El dólar estadounidense abrió la jornada del 28 de julio a 939,74 pesos chilenos, una variación mínima respecto al cierre previo. Esta cotización se inscribe en un contexto donde las proyecciones de consenso apuntan a una apreciación moderada del peso hacia 2026, con un rango estimado entre 820 y 880 pesos por dólar. La estabilidad derivada de un giro político hacia la derecha y el comportamiento del cobre configuran un escenario que podría beneficiar a varios sectores, aunque no sin contrapartes significativas.
La apreciación del peso reduciría el costo de las importaciones de bienes de capital y tecnología, favoreciendo la modernización productiva en industrias que dependen de insumos externos. Empresas manufactureras y de servicios podrían ver mejorada su competitividad en costos operativos, lo que a su vez podría traducirse en mayor inversión privada si se mantiene la confianza empresarial impulsada por las reformas en curso.

Impacto en el consumo interno y la deuda pública
Una trayectoria descendente del tipo de cambio aliviaría la presión inflacionaria proveniente de bienes importados, permitiendo al Banco Central de Chile mantener tasas de interés más bajas durante periodos prolongados. Esto beneficiaría directamente a los hogares con deudas en dólares o con gastos en productos extranjeros, mejorando el poder adquisitivo real. Al mismo tiempo, la reducción de la volatilidad observada recientemente, situada en 9,58 por ciento, ofrece un margen para que el gobierno gestione la deuda pública, que alcanzó el 37 por ciento del PIB tras la pandemia, con menor riesgo de incremento en el servicio de la misma.
Riesgos derivados de la dependencia del cobre
El escenario positivo descansa en gran medida en la evolución de los precios internacionales del cobre. Una caída abrupta en las cotizaciones, motivada por desaceleración global o aumento de oferta alternativa, elevaría el valor del dólar y revertiría las ganancias del peso. Exportadores mineros verían reducidos sus ingresos en moneda local, afectando la recaudación fiscal y los planes de inversión en regiones productoras. Esta vulnerabilidad externa podría amplificar choques externos, limitando la capacidad de respuesta del Estado ante crisis inesperadas.
Efectos en el empleo y la recuperación laboral
Si bien la apreciación del peso podría estimular el consumo y la inversión, la recuperación del mercado laboral tras la pandemia sigue siendo lenta. Sectores exportadores no mineros, como la agricultura y la manufactura orientada al exterior, enfrentarían márgenes más estrechos ante un peso más fuerte. Esto podría retrasar la generación de empleos formales en zonas alejadas de los centros mineros, perpetuando desigualdades regionales y presionando los presupuestos de apoyo fiscal directo que ya mostraron su límite durante 2021.
Incertidumbre política y entrada de capitales
El giro hacia políticas de derecha ha impulsado la confianza empresarial, atrayendo potencialmente mayor inversión extranjera directa. Sin embargo, cualquier reversión en el programa de reformas o tensiones sociales derivadas de ajustes fiscales podría erosionar esa confianza rápidamente. Una salida abrupta de capitales ante percepciones de inestabilidad incrementaría la demanda de dólares, elevando el tipo de cambio por encima de las bandas proyectadas y complicando el objetivo de situarlo cerca de 840 pesos al cierre de 2026.
Volatilidad persistente y opciones de cobertura
Aunque la volatilidad actual se mantiene por debajo de los niveles de referencia, analistas internacionales advierten que factores como interrupciones en cadenas de suministro globales o cambios en la política monetaria de Estados Unidos podrían reactivar fluctuaciones. Empresas con exposición cambiaria necesitarán instrumentos de cobertura más sofisticados, elevando costos operativos para medianas y pequeñas firmas que carecen de acceso a derivados sofisticados. Esta brecha podría ampliar la diferencia entre grandes corporaciones y el tejido empresarial más amplio.
En este marco, la trayectoria del peso chileno hacia 2026 dependerá de la combinación entre estabilidad interna y condiciones externas favorables. La capacidad de las autoridades para equilibrar reformas con prudencia fiscal determinará si los beneficios de una moneda más fuerte se distribuyen de manera amplia o si los riesgos asociados terminan predominando en sectores vulnerables.
