Peso mexicano bajo presión por tensiones EE.UU.-Irán

El recrudecimiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán ha activado mecanismos de aversión al riesgo que afectan directamente a monedas emergentes como el peso mexicano. El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 por ciento del petróleo mundial, volvió a convertirse en foco de inestabilidad después de que Teherán anunciara su cierre parcial. Esta decisión reactiva una dinámica observada en episodios previos, como la crisis del Golfo de 1990 y los enfrentamientos de 2019, cuando el encarecimiento energético se transmitió rápidamente a las economías dependientes de importaciones de combustible y de flujos de capital volátiles.

La depreciación del peso hasta 17.4816 unidades por dólar refleja una salida ordenada pero sostenida de posiciones en activos mexicanos. Fondos de inversión que operan con reglas de exposición a mercados de alto rendimiento han reducido su participación en bonos denominados en pesos, mientras que los derivados de tipo de cambio muestran un aumento en las primas de riesgo a un mes. Esta reacción no es aislada: el real brasileño y el rand sudafricano registraron movimientos similares, aunque de menor magnitud, lo que indica un ajuste regional ante la percepción de que el conflicto podría prolongarse.

Raíces históricas del conflicto energético

Las tensiones actuales no surgen de manera espontánea. Desde la nacionalización iraní de 1951 y la posterior crisis de 1979, el control sobre las rutas marítimas del Golfo Pérsico ha sido un factor recurrente en la fijación de precios del crudo. Cada vez que el estrecho de Ormuz enfrenta amenazas de bloqueo, las primas de riesgo en los contratos de futuros se elevan de forma inmediata. En 2011, durante el endurecimiento de sanciones contra el programa nuclear iraní, el Brent superó los 120 dólares por barril durante varias semanas, un nivel que alteró los balances fiscales de países importadores netos como México.

La experiencia de 2019 resulta particularmente ilustrativa. Tras el ataque a instalaciones petroleras saudíes, el precio del WTI subió más de 15 por ciento en dos sesiones. México, que entonces importaba volúmenes significativos de diésel y gasolina, enfrentó un incremento en la factura energética que presionó las finanzas públicas y obligó a ajustes en el presupuesto de infraestructura. La actual reaparición de estas dinámicas sugiere que los mercados ya descuentan un escenario de mayor duración de las hostilidades.

Transmisión a la política monetaria estadounidense

Los datos de inflación de junio en Estados Unidos, cuya publicación está programada para el martes, adquieren ahora una relevancia adicional. Un aumento en los precios de la energía podría elevar la lectura del índice de precios al consumidor por encima de las previsiones, reforzando la postura de la Reserva Federal de mantener las tasas sin cambios durante el resto del año, tal como anticipa Grupo Financiero Banorte. Esta expectativa reduce el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos, limitando el atractivo de carry trade que había sostenido al peso en meses anteriores.

La primera comparecencia de Kevin Warsh como presidente de la Fed ante el Congreso ocurrirá en un contexto donde los funcionarios deberán equilibrar señales de enfriamiento del empleo con posibles repuntes inflacionarios derivados del petróleo. Históricamente, cuando los choques de oferta energética coinciden con ciclos de ajuste monetario, los bancos centrales de economías emergentes enfrentan dilemas más agudos entre defender la moneda y sostener el crecimiento interno.

Peso mexicano bajo presión por tensiones EE.UU.-Irán

Efectos en sectores productivos mexicanos

La industria automotriz, que representa más del 3 por ciento del PIB mexicano y depende de cadenas de suministro integradas con Estados Unidos, observa con atención el encarecimiento del transporte marítimo. Las primas de seguro para buques que cruzan el Golfo de México ya muestran incrementos, y cualquier interrupción prolongada en Ormuz podría encarecer el flete de componentes electrónicos provenientes de Asia. Empresas como Grupo Bimbo y Cemex, con operaciones globales, han comenzado a revisar cláusulas de fuerza mayor en contratos de suministro de energía.

El sector turístico, que aporta divisas equivalentes al 8 por ciento de las exportaciones totales, también registra cancelaciones preventivas por parte de operadores europeos que temen un aumento generalizado de los costos de combustible aéreo. Aunque el impacto inmediato sigue siendo moderado, la acumulación de reservas de viajeros para el invierno podría resentirse si las tensiones persisten más allá de agosto.

Reconfiguración de flujos de capital y reservas

Banco de México ha mantenido un nivel de reservas internacionales superior a los 200 mil millones de dólares, lo que proporciona un colchón para intervenciones puntuales. Sin embargo, la experiencia de 2015, cuando la combinación de caída del petróleo y apreciación del dólar provocó una depreciación acumulada del peso superior al 20 por ciento, demuestra que las reservas no sustituyen a ajustes estructurales en la cuenta corriente. Los analistas de Banorte destacan que la estabilidad del tipo de cambio dependerá en gran medida de la evolución del superávit comercial no petrolero, que hasta ahora ha compensado parcialmente la salida de capitales de cartera.

En el mediano plazo, una prolongación del conflicto podría acelerar la renegociación de tratados comerciales que reduzcan la dependencia de rutas energéticas inestables. Países como India y China ya han intensificado sus compras de crudo a proveedores alternativos, un patrón que podría replicarse en América Latina si los precios del Brent se estabilizan por encima de 90 dólares durante varios trimestres consecutivos.

Implicaciones para la estabilidad social y fiscal

El encarecimiento de combustibles y alimentos derivados del petróleo afecta de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos. En 2022, cuando los precios internacionales del crudo superaron los 110 dólares, el índice de precios al consumidor en México registró un repunte de 0.8 puntos porcentuales atribuible exclusivamente a la energía. Una repetición de ese escenario complicaría los esfuerzos del gobierno por mantener subsidios focalizados sin deteriorar las finanzas públicas, especialmente en un año en que el gasto en programas sociales ya representa una porción significativa del presupuesto.

La volatilidad cambiaria también incide en las decisiones de inversión de las empresas. Proyectos de nearshoring que habían contemplado instalaciones en el norte del país podrían diferirse si los costos de importación de maquinaria y el tipo de cambio se mantienen elevados durante más tiempo. Esta dinámica introduce un elemento de incertidumbre en las proyecciones de crecimiento para 2027, que hasta hace unas semanas se situaban en torno al 2 por ciento anual.

La interacción entre el conflicto geopolítico y las variables macroeconómicas mexicanas revela que los choques externos ya no se limitan al canal comercial. La transmisión a través de expectativas inflacionarias, primas de riesgo y flujos de cartera genera efectos de segundo orden que pueden persistir incluso después de que las hostilidades disminuyan. La capacidad de las autoridades para comunicar un marco de política predecible será determinante para limitar el alcance de estos efectos en los próximos meses.

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