Productos chinos presionan comercio salvadoreño

La expansión de productos importados desde China, vendidos a precios bajos a través de plataformas de comercio electrónico, está modificando el comportamiento de compra en El Salvador y golpeando con fuerza a pequeños negocios y sectores industriales. El caso de María, una docente jubilada que invirtió sus ahorros en un negocio de joyería y terminó abandonándolo tras acumular inventario sin vender, ilustra la magnitud de un fenómeno que combina contrabando, falsificación, brechas laborales y problemas de calidad en el mercado local.

En enero de este año, María adquirió mercadería confiando en que su clientela habitual seguiría comprando. Durante los meses siguientes, sin embargo, sus ventas cayeron de forma pronunciada. Aun después de ofrecer rebajas, más de la mitad de su inventario permaneció intacto. Su experiencia no es aislada: comerciantes consultados por el sector industrial describen una presión creciente sobre las ventas de productos locales frente a mercancía asiática que ingresa con costos mucho más bajos y con una distribución cada vez más rápida mediante aplicaciones digitales.

Jorge Arriaza, coordinador del Consejo Industrial y presidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), sostiene que la competencia desleal se ha intensificado en los últimos meses. A su juicio, el problema responde a cuatro factores principales. El primero es el contrabando, que facilita el ingreso de grandes volúmenes de mercancía asiática sin cumplir requisitos legales ni fiscales. La reciente desarticulación de una red dedicada al contrabando por varios millones de dólares, anunciada por la Fiscalía General de la República, refuerza la dimensión del desafío, aunque Arriaza admite que la respuesta institucional apenas comienza a contenerlo.

El segundo elemento es la falsificación de marcas, un mercado que se expande en Centroamérica y afecta de manera directa a ramas como confección y accesorios. En la práctica, fabricantes y comerciantes compiten contra productos que imitan diseños o etiquetas reconocidas, pero se ofrecen a valores muy inferiores. Para los negocios formales, la presión no se limita a perder ventas: también enfrentan un deterioro en la percepción de valor del producto local, lo que complica sostener márgenes en un contexto de demanda más sensible al precio.

Arriaza añade un tercer punto: las condiciones laborales detrás de parte de esa producción. Señala que en varios países asiáticos no se respetan estándares de la Organización Internacional del Trabajo y que existe el riesgo de que algunos bienes lleguen al mercado salvadoreño elaborados bajo trabajo infantil o forzado. Esa advertencia conecta el debate comercial con compromisos internacionales asumidos por El Salvador, incluido el acuerdo con Estados Unidos, donde el cumplimiento laboral es un componente relevante de la política comercial.

La cuarta preocupación está relacionada con la calidad y el control sanitario. En sectores como el farmacéutico, Arriaza afirma que se han detectado mercancías que no cumplen la normativa nacional. La Superintendencia Sanitaria realiza verificaciones, pero el propio dirigente industrial considera que los mecanismos de inspección todavía pueden fortalecerse para reducir el margen de ingreso de productos no conformes y proteger con mayor eficacia al consumidor. El punto es sensible porque el bajo precio, cuando no está acompañado de trazabilidad suficiente, puede desplazar la decisión de compra antes de que el mercado evalúe otros factores como seguridad, durabilidad o garantía.

La situación tiene efectos que van más allá de un grupo de comerciantes. Para muchos pequeños empresarios, competir contra bienes de bajo costo y origen incierto se ha vuelto cada vez más difícil, con impacto sobre ingresos, empleo y capacidad de reinversión. En ese contexto, el avance del intercambio digital con China no solo amplía la oferta para los consumidores, sino que también profundiza una tensión estructural entre apertura comercial y protección de la producción formal local, especialmente cuando la fiscalización no logra seguir el ritmo de la circulación de mercancías.

TLC con China sigue sin definirse

En paralelo a esta presión sobre el comercio interno, el Tratado de Libre Comercio entre China y El Salvador permanece en pausa, según informó Arriaza desde la ASI. Las negociaciones no han mostrado avances significativos en los últimos meses. Para el sector industrial, cualquier eventual acuerdo debería incorporar condiciones muy precisas y controles claros sobre calidad, fiscalización y cumplimiento laboral, precisamente para evitar que se amplifiquen las distorsiones que ya enfrentan los productores y comerciantes salvadoreños.

La coyuntura internacional, marcada por tensiones comerciales y mayor escrutinio sobre las cadenas de suministro, vuelve más exigente la definición de un pacto de esta naturaleza. Mientras no exista un marco formal, el intercambio entre ambos países seguirá desarrollándose, pero bajo reglas menos estrictas y con mayores zonas grises para la supervisión. El desenlace de esa discusión será clave para medir si la relación bilateral se orienta hacia una apertura más ordenada o hacia una mayor presión sobre los sectores que hoy compiten en desventaja.

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