Red hidráulica de Ensenada colapsa

Infraestructura con décadas de rezago

Ensenada, B.C.- La mayor parte de la infraestructura hidráulica instalada en las calles de Ensenada ya rebasó su vida útil y, en algunos tramos, la tubería incluso ha desaparecido, lo que deriva en aperturas constantes de zanjas y en la formación recurrente de baches. Así lo advirtió Ricardo Alberto Herrera Magdaleno, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Ensenada (CICE), al describir un deterioro que, dijo, es visible tanto en la red de agua potable como en el drenaje y las vialidades primarias.

Herrera Magdaleno explicó que parte de esa infraestructura data de hace más de 50 años, sobre todo en el primer cuadro de la ciudad. Aunque reconoció que en ciertas calles ya comenzaron trabajos de reposición, sostuvo que el problema es más amplio y que requeriría una intervención integral en la red subterránea para evitar que las fallas sigan trasladándose a la superficie urbana.

Pavimentar sin cambiar tuberías

El dirigente empresarial consideró que pavimentar sin renovar antes la infraestructura hidráulica equivale a repetir una obra destinada a deteriorarse rápido. En su diagnóstico, el problema se concentra en la zona plana y en el desarrollo urbano del primer cuadro, donde calculó que hay un rango de entre 40 y 60 años de antigüedad en varias redes, lo que vuelve insuficiente cualquier solución que se limite al recubrimiento de calles.

“Caemos en los baches todos los días, pero si le invertimos en la pavimentación y nuestras tuberías están dañadas sería dinero tirado a la basura”, señaló. Su planteamiento parte de una lógica técnica sencilla: si la red bajo tierra sigue perdiendo agua, colapsando o obligando a abrir la calle para reparaciones, la superficie pavimentada termina siendo un gasto temporal y no una inversión durable.

El costo de postergar la modernización

El presidente de Comice no ofreció una estimación exacta del recurso necesario para sustituir tuberías, pero aseguró que se trata de una cantidad “bastante alta”. En su cálculo preliminar, la modernización integral podría ubicarse entre 12 mil y 18 mil millones de pesos, una cifra que refleja la magnitud del rezago acumulado en agua potable, drenaje, almacenamiento y vialidades principales.

La referencia económica no sólo dimensiona el tamaño del problema; también anticipa la dificultad de resolverlo con inversiones aisladas o por etapas demasiado lentas. En una ciudad donde las intervenciones suelen ser fragmentarias, la presión sobre la red se vuelve más visible en avenidas de alto flujo como Reforma, que, de acuerdo con Herrera Magdaleno, ya presenta colapsos en horarios pico. Esa saturación confirma que el deterioro de la infraestructura no es una hipótesis técnica, sino una experiencia cotidiana para automovilistas, comercios y vecinos.

El diagnóstico del CICE coloca a Ensenada frente a una decisión de planeación urbana: seguir atendiendo fallas emergentes con obras parciales o diseñar una renovación de fondo que coordine pavimentación, tuberías y capacidad de conducción. Mientras no ocurra esa sincronía, las reparaciones seguirán resolviendo síntomas inmediatos, pero no la causa estructural que mantiene a la ciudad en un ciclo de baches, aperturas y reconstrucciones repetidas.

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