En la apertura de la jornada del 7 de julio, el euro alcanzó un promedio de 27,45 pesos cubanos, lo que representa un incremento del 0,09% frente al cierre anterior de 27,43 pesos. Esta variación, aunque modesta, se inscribe en un contexto donde el tipo de cambio refleja tanto las presiones internas del mercado cambiario como las limitaciones estructurales de la economía cubana. La estabilidad observada en los últimos días contrasta con la volatilidad histórica del peso frente a las principales divisas.
Durante la última semana el euro acumuló un avance del 0,61%, mientras que en términos interanuales registra una contracción del 1,79%. Estos datos sugieren que, pese a la tendencia alcista de corto plazo, la moneda europea mantiene una trayectoria descendente más amplia frente al peso cubano, influida por factores como la escasez de divisas y las restricciones al acceso de divisas por parte de la población y las empresas.

El tipo de cambio euro-peso cubano no opera de forma aislada. Su comportamiento está estrechamente vinculado a la disponibilidad de dólares y a las políticas de unificación monetaria implementadas desde 2021. La desaparición del peso convertible dejó al peso cubano como única moneda de curso legal, pero también expuso las fragilidades del sistema cambiario oficial frente al mercado informal, donde las cotizaciones suelen divergir significativamente.
Proyecciones económicas y contexto de guerra
Para 2026 el Gobierno cubano proyecta un crecimiento del 1% del producto interno bruto, la misma meta que no se cumplió en 2025 debido a la contracción económica acumulada. El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, ha descrito el escenario como una “economía de guerra”, marcada por amenazas externas, riesgos internos y tensiones que podrían agravarse. Esta caracterización no es meramente retórica: entre 2020 y 2024 la economía se contrajo un 11% y en 2024 el PIB retrocedió un 1,1%, configurando dos años consecutivos de caída.
Las autoridades esperan que el turismo y los servicios médicos de exportación aporten las divisas necesarias para sostener la meta de crecimiento. Sin embargo, la persistencia de apagones, la escasez de productos básicos y la elevada inflación limitan la capacidad de recuperación. El déficit fiscal estimado para 2026 asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalente a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, una cifra similar a la del año anterior.
Inflación y desafíos estructurales
En el ámbito de los precios, el Ejecutivo prevé un aumento del 10% en el mercado formal durante 2026, lo que supondría una reducción de cinco puntos porcentuales respecto a la inflación interanual del 14,07% registrada al cierre de 2025. Esta meta depende de la contención de la demanda de divisas y de la capacidad para estabilizar el suministro de bienes importados. La dolarización creciente observada en los últimos años añade presión adicional sobre el peso cubano y dificulta el control de los precios internos.
Las autoridades reconocen que la inflación es, en gran medida, consecuencia de la falta de disponibilidad de divisas. Esta limitación afecta tanto a las importaciones de insumos productivos como a la capacidad de respuesta ante shocks externos, como las fluctuaciones en los precios de los combustibles o las tensiones geopolíticas que impactan las cadenas de suministro globales.
Evolución histórica del peso cubano
El peso cubano, dividido en 100 centavos, ha experimentado múltiples ajustes desde la unificación monetaria de 2021. Antes de esa fecha coexistían el peso cubano y el peso convertible, este último con mayor aceptación en transacciones formales. La tasa de cambio oficial pasó de 21 pesos cubanos por peso convertible en 2002 a 25 pesos en 2005, y posteriormente se estableció la paridad 1:1 con el dólar más un impuesto del 10%. Tras el “Día Cero” de 2021, la demanda de divisas se trasladó en gran parte al mercado negro, donde un dólar llegó a cotizarse por encima de los 100 pesos cubanos en periodos de mayor tensión.
Actualmente circulan monedas de 1, 2, 5 y 20 centavos y de 1, 3 y 5 pesos, además de billetes de hasta 1.000 pesos. Esta estructura monetaria refleja los intentos sucesivos de adaptar el sistema a una realidad económica marcada por la escasez crónica y la necesidad de captar divisas para financiar importaciones esenciales.
Perspectivas para la atracción de capital
El Gobierno ha reiterado la necesidad de atraer inversión extranjera y ha prometido un entorno más dinámico y transparente para los inversores. Sin embargo, las dificultades financieras actuales y la complejidad del contexto internacional e interno limitan el margen de maniobra. La experiencia de los últimos años muestra que los compromisos de inversión se han visto obstaculizados por la falta de garantías efectivas y por la percepción de riesgo asociada a la inestabilidad macroeconómica.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ya advertía a finales de 2022 sobre el agotamiento del efecto rebote en la recuperación postpandemia. Esta advertencia sigue vigente: sin reformas estructurales que aborden la escasez de divisas, la dolarización y la baja productividad, las proyecciones de crecimiento moderado para 2026 corren el riesgo de repetirse como metas incumplidas.
