Perspectivas de crecimiento como riesgo principal

El Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (CESF) reveló que el deterioro de las expectativas de crecimiento económico se ha convertido en la principal preocupación de los intermediarios financieros mexicanos durante el primer semestre de 2026.

Esta percepción surge en un contexto marcado por la persistencia de tensiones geopolíticas en Oriente Medio y la desaceleración observada en varias economías avanzadas desde finales de 2025. El CESF, integrado por el Banco de México, la Secretaría de Hacienda y otras autoridades, actualizó su diagnóstico tras la sesión del 30 de junio, destacando que tanto los riesgos externos como los internos apuntan a una posible contracción del dinamismo productivo.

Antecedentes: de la recuperación postpandemia al estancamiento regional

Desde 2023, México había registrado una recuperación moderada impulsada por el nearshoring y el flujo de remesas. Sin embargo, el segundo trimestre de 2025 mostró ya señales de agotamiento: la inversión fija bruta se contrajo 1.8% interanual y el consumo privado creció apenas 0.9%. El conflicto en Oriente Medio, que se intensificó a finales de 2025, elevó los precios del petróleo Brent por encima de 95 dólares el barril durante varios meses, afectando directamente los costos de transporte y manufactura.

La Encuesta de Percepción de Riesgo Sistémico del CESF refleja esta trayectoria. En el semestre anterior, los intermediarios mencionaban con mayor frecuencia la inflación importada; ahora el foco se desplaza hacia el crecimiento. Esta transición coincide con la decisión de la Reserva Federal de mantener tasas elevadas durante más tiempo del previsto, lo que reduce los flujos de capital hacia economías emergentes.

En el ámbito interno, la ratificación de la calificación soberana por dos agencias y la rebaja de un escalón por la tercera reflejan la misma cautela. Aunque México conserva grado de inversión, los costos de financiamiento para el gobierno y las empresas grandes han aumentado en promedio 35 puntos base desde marzo.

Impactos inmediatos en el sistema financiero y la política monetaria

La percepción de menor crecimiento afecta directamente las decisiones de otorgamiento de crédito. La banca comercial ya reportó en mayo una ligera recuperación en la cartera de consumo, pero los intermediarios encuestados anticipan que endurecerán estándares para préstamos a pymes durante el segundo semestre. Esta restricción puede amplificar la holgura económica que el propio CESF prevé para los próximos trimestres.

El Banco de México enfrenta un dilema adicional. Aunque la inflación general ha descendido a 3.8%, el componente subyacente de servicios permanece por encima de 4.2%. Si el crecimiento se debilita más de lo esperado, la autoridad podría verse obligada a recortar tasas antes de lo previsto, arriesgando una salida de capitales que presione el tipo de cambio. El CESF señala que la volatilidad cambiaria sigue sensible a cualquier señal de deterioro adicional en las negociaciones de Oriente Medio.

Consecuencias sectoriales y sociales a mediano plazo

El sector manufacturero exportador, especialmente el automotriz y el electrónico, depende de cadenas de suministro que atraviesan el estrecho de Ormuz. Una interrupción prolongada elevaría costos logísticos entre 12% y 18%, según estimaciones de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación. Esto podría traducirse en menor contratación de personal temporal y en la postergación de proyectos de expansión en estados como Nuevo León y Chihuahua.

En el plano social, las remesas, que en 2025 superaron los 65 mil millones de dólares, muestran ya una desaceleración en su tasa de crecimiento. Si el empleo en Estados Unidos se debilita por la misma causa, los hogares receptores en México enfrentarían menor poder adquisitivo, afectando principalmente al consumo en regiones del centro y occidente del país.

Resiliencia del sistema y riesgos estructurales de largo plazo

El CESF enfatiza que el sistema financiero mexicano mantiene niveles de capital y liquidez superiores a los mínimos regulatorios. Esta fortaleza permitiría absorber un choque moderado sin generar una crisis de crédito generalizada. No obstante, la combinación de menor crecimiento, tensiones geopolíticas persistentes y posible endurecimiento de condiciones financieras externas representa un riesgo acumulado que podría materializarse entre 2027 y 2028 si las tensiones en Oriente Medio no se resuelven.

A nivel estructural, la menor inversión productiva retrasa la transición energética y la modernización de infraestructura logística. Proyectos de energías renovables que dependen de financiamiento internacional ya reportan demoras en su cierre financiero. Esta situación limita la capacidad de México para cumplir metas de reducción de emisiones y reduce su atractivo frente a otros destinos de nearshoring en el sudeste asiático.

En síntesis, el diagnóstico del CESF no solo describe una percepción coyuntural, sino que señala la necesidad de políticas que fortalezcan la diversificación de mercados y eleven la productividad interna para mitigar la vulnerabilidad ante choques externos recurrentes.

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