Petrobras y Ecopetrol confirmaron la presencia de gas natural en el pozo Sandía-1, perforado en aguas del mar Caribe colombiano, a unos 42 kilómetros de la costa. El hallazgo se produjo dentro del bloque GUA-OFF-0 y añade nuevos volúmenes potenciales a una zona que en los últimos años ha concentrado parte de las principales expectativas de exploración costa afuera del país.
Las compañías informaron que durante la perforación fueron identificados intervalos con gas natural. Sin embargo, el descubrimiento todavía se encuentra en una fase de evaluación: los registros obtenidos en el pozo deben complementarse con análisis de laboratorio y eventuales pruebas adicionales antes de establecer el volumen, la calidad y la viabilidad comercial del recurso.

Un pozo conectado con una zona estratégica
Sandía-1 está ubicado a una profundidad de 1.285 metros y se encuentra cerca de otros pozos relevantes del Caribe colombiano. El punto de perforación está aproximadamente a 18 kilómetros de Sirius y a 9 kilómetros de Copoazú, mientras que también mantiene proximidad con Sirius-1 y Sirius-2. Para las empresas, esta distribución refuerza la posibilidad de que exista continuidad geológica entre diferentes acumulaciones de gas.
La cercanía entre los pozos no demuestra por sí sola que formen un único yacimiento ni garantiza que puedan desarrollarse mediante una infraestructura común. Esa hipótesis deberá ser confirmada con estudios sísmicos, evaluaciones de presión y comportamiento del reservorio. No obstante, contar con descubrimientos concentrados en una misma área podría facilitar, en una etapa posterior, la planificación técnica y logística de eventuales proyectos de producción.
El bloque GUA-OFF-0 opera bajo un contrato suscrito con la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Petrobras es la operadora y posee una participación del 44,4%, mientras que Ecopetrol cuenta con el 55,6% restante. La estructura del proyecto combina la experiencia internacional de la compañía brasileña en operaciones offshore con la participación de la empresa estatal colombiana en una zona considerada prioritaria para el abastecimiento energético.
La perforación terminó tras casi siete semanas
La campaña de perforación de Sandía-1 comenzó el 12 de junio de 2026 y finalizó el 29 de julio. Durante ese periodo, los equipos técnicos analizaron las formaciones atravesadas por el pozo y detectaron los intervalos que contienen gas. La confirmación inicial se basa en los registros de pozo, que ahora serán revisados junto con muestras y resultados de laboratorio para determinar las características del hallazgo.
Este procedimiento es determinante porque la identificación de gas no equivale automáticamente a la existencia de reservas probadas ni a una decisión de desarrollo. Para avanzar hacia una eventual producción, las compañías deberán establecer cuánto gas puede extraerse, a qué ritmo, con qué costos y bajo qué condiciones ambientales y regulatorias. También será necesario definir si el descubrimiento puede integrarse a otros proyectos del área.
Petrobras señaló que su participación responde a una estrategia de largo plazo orientada a explorar nuevas áreas y recomponer las reservas de hidrocarburos en Colombia. La empresa presentó la cooperación con Ecopetrol como un mecanismo para fortalecer el abastecimiento y atender la demanda interna, en un contexto en el que el país busca ampliar sus fuentes de suministro nacional.
Qué puede cambiar para el abastecimiento
Ecopetrol calificó el resultado como un paso relevante para la seguridad energética. La compañía sostuvo que la información obtenida permitirá mejorar la planificación del aprovechamiento de los recursos y contribuir, en el futuro, a reducir la necesidad de importaciones. El impacto, sin embargo, no sería inmediato: entre un descubrimiento exploratorio y la entrada en operación de un campo pueden transcurrir varios años de evaluación, diseño, permisos, construcción e inversión.
La importancia del hallazgo está vinculada a la evolución de la oferta de gas en Colombia. Un aumento de la producción local podría aportar mayor estabilidad al suministro para los hogares, la industria y la generación eléctrica, además de limitar la exposición a los precios internacionales y a los costos de transporte de gas importado. Pero esos beneficios dependerán de que el volumen recuperable sea suficiente y de que la infraestructura para llevar el gas a los centros de consumo esté disponible a tiempo.
El desarrollo offshore también implica desafíos específicos. Las operaciones en aguas profundas requieren inversiones elevadas, sistemas de transporte submarino, instalaciones de procesamiento y estrictos controles de seguridad y ambientales. Por ello, la rentabilidad de Sandía-1 no se definirá únicamente por la cantidad de gas encontrada, sino por la relación entre las reservas recuperables, la complejidad operativa y las condiciones del mercado.
Por ahora, el resultado confirma un nuevo indicio favorable para la exploración gasífera en el Caribe, pero no establece una fecha de producción ni un volumen comercial definitivo. Las próximas evaluaciones deberán precisar si Sandía-1 puede convertirse en parte de un desarrollo integrado con los descubrimientos cercanos. Hasta entonces, su principal efecto es ampliar el conocimiento geológico de la zona y fortalecer las expectativas sobre el potencial energético de Colombia en el mar Caribe.
