Reevaluando métricas de desarrollo en México

El economista Luis de la Calle recordó recientemente que hace tres décadas funcionarios chinos estudiaron el modelo maquilador mexicano para diseñar el desarrollo de Shanghái. Esta anécdota, compartida por la periodista Rosa María León, contrasta con la postura del expresidente López Obrador, quien en mayo de 2020 propuso sustituir el PIB por mediciones de “felicidad del pueblo”. La presidenta Sheinbaum ha adoptado una postura intermedia: reconoce que el PIB no basta, pero mantiene su relevancia como indicador central.

El debate cobra especial relevancia en un momento en que México atrae inversión por nearshoring. Las cadenas de suministro globales dependen de flujos de bienes intermedios que el PIB tradicional no captura completamente en las regiones productoras.

Orígenes del modelo y su exportación conceptual

El modelo maquilador mexicano, desarrollado desde los años sesenta, permitió a empresas extranjeras ensamblar productos con insumos importados y exportarlos con aranceles reducidos. China adaptó este esquema a escala masiva en zonas económicas especiales, incorporando mejoras en logística, capacitación y encadenamientos locales. De la Calle subraya que Shanghái estudió explícitamente la experiencia mexicana antes de superarla. Esta transferencia de conocimiento muestra cómo las políticas industriales pueden replicarse y perfeccionarse entre economías emergentes, aunque los resultados dependan de la capacidad institucional para escalarlas.

En México, el modelo generó empleo en estados fronterizos, pero también concentró actividad en enclaves sin generar suficientes encadenamientos productivos internos. Los datos del INEGI muestran que gran parte del valor agregado de las exportaciones maquiladoras regresa a las matrices extranjeras, limitando el impacto multiplicador en el territorio nacional.

Felicidad como meta: límites de la comparación interpersonal

Bután elevó la Felicidad Interna Bruta a rango constitucional en 2008, convirtiéndola en guía de política pública. Sin embargo, el país posee menos de una centésima parte de la población mexicana y enfrenta restricciones geográficas únicas. La teoría marginalista de Jevons, Menger y Walras ya advertía que la utilidad de los bienes disminuye con el consumo adicional; el primer chocolate genera más placer que el sexto. Aplicar esta lógica a escala social resulta problemático porque la felicidad no se agrega fácilmente entre individuos con preferencias distintas.

Proponer invertir en entrenadores de fútbol o sobornar a la FIFA para maximizar la euforia colectiva durante un Mundial ilustra el riesgo de políticas basadas exclusivamente en indicadores subjetivos. El costo de oportunidad de destinar recursos a tales fines sería elevado frente a necesidades estructurales como infraestructura hospitalaria o seguridad pública.

El Producto Bruto Total como complemento necesario

Los censos económicos del INEGI miden el Producto Bruto Total (PBT), que incluye insumos intermedios además de bienes finales. Esta métrica revela mejor la actividad real en estados como Baja California o Puebla, cuyas manufacturas se incorporan al PIB de otras entidades o países. El PIB subestima el aporte regional porque solo registra el valor final. Incorporar el PBT permitiría diseñar políticas que fortalezcan cadenas de suministro locales en lugar de depender únicamente de mediciones agregadas nacionales.

Esta distinción tiene implicaciones directas para el nearshoring. Empresas que se instalan en México generan producción intermedia que alimenta ensamblajes finales en otros lugares. Sin indicadores que capturen estos flujos, los gobiernos estatales pueden subestimar el verdadero peso económico de sus industrias.

Perspectivas de actores involucrados

El gobierno federal, representado por la presidenta Sheinbaum, defiende un enfoque multidimensional que incluya distribución de riqueza y reducción de desigualdad. Economistas como de la Calle y académicos de la UDLAP priorizan el crecimiento sostenido del producto y la seguridad jurídica. Empresarios de la frontera destacan la necesidad de infraestructura logística, mientras que organizaciones civiles enfatizan la medición de pobreza multidimensional. Los ciudadanos perciben directamente los efectos de la inseguridad y el acceso a servicios, pero rara vez participan en la discusión técnica sobre agregados macroeconómicos.

La desigualdad, lejos de ser solo un problema, permite intercambios voluntarios cuando una parte posee capital y otra ofrece trabajo. Sin embargo, cuando coexiste con pobreza extrema y debilidad institucional, genera inestabilidad que erosiona la confianza necesaria para la inversión de largo plazo.

Tendencias futuras y riesgos de medición inadecuada

El avance del nearshoring podría elevar la participación de México en cadenas globales de valor durante la próxima década. Si las autoridades adoptan métricas híbridas que combinen PIB, PBT y variables de bienestar material, las políticas podrían orientarse hacia mayor integración local de proveedores. En cambio, un énfasis excesivo en indicadores subjetivos de felicidad podría desviar recursos hacia programas de impacto inmediato pero bajo rendimiento estructural.

Un riesgo concreto es la asignación ineficiente de presupuesto público. Invertir en eventos deportivos de alto perfil sin resolver cuellos de botella en logística o seguridad podría limitar el aprovechamiento del nearshoring. Otro riesgo es la pérdida de credibilidad internacional si México abandona indicadores comparables globalmente como el PIB, dificultando el acceso a financiamiento y tratados comerciales que exigen transparencia en datos económicos.

La experiencia de Bután demuestra que las métricas alternativas funcionan mejor en sociedades pequeñas y culturalmente homogéneas. México, con su diversidad regional y tamaño demográfico, requiere un sistema de indicadores más robusto que combine rigor contable con atención a resultados sociales concretos. La precisión en la medición determinará si las oportunidades actuales se traducen en desarrollo sostenido o se diluyen en percepciones subjetivas sin base material.

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