El peso mexicano cerró el miércoles en 17.3807 unidades por dólar, con una apreciación del 0.23% frente a un dólar debilitado por la caída inesperada de 0.3% en los precios al productor de Estados Unidos durante junio. El dato superó las expectativas de estabilidad y reforzó lecturas previas de inflación al consumidor más benignas, elevando el apetito por activos de mercados emergentes.

El avance del peso, sin embargo, quedó limitado por la cautela ante nuevos ataques de Washington contra Irán y el restablecimiento de un bloqueo naval a sus puertos, que impulsaron los precios del petróleo. En la BMV, el S&P/BMV IPC avanzó apenas 0.09% hasta 66,573.84 puntos, con alzas destacadas en Banco del Bajío y Volaris. El Banco de México anunció una permuta de deuda gubernamental para el viernes, cuyo monto dependerá de la demanda.
El movimiento ilustra un equilibrio frágil: las señales de menor presión inflacionaria en Estados Unidos favorecen temporalmente a monedas emergentes, pero los riesgos geopolíticos en Oriente Medio actúan como freno inmediato para activos sensibles a la energía como el peso.
