La rehabilitación del primer módulo de agua purificada en la zona de Los Kilómetros, en Ciudad Juárez, forma parte de un esfuerzo municipal por atender una demanda acumulada durante décadas en un corredor periférico que concentra unas seis mil familias. El proyecto, valorado en más de cien millones de pesos, no surge de manera aislada, sino que responde a patrones de crecimiento urbano desordenado que han caracterizado al surponiente de la ciudad desde finales del siglo pasado.
Durante los años noventa y dos mil, la expansión de asentamientos irregulares a lo largo de la carretera que conecta con el kilómetro 20 y siguientes ocurrió sin una planificación integral de servicios básicos. La Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) enfrentó entonces la tarea de extender redes en terrenos que carecían de catastro actualizado y donde el acceso vehicular era limitado. Como resultado, muchas familias dependieron durante años de pipas que recorrían rutas extensas y de módulos de distribución que operaban con equipos obsoletos y cisternas de capacidad reducida.
Orígenes de la infraestructura actual
Los seis módulos originales entre los kilómetros 20 y 29 fueron instalados hace más de quince años como respuesta de emergencia ante la falta de red domiciliaria. En aquel momento, la JMAS optó por puntos de acopio centralizados que permitieran distribuir agua purificada de forma gratuita, una medida que alivió la presión sobre pozos cercanos pero que nunca alcanzó la escala necesaria para cubrir el crecimiento poblacional posterior. El módulo rehabilitado ahora incorpora una cisterna de diez mil litros, bombas renovadas y equipos de purificación de mayor eficiencia, elementos que corrigen deficiencias identificadas en auditorías internas realizadas entre 2022 y 2024.
El pozo Las Maracas, mencionado dentro del paquete de obras, ha sido históricamente uno de los principales suministradores de la zona. Sin embargo, su rendimiento decayó progresivamente por la sobreexplotación del acuífero del Valle de Juárez y por la falta de mantenimiento preventivo. La actual intervención contempla tanto la mejora del pozo como la ampliación de las “garzas” que alimentan las rutas de pipas, lo que indica un enfoque integral que combina rehabilitación de infraestructura existente con aumento de capacidad de distribución.

Efectos esperados en la salud pública
El acceso a agua purificada de calidad reduce significativamente la incidencia de enfermedades gastrointestinales, especialmente en menores de cinco años. Estudios realizados por la Secretaría de Salud en colonias periféricas de Ciudad Juárez han mostrado que las familias que dependen de pipas sin control estricto de calidad presentan tasas hasta 2.3 veces superiores de diarrea aguda comparadas con aquellas que utilizan módulos certificados. La modernización de los seis centros proyectada permitirá elevar la distribución diaria de 150-250 garrafones por módulo, lo que, extrapolado a la población atendida, podría traducirse en una disminución medible de consultas médicas por problemas hídricos en un horizonte de tres a cinco años.
Además, la estandarización de horarios de atención —de 7:00 a 11:00 y de 15:00 a 19:00— facilita la planificación familiar y reduce el tiempo que las personas, mayoritariamente mujeres, destinan a hacer fila. Este ahorro de tiempo puede destinarse a actividades productivas o al cuidado de dependientes, generando un efecto multiplicador en la economía doméstica que rara vez se cuantifica en los reportes oficiales.
Repercusiones económicas y territoriales
La mejora del abasto gratuito incide directamente en el presupuesto de hogares que destinan entre el 8 y el 12 por ciento de sus ingresos a la compra de agua embotellada o a pagos informales por servicio de pipas. Al incrementar la capacidad de los módulos y añadir dispensadores, el proyecto libera recursos que pueden destinarse a alimentación, educación o vivienda. En colonias similares de la ciudad donde se han realizado intervenciones análogas, se ha registrado un incremento promedio del 6 por ciento en el valor catastral de las viviendas cercanas a los puntos de distribución mejorados, debido a la percepción de mayor estabilidad en el servicio.
A nivel urbano, la rehabilitación refuerza la estrategia de la JMAS de pasar de seis a diez centros de agua potable. Esta ampliación responde al Plan de Desarrollo Municipal que busca reducir la dependencia de fuentes lejanas y disminuir las emisiones asociadas al transporte de agua por pipas. Si el modelo se replica en otras zonas con déficit similar, la ciudad podría avanzar hacia un sistema más descentralizado y resiliente frente a sequías recurrentes.
Desafíos de sostenibilidad a mediano plazo
Aunque la tecnología de purificación actual es superior, la viabilidad del programa depende del mantenimiento continuo y de la capacidad de la JMAS para renovar equipos cada siete u ocho años. Experiencias en otras ciudades fronterizas mexicanas muestran que los módulos rehabilitados pierden eficiencia cuando no se asignan recursos específicos para operación y capacitación del personal. El aumento proyectado de rutas de distribución y la incorporación de diez centros en total requerirán también un monitoreo riguroso de la calidad del agua en origen, especialmente ante variaciones en los niveles de arsénico y fluoruros presentes en el acuífero regional.
Por último, el éxito de la intervención dependerá de la coordinación entre la JMAS, el municipio y las organizaciones vecinales para evitar que los nuevos equipos sean objeto de vandalismo o uso indebido. La participación comunitaria en la vigilancia de horarios y en la difusión de información sobre el servicio puede convertirse en un factor determinante para que los beneficios se mantengan más allá del ciclo administrativo actual.
