El mercado del aceite de oliva en España llega a este viernes 21 de agosto de 2026 con nuevas referencias de precios que reflejan un escenario todavía condicionado por la cosecha, el clima y los costes de producción. Las últimas cotizaciones publicadas por Infaoliva, las Almazaras Federadas de Córdoba y la Junta de Andalucía sitúan al virgen extra entre 3,35 y 3,45 euros por kilo, al virgen entre 3,20 y 3,28 euros y al lampante entre 3,03 y 3,07 euros, una banda de precios que ayuda a medir el pulso de un producto estratégico para la economía española.
España sigue siendo el principal exportador mundial de aceite de oliva y concentra más de la mitad de las exportaciones internacionales, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Esa posición explica por qué cualquier variación, por pequeña que parezca, tiene impacto no solo en el campo, sino también en la industria, la distribución y el consumidor final. En un mercado tan sensible a la oferta disponible, la lectura de los precios de referencia funciona como termómetro de la campaña y como señal para anticipar movimientos en los próximos meses.

Las referencias del día
Las cotizaciones actualizadas muestran una diferencia moderada entre las distintas fuentes consultadas. Infaoliva fija el virgen en 3,2 euros, el virgen extra en 3,35 euros y el lampante en 3,07 euros por kilo. La Junta de Andalucía eleva ligeramente esas referencias hasta 3,28 euros, 3,45 euros y 3,03 euros, respectivamente. En cambio, las Almazaras Federadas de Córdoba no publican precio en esta actualización y aparecen como “S.C.”, una ausencia que impide comparar en ese canal concreto la evolución inmediata del mercado.
La dispersión entre indicadores no responde solo a diferencias metodológicas; también refleja que el aceite de oliva no se mueve como un bien homogéneo. La calidad, el destino industrial, el volumen disponible y la presión comercial de cada zona introducen variaciones que pueden ser temporales, pero que afectan a la percepción del mercado. Para operadores y productores, estos rangos importan porque marcan expectativas de venta y negociación en un momento en el que la campaña todavía no se considera cerrada desde el punto de vista comercial.
Un año marcado por el clima
El comportamiento de los precios no puede separarse de un contexto agronómico irregular. El año 2025 fue difícil para los productores por el impacto de las condiciones climáticas sobre una materia prima especialmente sensible a la sequía, las lluvias extremas y las temperaturas fuera de patrón. La revista especializada Olive Oil Times ha apuntado que la producción de la campaña 2025/2026 podría quedar por debajo de la del ejercicio anterior en varios de los principales países productores, entre ellos España, aunque todavía por encima de la media quinquenal.
Las estimaciones citadas por esa publicación sitúan la producción conjunta de Grecia, Italia, Portugal, España, Túnez y Turquía en torno a 2,65 millones de toneladas métricas, frente a las 2,94 millones de la campaña 2024/25. La comparación confirma que el sector no solo depende del volumen cosechado en España, sino también del equilibrio mediterráneo. Si varios orígenes ajustan su oferta al mismo tiempo, el mercado internacional tiende a tensionarse; si la cosecha supera las previsiones, la presión sobre los precios puede moderarse con rapidez.
El Gobierno vigila una posible sobreoferta
En paralelo, el Ministerio de Agricultura contempló este verano la posibilidad de activar mecanismos de regulación si se confirman cosechas elevadas y desequilibrios de mercado. Tras unas lluvias abundantes y temperaturas suaves en primavera, el MAPA no descartó en agosto una “cosecha cuantiosa en 2025/26” y sometió a consulta pública un proyecto de norma de comercialización de aceite para poder retirar producto del mercado en la próxima campaña. La medida busca evitar ventas por debajo de costes en un sector donde la volatilidad se traslada con rapidez a la renta agraria.
Esa eventual retirada no está aprobada de forma definitiva y depende de una orden que aún debe publicarse. Agricultura ha precisado que solo se aplicará si las estimaciones confirman una producción elevada y posibles desajustes de mercado. La cautela del ministerio responde a una tensión conocida en el sector: cuando la oferta crece demasiado rápido, los precios pueden caer con fuerza, pero una intervención prematura también distorsiona las señales comerciales. El escenario actual, por tanto, combina referencias estables en el corto plazo con una vigilancia estrecha sobre lo que ocurra en los próximos meses.
