Preocupaciones por el T-MEC y la inversión italiana

El embajador de Italia en México, Alessandro Modiano, ha expresado públicamente la inquietud que genera entre empresarios de su país la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, programada para el 1 de julio de 2026. Sus declaraciones no solo reflejan la postura de un diplomático, sino que condensan una preocupación estructural: la continuidad del T-MEC sigue siendo el principal factor que atrae capital extranjero a México, especialmente cuando ese capital busca acceder al mercado estadounidense.

Italia ocupa ya un lugar relevante entre los veinte países que más invierten en México. En 2025 canalizó 204 millones de dólares en inversión extranjera directa. Sin embargo, los datos de la Secretaría de Economía muestran desinversiones en 2023 y 2024, lo que indica que el flujo no es unidireccional y que cualquier señal de inestabilidad puede revertirlo rápidamente.

Antecedentes del marco comercial

El T-MEC sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 2020 y estableció reglas más estrictas en materia de contenido regional, especialmente en el sector automotriz. La revisión de 2026 representa el primer examen formal del acuerdo bajo la administración actual de Estados Unidos. Para las empresas italianas que operan en México, el tratado funciona como una plataforma de exportación hacia el norte: Pirelli, por ejemplo, envía el 90 % de su producción mexicana directamente al mercado estadounidense. Esta dependencia explica por qué cualquier incertidumbre sobre la vigencia del T-MEC genera reacciones inmediatas en Milán y Turín.

El Acuerdo Global Modernizado entre la Unión Europea y México, firmado en mayo de 2025, amplía las preferencias arancelarias y facilita el comercio de servicios. Sin embargo, este instrumento complementario no reemplaza al T-MEC; lo que realmente determina la rentabilidad de muchas inversiones europeas sigue siendo el acceso preferencial al mercado norteamericano.

Factores internos que influyen en la decisión

Además del tratado, Modiano mencionó dos obstáculos operativos recurrentes: los procedimientos del Servicio de Administración Tributaria y la necesidad de un marco jurídico predecible. Ambos elementos afectan directamente los costos de transacción y el horizonte de planificación de las empresas. Cuando los trámites fiscales se perciben como complejos o sujetos a interpretaciones variables, las compañías tienden a posponer proyectos de expansión o a diversificar sus ubicaciones hacia otros países de América Latina que ofrecen mayor certidumbre administrativa.

El embajador también señaló que las empresas europeas enfrentan problemas de suministro energético en varias entidades del norte del país. La industrialización impulsada por el nearshoring requiere infraestructura eléctrica confiable; sin ella, las plantas que operan en turnos continuos ven reducida su capacidad real de producción. Este cuello de botella no es exclusivo de México, pero sí adquiere mayor relevancia cuando las empresas comparan ubicaciones dentro de la misma cadena de suministro norteamericana.

Impactos en la cadena automotriz y energética

El sector automotriz italiano en México representa un caso concreto. Empresas de componentes y neumáticos han invertido en plantas que dependen tanto del T-MEC como de la disponibilidad de energía competitiva. Si la revisión del tratado introdujera requisitos más estrictos de contenido regional o si los problemas de suministro eléctrico persistieran, estas compañías podrían evaluar la reubicación parcial de líneas de producción hacia estados estadounidenses o canadienses. El efecto no sería inmediato, pero sí acumularía presión sobre el empleo calificado y la transferencia tecnológica en regiones como Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí.

En el mediano plazo, la combinación de incertidumbre comercial y limitaciones energéticas podría frenar el ritmo de nuevas inversiones europeas. Italia no es el único país afectado: otros miembros de la Unión Europea observan el mismo escenario. La mesa de cooperación entre la UE y la Secretaría de Economía, mencionada por el embajador, busca precisamente atenuar estos fricciones administrativas, pero su efectividad dependerá de resultados tangibles antes de la revisión del T-MEC.

Consecuencias para la estrategia de nearshoring

México ha promovido activamente el nearshoring como estrategia de desarrollo. La presencia italiana demuestra que el país sigue siendo atractivo por su mercado interno y su proximidad geográfica a Estados Unidos. No obstante, el embajador subrayó que los inversionistas valoran más la estabilidad jurídica que la seguridad física. Esta distinción tiene implicaciones importantes: reformas que alteren la percepción de independencia judicial o que generen retroactividad en contratos pueden pesar más en las decisiones de inversión que episodios aislados de violencia en determinadas regiones.

Si el T-MEC se mantiene sin cambios sustanciales y se resuelven los cuellos de botella en energía y trámites fiscales, México podría consolidar su posición como plataforma de exportación para Europa hacia Norteamérica. En caso contrario, las desinversiones observadas en 2023 y 2024 podrían intensificarse, reduciendo el flujo de capital productivo y limitando la creación de empleos formales en sectores de alta tecnología.

El Acuerdo Global Modernizado con la Unión Europea ofrece una vía complementaria, pero su impacto real dependerá de cómo se articule con el T-MEC. Las empresas italianas ya evalúan escenarios donde ambos instrumentos operen de manera simultánea. La capacidad de México para ofrecer reglas claras y predecibles en los próximos meses determinará si el país mantiene su atractivo o cede terreno frente a competidores regionales que ofrecen marcos regulatorios más estables.

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