Producción de café en El Salvador: oportunidades y riesgos

El incremento del 12,9 % en la cosecha de café salvadoreño durante el ciclo 2025/26 abre un escenario de mayor generación de divisas y consolidación de mercados externos. Los datos del Instituto Salvadoreño del Café muestran que la producción alcanzó 952 237 quintales y las exportaciones generaron 141,3 millones de dólares hasta mayo de 2026. Este resultado refleja tanto la recuperación de volúmenes como el aprovechamiento de precios internacionales más elevados, lo que podría traducirse en un mayor margen de maniobra fiscal para el país si se mantiene la tendencia.

Los principales compradores, concentrados en Norteamérica y Europa, pagan precios promedio superiores a los 300 dólares por quintal. Esta dinámica favorece la entrada de recursos frescos al sistema financiero local y podría estimular inversiones en infraestructura de beneficio y logística. Sin embargo, la distribución geográfica de esos flujos sigue dependiendo de un número reducido de exportadores habilitados, lo que concentra el poder de negociación en pocos actores.

Producción de café en El Salvador: oportunidades y riesgos

Concentración productiva y desigualdad territorial

La estructura del sector revela una marcada asimetría: el 2 % de los productores controla el 38 % de la superficie cultivada, mientras que el 80 % de los finqueros trabaja parcelas de entre 0,1 y 5 manzanas que apenas representan el 15 % del área total. Este patrón, lejos de ser nuevo, se refuerza con el aumento de la producción, ya que los grandes predios suelen contar con mejor acceso a crédito, tecnología y canales de comercialización directa.

Para los pequeños productores, el repunte de la cosecha puede significar un alivio temporal en sus ingresos, pero también incrementa su dependencia de los precios que fijan los exportadores. Si los mercados internacionales experimentan una corrección, el margen de maniobra de estos actores se reduce drásticamente, elevando el riesgo de abandono de fincas o reconversión hacia cultivos de menor exigencia.

Depuración de registros y calidad de la información

La reducción del número de productores y hectáreas reportadas obedece a una limpieza de la base de datos oficial. Aunque el ISC aclara que no se trata de un abandono masivo de fincas, esta depuración introduce incertidumbre sobre la magnitud real del sector. Datos más precisos facilitan la planificación de políticas públicas, pero también pueden alterar la percepción de riesgo crediticio que tienen las instituciones financieras hacia los caficultores.

En el corto plazo, los productores que logren reactivar sus acreditaciones con la documentación requerida recuperarán acceso a programas de apoyo. Aquellos que no completen el proceso podrían quedar fuera de líneas de financiamiento o asistencia técnica, ampliando la brecha entre quienes cumplen requisitos formales y quienes operan de manera informal.

Volatilidad de precios y dependencia externa

El valor de las exportaciones creció un 27,9 % respecto al ciclo anterior, impulsado por mejores cotizaciones internacionales. Esta bonanza, sin embargo, expone al país a fluctuaciones derivadas de factores ajenos al control local, como decisiones de grandes productores mundiales, cambios en políticas comerciales de Estados Unidos o alteraciones climáticas en otras regiones cafeteras.

Una caída sostenida de los precios podría erosionar los ingresos en dólares observados este año y presionar las cuentas externas. Además, la alta proporción de café oro exportado (95,2 % del volumen) limita la captura de valor agregado dentro del país, ya que el tostado y el soluble representan porcentajes marginales tanto en volumen como en divisas.

Perspectivas de mediano plazo y factores de incertidumbre

El mantenimiento de la tendencia alcista dependerá de la capacidad del sector para renovar plantaciones, adoptar variedades resistentes a plagas y mejorar prácticas de poscosecha. Las mejoras en los precios promedio pagados por Europa y otros mercados ofrecen un incentivo para invertir en calidad, pero requieren capital que no todos los productores poseen en igualdad de condiciones.

Al mismo tiempo, la evolución del número de beneficiadores, pergamineros y exportadores habilitados tras la depuración de registros influirá en la competencia interna. Una mayor concentración de estos actores podría reducir los márgenes de los productores primarios o, por el contrario, generar economías de escala que abaraten costos si se establecen mecanismos de transparencia.

El escenario más favorable combina el aprovechamiento de los precios actuales con políticas que atenúen la concentración de tierras y fortalezcan la información estadística. Sin embargo, la persistencia de altos niveles de desigualdad productiva y la exposición a choques externos mantienen abierto un margen de riesgo que las autoridades y los actores privados deberán gestionar con datos actualizados y estrategias diferenciadas según el tamaño de las fincas.

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