Precio del dólar en Cuba se mantiene estable al cierre del 13 de julio

El dólar estadounidense cerró el 13 de julio sin variaciones en el mercado oficial cubano, manteniéndose en 24 pesos cubanos por unidad. Esta estabilidad se registró tras dos jornadas consecutivas sin cambios, en un contexto donde la volatilidad del tipo de cambio se ubicó en 1,32 por ciento, por debajo del nivel de referencia de 3,58 por ciento. El dato contrasta con el avance semanal de 0,12 por ciento y el incremento interanual de 0,39 por ciento, que reflejan una tendencia contenida pero persistente.

La ausencia de movimientos abruptos en la cotización oficial no implica ausencia de presiones subyacentes. El peso cubano enfrenta una demanda estructural de divisas derivada de la escasez de productos básicos y de la necesidad de importar insumos para sectores estratégicos como el turismo y los servicios médicos. En este escenario, el tipo de cambio oficial actúa como un ancla que limita la transmisión inmediata de tensiones al mercado formal, aunque deja abierta la pregunta sobre la sostenibilidad de esa paridad en el mediano plazo.

Contexto histórico de la unificación monetaria

La actual relación de 24 pesos cubanos por dólar tiene su origen en el proceso de unificación monetaria iniciado el 1 de enero de 2021. Antes de esa fecha coexistían el peso cubano y el peso convertible, este último con paridad fija respecto al dólar. La eliminación del peso convertible y la fijación de la tasa en 24 pesos por dólar representaron una devaluación efectiva para gran parte de la economía, aunque el gobierno la presentó como una medida de ordenamiento. Desde entonces, el tipo de cambio oficial ha permanecido sin ajustes nominales, mientras la inflación acumulada y la dolarización informal han erosionado el poder adquisitivo interno.

La historia monetaria cubana muestra que la estabilidad nominal no siempre coincide con la estabilidad real. Entre 2002 y 2005 la tasa pasó de 21 a 25 pesos por peso convertible, y en 2021 se consolidó en 24 pesos por dólar. Cada ajuste generó efectos redistributivos: quienes tenían acceso a divisas perdieron poder de compra relativo, mientras que el Estado buscó capturar mayores ingresos en moneda nacional. El resultado actual es un mercado oficial anclado y un mercado informal que refleja expectativas de escasez futura de divisas.

Proyecciones económicas para 2026

El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, anunció que Cuba espera un crecimiento del 1 por ciento del producto interno bruto en 2026, la misma meta que no se alcanzó en 2025 debido a la contracción de la actividad productiva. El país operará bajo el marco de una “economía de guerra”, expuesta a riesgos externos e internos que podrían agravarse. Las proyecciones descansan principalmente en la recuperación del turismo y en los ingresos por servicios médicos de exportación, dos rubros que históricamente han aportado divisas frescas.

La meta de inflación del 10 por ciento para el mercado formal implica una desaceleración respecto al 14,07 por ciento registrado al cierre de 2025. Sin embargo, la reducción de cinco puntos porcentuales depende de que se cumplan los supuestos de mayor disponibilidad de bienes y de contención del gasto fiscal. El déficit proyectado para 2026 asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, cifra similar a la del año anterior.

Precio del dólar en Cuba se mantiene estable al cierre del 13 de julio

Los problemas estructurales identificados por las propias autoridades incluyen la persistencia de escasez, los apagones recurrentes, la inflación elevada, la creciente dolarización y la migración masiva. Entre 2020 y 2024 la economía cubana se contrajo un 11 por ciento, y en 2024 el PIB retrocedió un 1,1 por ciento, marcando el segundo año consecutivo de caída. Esta secuencia de contracciones reduce la base productiva sobre la cual se construyen las metas de 2026 y aumenta la dependencia de fuentes externas de financiamiento.

Desafíos para atraer inversión extranjera

El gobierno ha reiterado la necesidad de captar capital extranjero y ha ofrecido un entorno “más dinámico y transparente” con mayores facilidades y garantías. No obstante, el reconocimiento de las dificultades financieras actuales y de la complejidad del contexto internacional y doméstico introduce un elemento de cautela. Los inversionistas evalúan no solo las declaraciones de política, sino también la trayectoria real de cumplimiento de contratos y la convertibilidad de los beneficios obtenidos.

La experiencia de los últimos años muestra que la falta de divisas limita tanto la importación de bienes intermedios como la repatriación de utilidades. Mientras persista esa restricción, los anuncios de apertura pueden tener un efecto limitado sobre los flujos de inversión. La combinación de un tipo de cambio oficial fijo, un déficit fiscal elevado y una inflación que, aunque en descenso, sigue siendo de dos dígitos configura un entorno que exige señales más concretas de mejora en la disponibilidad de divisas y en la predictibilidad regulatoria.

En resumen, la estabilidad del dólar a 24 pesos cubanos el 13 de julio refleja una política de ancla nominal que convive con tensiones acumuladas en la economía real. Las proyecciones de crecimiento e inflación para 2026 dependerán de la capacidad de generar divisas a través del turismo y los servicios médicos, así como de la contención del gasto público. La evolución del tipo de cambio oficial y la brecha con el mercado informal seguirán siendo indicadores clave para evaluar si la estabilidad observada en julio se consolida o se ve interrumpida por presiones externas o internas.

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