción mayor de su presupuesto a transporte y alimentos.

Trayectorias de adaptación y límites de la diversificación energética

Varios países han avanzado en la incorporación de fuentes renovables para generación eléctrica, como Costa Rica con su matriz hidroeléctrica y geotérmica. Sin embargo, la integración regional a mercados globales de alimentos y bienes de capital mantiene la exposición a la volatilidad de los precios del petróleo. La falta de infraestructura de interconexión eléctrica entre Centroamérica y las islas del Caribe impide que los excedentes renovables de un país compensen la dependencia de otro. A mediano plazo, la continuación del conflicto podría acelerar proyectos de almacenamiento energético y biocombustibles de segunda generación, pero los plazos de maduración de estas inversiones superan el horizonte de 2026 analizado por la CEPAL.

Riesgos acumulados para la estabilidad macroeconómica regional

La combinación de inflación importada, menor crecimiento y restricciones fiscales reduce el espacio para programas de protección social en economías ya vulnerables. El turismo, principal fuente de divisas en muchas islas caribeñas, enfrenta costos operativos más altos que pueden trasladarse a tarifas hoteleras y paquetes aéreos, afectando la competitividad frente a destinos mediterráneos o del sudeste asiático. Panamá, por su rol como hub logístico del canal, observa cómo el encarecimiento del combustible de aviación y marítimo encarece las operaciones de transbordo y reduce márgenes de las navieras que utilizan el istmo. Estos efectos interconectados configuran un escenario en el que la recuperación postpandemia se ve limitada por factores externos que escapan al control de las políticas domésticas.

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